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Nido vuoto

Hemos pedido a Lisa, quien durante un tiempo colaboró como psicóloga con Expatclic, de escribirnos un articulo sobre el tema. Eso es lo que nos propone. Mil gracias Lisa! 

Traducido por Mociexpat

Your children are not your children.
They are the sons and daughters of Life’s longing for itself.

They come through you but not from you,
And though they are with you yet they belong not to you.

On Children,
 Kahlil Gibran

 

La vida de cada uno de nosotros se caracteriza por la secuencia de diversas fases de desarrollo que, mientras recorremos nuestro camino, nos permiten crecer y, la mayor parte de las veces, mejorar. Algunas de estas fases son cruciales como el comenzar a hablar o caminar cuando somos niños. Cada fase implica un cambio, una transformación. Transformarse significa abandonar aquello que éramos para convertirnos en otra cosa, significa decir adiós al pasado y prepararse para el futuro.

Los seres humanos están programados para el cambio pero la transformación no siempre ocurre de manera natural e indolora. Pensemos en la adolescencia, momento de transformaciones importantes que pueden darse de manera bastante traumática y muchas veces acompañadas de sentimientos de depresión e inseguridad.

Otra importante característica de los seres humanos es la socialización: cada uno de nosotros, de hecho, forma parte de diversos grupos o sistemas, como la familia y los amigos, de donde viene nuestro sentido de pertenencia e identidad, factores muy importantes para tener una existencia sana y gratificante.

A cada cambio personal, a cada etapa de desarrollo individual corresponde una transformación de los sistemas a los cuales pertenecemos; como nos enseña la cibernética, a cada cambio de una de las partes de un sistema corresponde, siempre, un cambio, una readaptación del sistema mismo.

La familia como contenedor de gran parte de estas transformaciones es uno de los sistemas que está sujeto a mayores mutaciones. La familia, por lo tanto, atraviesa también por fases de desarrollo como, por ejemplo el nacimiento del primer hijo, que implica cambios bastante estresantes. La capacidad de los miembros individuales de un sistema, en este caso de los esposos, a adaptarse el cambio de manera positiva garantiza el paso sereno a una nueva etapa de evolución individual y familiar.

¿Qué cosa significa para el individuo adaptarse al cambio? Significa modificar el propio estado, la propia identidad. Significa aceptar las transformaciones que el sistema requiere para funcionar nuevamente, dejar una parte de sí mismo para experimentar nuevos roles, aceptar lo desconocido sin miedo a perderse. Es una tarea verdaderamente difícil y emocionalmente onerosa.

Una importante etapa que cada familia con hijos debe afrontar es el llamado “Nido Vacío”: los pequeños han aprendido a volar y dejan la casa, que además es verdaderamente temporal cuando se habla de las aves, que alzan el vuelo hacia un nuevo futuro. Esa que parece ser una consecuencia natural de convertirse en adulto, no siempre ocurre de manera asintomática. Grandes cambios a nivel individual, trastorno del rol y sentido de pérdida acompañan a esta delicada fase de crecimiento.

Dejando de lado la incertidumbre que aquellos que alzan el vuelo deben desafiar, es sobre la pareja de padres sobre la que queremos hablar en este pequeño relato. Para ellos se proyectan cambios individuales y de pareja que podrían incluso transformarse en verdaderas crisis. Del punto de vista personal, ya sea para la mujer como para el hombre, el vaciamiento del nido puede además coincidir con una difícil transformación individual. Normalmente, en la mujer este momento coincide con la menopausia y, por lo tanto, con todas las incomodidades hormonales y psicológicas que la acompañan como la tristeza, la melancolía y la depresión. La mujer, por lo tanto, podría encontrarse enfrentando una verdadera crisis de identidad. ¿Qué somos y en qué nos estamos convirtiendo? ¿Cuál es nuestro rol en la familia y en la sociedad? Lo mismo ocurrirá con el hombre cuando el nido vacío coincida con el momento de la jubilación, aunque la partida de los hijos suele tener un efecto menos traumático y no tiene un efecto tan fuerte en su identidad.

