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Paolaexpat comparte algunas idas (y tips interesantes) sobre cómo es ser una abuela a la distancia.

 

No te preocupes mamá, cuando crezca, aprenderé a ser mamá, y ahí te enseño,” dijo mi hija Luisa, cuando tenía cinco años y medio, una noche fría de noviembre en Bruselas en el momento que yo trataba de, simultáneamente, lavar los platos de la cena, ponerle la pijama a David de tres años, mientras Emilia -de seis meses, lactaba de mi seno colgada en su portabebés canguro. Seguro me veía cansadísima. Nunca fui una mamá muy segura de mi misma.

Estas palabras inmortales fueron citadas nuevamente por mi esposo en su discurso en la boda de Luisa en Londres este último junio. Mis tres nietos (dos son de Luisa y uno de Emilia-, en ese preciso momento, decidieron hacer algunos pases de Rugby en el medio de los invitados, mientras una docena de sus amigos, todos de menos de seis años, les hacían barra).

Y en qué grandes mamás se han convertido mis hijas. Ellas lo tiene más difícil de lo que lo tuve yo: las dos tienen que hacer malabares con el trabajo, el hogar (yendo y viniendo en bicicleta cada vez que pueden), niñeras, guarderías y escuelas, con muy poca ayuda. Y lo que es más, viven en lugares (Londres y Edimburgo) donde los niños están constantemente enfermos con narices mocosas, tos, resfríos y fiebre.

Cuando mis hijos eran chiquitos, nos mudamos de Bruselas a Barbados, cambiamos catedrales de granito por playas soleadas y lloviznas grises por impresionantes puestas de sol. Teníamos ayuda en la casa, y yo sólo trabaje cuando mis hijos estuvieron en el colegio. Y así seguimos recorriendo el mundo hasta que crecieron y abandonaron el nido.

Nonni2El tiempo voló y, de un momento a otro, me convertí en abuela de tres en vez de mamá de tres. Sam nació en Londres, cuando yo estaba viviendo otra vez en Bruselas. Caminaba impaciente en el Forêt de Soignes una noche de Junio cuando la llamada llegó. ‘Estoy en trabajo de parto.’

Que alegría tan absoluta. Me subí al Eurostar, y pasé diez días felices en Londres. Luisa estaba en el medio de los exámenes de su master (mis hijos “planearon” sus familias diferente a como la planeé yo), así que yo le daba a Sam mamaderas de leche extraída y lo llevaba en taxi a la universidad donde tenían una habitación especial para lactancia: Quería tanto a ese niño que era simplemente imposible que pudiera tener suficiente amor para más nietos.

Pero claro que tuve.

Dos años y medio después, estaba viviendo en Dhaka, Bangladesh. No había una ruta veloz para Edimburgo, así q me fui y me estacioné en la casa de mis papás en Roma mientras esperaba la llamada de Elisa. Cuando llegó, en una mañana de enero, el norte de Europa estaba colapsado debajo de una sábana de nieve y hielo (el “planeamiento familiar” de los hijos otra vez…). Todos los aeropuertos de Londres estaban cerrados, así como los de Bruselas y muchos otros de las posibles paradas de tránsito. Finalmente, logré encontrar un vuelo vía Ámsterdam.

Otra semana de felicidad siguió al nacimiento de Finn. Puras caricias y abrazos.

Nueve meses después viajé de Dhaka a Johannesburgo para el nacimiento de mi tercer nieto. Luisa se había mudado ahí por trabajo y yo tenía que estar ahí con anticipación para poder cuidar a Sam. La noche que nació Max no dormí nada. Luisa y su pareja estaban en la clínica, Sam dormía plácidamente, pero yo estaba demasiado emocionada. Lo más temprano que pude al día siguiente, llevé a Sam a que conozca a su hermanito. ¿Estoy loca, pensé, manejando en una ciudad desconocida, luego de no haber dormido nada y en este estado de euforia? Felizmente llegamos sanos y salvos y si, tenía aún mucho amor para repartir.

