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¡Gracias a Magdalena, life coach en la Bay Area, por este artículo tan útil! 

 

La angustia al inicio de la escuela en un nuevo país

El inicio de la escuela siempre ha sido un momento cargado de stress para los niños. Comienzan un nuevo año, en una nueva clase, con amigos nuevos, profesores nuevos y nuevos desafíos. También los padres viven con una cierta aprensión esta inmersión que va a llenar los días y el espíritu de sus hijos, y que va a influenciar su comportamiento en general. El profesor se convierte en un sustituto de los padres, que comparte su saber e influencia las reflexiones de los hijos. A nivel social la escuela compromete a los niños en varios tipos de interacción, a veces incluso, poniéndolos en condición de testear sus propios comportamientos. El patio durante el recreo es también para muchos estudiantes un laboratorio experimental de relaciones.

En consecuencia la escuela exige a los padres una actitud de confianza. Se establece un pacto entre la escuela y los padres para que el niño se desarrolle a través de la relación con los otros (los compañeros), la relación con la autoridad (los profesores), y la relación con si mismo (juicios y notas).

Cuando el volver a la escuela ocurre en un nuevo país, una multitud de ulteriores cambios acentúan esta idea de reiniciar. También será necesario manejar el impacto cultural, la apropiación de una nueva lengua, un ambiente social desconocido, o una pedagogía especifica. En un nuevo país es necesario entender el sistema educativo local, en términos de metodología, notas, expectativas académicas, de disciplina, etc. Por ejemplo, en las escuelas de algunos países las notas serán asignadas con criterios más severos que en otras, cosa que puede sorprender, desilusionar y dar lugar a interpretaciones erradas de los resultados escolásticos. También las diferencias culturales influenciarán las relaciones con los niños. Algunos padres franceses se sorprenden del positivismo exacerbado de los maestros americanos que felicitan cada esfuerzo individual con “great job” o “awesome”, mientras ellos mismos tienden en cambio a un cierto control, y son muchas veces púdicos frente a los halagos.

Algunos padres están también preocupados por la calidad pedagógica que existe en el nuevo país donde viven. La comparan con el único sistema que conocen de verdad, o sea el del país del cual son originarios. Sin embargo entran en juego otros tipos de aprendizajes que hacen difícil la comparación; por ejemplo el descubrimiento de una nueva lengua, la adaptación a una nueva cultura, o la apertura de espíritu frente a las diferencias.

El inicio de la escuela en el país nuevo está envuelto en un halo de niebla, cargado de cosas desconocidas, tanto para los hijos como para los padres. Y cada novedad puede convertirse en un motivo de inseguridad, desconfianza y ansia. Una transferencia de stress por parte de los adultos sobre los hijos puede acentuar la angustia general, mientras el niño lo único que pide es ser reasegurado. Además, según las propias experiencias escolásticas, los padres proyectan sus propios recuerdos de infancia en el inicio de la escuela, y esto puede teñir ulteriormente el retorno del niño a la escuela de tintas positivas, o, al contrario, angustiantes.

Las señales enviadas por el niño que denotan una gran ansia y a las cuales es necesario prestar mucha atención pueden ser tanto comportamentales (irritabilidad, agresividad, regresión) como somáticas (dolor de cabeza, dolor de panza, pesadillas). Si le ofrecemos al niño una escucha atenta y respetuosa, se le dará la posibilidad de confiar sus temores, descargándolos. Los padres que perciban los aspectos positivos de la nueva escuela podrán modificar la percepción que tenga el niño de ella. Si después de algún mes los síntomas persisten, es preferible recurrir a un profesional, o también considerar un cambio hacia otra escuela más apta. Para algunos niños el shock cultural en una escuela local puede ser demasiado fuerte, sintiéndose en cambio más seguros en un ámbito privado, por ejemplo en una escuela del país del cual son originarios. Los mismos padres podrían sentirse más cómodos en este tipo de escuela, y esto les permitiría también mantener un vínculo cultural confortable.

En un ambiente nuevo el progenitor podría cuestionarse cual es el rol que debe desempeñar. Puede informarse sobre el comportamiento y el nivel de adquisición de las nociones por parte de su hijo a través de los boletines o tal vez de un cuaderno de comunicaciones con la escuela, puede también participar más activamente en la vida escolástica. Un lugar en el seno de la asociación de padres de la escuela puede darle la posibilidad de obtener un rol y una función específicos. Para aquellos padres que no conocen las formas locales de proceder, puede ser un modo ulterior de comprender como funciona la organización. Atención de todas formas a no tomar una actitud muy intervencionista que ponga en discusión la confianza otorgada al polo educativo. Padres demasiado presentes podrían significar un control excesivo en la vida de sus hijos. Una protección exagerada podría ser el reflejo de una relación de fusión con el hijo. Expresa también una falta de confianza en los recursos del niño, que vendría a ser considerado frágil e incapaz de ser más independiente. En cambio es necesario que los niños exploren otros ambientes más allá de la red familiar con el objetivo de construir una identidad sólida. En el contexto de la instalación en un nuevo país la escuela puede volverse un espacio familiar propio del niño, del cual él se ira apropiando durante toda su estadía. Padres presentes en el ámbito de la escuela reaseguran al niño, padres demasiado presentes frustran su deseo de autonomía.

Para ayudar al niño a integrarse bien en su nueva escuela, en un nuevo país, el progenitor debe confortarlo y comprender sus temores muchas veces legítimos. La adaptación puede tomarle algún tiempo, pero poco a poco el niño integrará las particularidades de este nuevo ambiente. Para atenuar las tensiones es bueno ofrecerle momentos de distensión con una actividad extra escolástica, y con períodos de reposo en su nueva casa.

A los padres que sienten una fuerte inquietud, es aconsejable que entren en contacto con otros padres y con los profesores, para limitar las incomprensiones de las cuales nacen las dudas. Además la vuelta de los hijos a la escuela puede corresponder para el adulto con la posibilidad de ocupar otro espacio, escogido, privilegiado, no parental, a través de una ocupación personal o profesional. Durante la jornada cada uno vivirá experiencias que podrán así ser compartidas en el momento en que la familia se reúne.

La vuelta a clase de un niño recientemente llegado de un país extranjero es otro desafío de la movilidad internacional, que puede sin embargo ser afrontado fácilmente explorando las diferencias culturales y lingüísticas, y también confiando en las capacidades pedagógicas de la estructura escolástica, en los recursos de los niños, y en el acompañamiento no invasivo de los padres.

 

Magdalena
Bay Area, California
Septiembre 2012
http://www.open-the-box.com

Traducido por Rupexpat