Para entender mejor los cambios psicológicos de este estado de ánimo lo podemos comprar con un verdadero luto: sentimientos de rabia y de tristeza hacia aquella que es vivida como una pérdida del hijo y de la propia identidad, melancolía por el pasado, negación del presente y miedo por el futuro.

En este periodo traumático de la vida de una mujer, el trabajo es una de las variantes que hacen la diferencia. Tener alguna ocupación, más allá del ambiente doméstico, permite conservar la propia identidad en el momento en el que se pierde un poco aquella ligada a la familia y a los hijos.

¿Cuáles son entonces las estrategias que pueden ponerse en práctica para superar serenamente esta fase? Como hemos mencionado hace poco, concentrarse en los propios deseos y en las propias aspiraciones, cuidarnos a nosotras mismas en vez de a nuestros hijos. Tener más tiempo a disposición para hacer todo aquello que nos gusta. ¿No suena perfecto? Claro que si fuera así de fácil no habría kilómetros de literatura sobre el tema. Para apreciar la renovación, lamentablemente, debemos pasar por el luto del que hablábamos antes, despedirnos de nuestros hijos en la mente y en el corazón y, para eso, necesitamos tiempo.

No tengan miedo de preguntar a otras personas o de admitir su tristeza. Puede ser importante, de manera diferente a antes, sentirse parte todavía de la vida de nuestros hijos. Organizar un día especial en el que almuerzan juntos y se cuentan cosas, por ejemplo, puede ser de gran ayuda. Descubrir poco a poco que nuestros ex bebés son individuos interesantes, incluso vistos desde lejos, ayuda a superar el luto: hemos hecho un buen trabajo y ahora disfrutamos de sus éxitos y del merecido descanso.

Como si fuera poco, también la actitud de la pareja al interior de este nuevo cuadro familiar podría vacilar o generar roses de adaptación. Dos individuos que, con esfuerzo, habían creado un equilibrio, adaptándose a las exigencias de la prole, olvidándose de las razones por las que se habían gustado en un principio y por las que habían decidido vivir juntos, se encuentran otra vez cara a cara sin terceros que “incomoden”. Esto podría ser motivo de entusiasmo, pero también de pánico. Problemas resueltos en el pasado o decisiones no tomadas por el bien de los hijos podrían tocar a la puerta de nuestra conciencia acompañadas de muchas preguntas como: ¿Qué era lo que nos gustaba hacer antes de que llegaran los hijos? ¿Y si ya no nos gusta? ¿Qué sentido tiene seguir juntos ahora que no somos padres? Uno de los proyectos en común de la pareja, el más importante o, al menos, el más evidente, no existe más.

En este punto, para que la pareja pueda transformarse, adaptándose al cambio, nuevos proyectos comunes y objetivos diversos deben ser individuados o quizás redescubiertos, reintentados. Experimentar y comunicar son la clave. Es un poco como reestructurar la casa: se cambia la decoración y se reorganizan los espacios. Estos últimos son fundamentales para crear armonía en una casa y, sobre todo, en una pareja. Cuando el nido se vacía, se generan nuevos espacios mentales y físicos que deben ser armonizados para una nueva vida de a dos.

Me gustaría, en este punto, finalizar el artículo con una definición de armonía que espero estimule puntos de reflexión y vías de salida para quien está reestructurando su vida:

La armonía en la música, las palabras, los pensamientos, las relaciones, y luego en los colores y luego los movimientos, las voces, en el vestir, en la caligrafía y en la línea, como en cualquier otra faceta adornada con la belleza que la vida nos presenta es un concepto elevado, sublime. 

No es sólo una concordia emocional e íntima; no sólo una unidad de propósito, una alianza; no sólo una proporción refinada, una disposición precisa. La armonía es el ajuste perfecto para vigas que arman un casco completo, un casco que tiene un fin, capaz de moverse en el mar, que con la coincidencia de la disposición de las partes responde a la furia de los elementos – serena, elegante.

 

Lisa Tranchellini
http://expatwomenatwork.expatclic.com