En muchas cosas es difícil ser abuela a la distancia. Te pierdes primeros pasos, primeras palabras, cumpleaños, primeros días de colegio. Pero con what´s app y Skype uno siente que casi están ahí, contigo. Recibimos videos de los chicos cantando por sus cumpleaños; recibimos sus dibujos y hablamos siempre. Lo que se siente cuando uno escucha por primera vez la palabra “abuela” saliendo de sus boquitas a través del Ipad es indescriptible (a pesar que seguro fue un intento de decir cualquier otra cosa lo que escuchaste).

Y claro, tratamos de ir lo más seguido posible. Cuando estamos con ellos, me siento tan insegura como me sentí de mamá. Quizás aún más porque siento que tengo que respetar el estilo de crianza de mis hijas. Adopto la filosofía de “yo no digo nada”. Si una dice “él sólo se dormirá si te echas al lado de él por media hora” o “no uses jabón, sólo aceite” o “ponlo en el escalón de los malcriados si tiene una pataleta” pues así se hace. Ellas saben qué es lo que están haciendo y los tres niños se están convirtiendo en niños increíblemente fuertes, cariñosos y adorables.

¿Mi consejo para las abuelas distancia? Discreción, creo yo, es la clave.

  1. Usen las redes sociales lo más que puedan para mantenerse en contacto. Pero recuerden que sus hijos son adultos ocupados, con vidas propias y un par de suegros (o dos) compitiendo por tiempo de calidad. Tienen amigos, intereses y vidas aparte de ustedes. Yo rara vez llamo sin avisar…pero nos mantenemos en contacto con What´s app. Tenemos un grupo “familiar” donde publicamos todos nuestros intereses y actividades para que todos los vean. Y hacemos grupos de Facebook para reuniones grandes (¡tenemos muchas de esas!)
  2. Nonni3No se sientan mal si los consuegros hacen más que ustedes o los están viendo más que tú. Sólo sean agradecidas. (Una de mis co- abuelas se lleva no tres, sino seis nietos de vacaciones por una semana todos los años….Confieso que no la envidio… la admiro muchísimo)
  3. Así como ellos tienen vidas, ustedes tienen que tener vida más allá de ellos. Desarrollen sus propios hobbies, sean apasionados. Hagan sus propias cosas. Aparte de mi trabajo, pertenezco a dos grupos locales y tres grupos online de expatriados. Tomo fotos, tengo un jardín orgánico, hago yoga y natación. Tejo y hago punto cruz (lo admito, lo hago por mis nietos…). Hasta tengo mi propia marca, Nonna’s Knits.
  4. Visítenlos tan seguidos como ellos quieran que los visiten. Claro, las circunstancias de cada uno son diferentes pero nosotros nos quedamos en un hotel cercano (suficientemente cercano como para poder ir caminando a sus casas a las 6am y darle a mi hija una hora extra de sueño mientras yo juego con los chicos; suficientemente cerca como para poder leerles cuentos en las noches), lo que nos da a todos la privacidad que necesitamos.
  5. La regla más importante es “yo no digo nada”. Respeten los estilos de crianza de sus hijos. No hay razón para decir “¿Qué? ¿Los van a sacar con este clima?” Ni se los ocurra “¡Qué interesante! Cuando tú eras chiquito no teníamos un escalón para malcriados, te mandábamos a tu cuarto”. Les van a responder que el cuarto del niño debería ser un lugar feliz y que lo mantendrán así. Si ustedes creen que la primera comida solida de un niño debería ser banana a los 4 meses, y les dicen que no, que es manzana a los 6 o zanahorias a los 7, dejen que sea así. Sus hijos saben. Mejor de lo que sabían ustedes.

Sólo mire a sus hijos, estas maravillas de creación. Vean lo bien que se manejan, y díganse “Debo haber hecho algo bien”. No, corrección “Debo haber hecho todo bien”. Han aprendido: ahora siéntense y déjenlos que sean ellos quienes les enseñen a ustedes.

Paolaexpat
Accra, Ghana
Noviembre 2015