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Mourning

Claudiaexpat recuerda con nosostras los momentos dolorosos de la muerte de su hermana, mientras ella vivía en el Congo.

 

Mi hermana fue operada de un cáncer en el seno cuando volví de Guinea Bissau, en el 1994. Estaba « contenta » que eso sucediese en aquel momento así podía estar cerca de ella y de mi madre en esos momentos tan difíciles. El hecho de vivir fuera de mi país nunca me hizo sentir particularmente en culpa hacia mi familia por estar lejos en los momentos en los cuales tal vez tuviesen necesidad de mí, pero admito que recuerdo bien que aliviada me sentí al estar en aquella circunstancia en Italia.

Morte ElenaLamentablemente esta operación fue solo el inicio de un largo calvario que concluiría en enero del 97 con la muerte de Elena. En el 95 el cáncer le reapareció en el seno izquierdo (había sido operada del derecho), que le fue completamente removido al año siguiente. Era el verano del 96 y yo, ya instalada en el Congo, volvía a Italia para pasar los últimos meses de mi segundo embarazo y para el parto. No obstante mi hermana estuviese bajo quimioterapia y por lo tanto muy debilitada tengo un recuerdo extremadamente bello de ese periodo. Todos estaban de vacaciones y mi hermana, mi madre y yo nos rencontramos bajo el mismo techo en Milán – yo para reposarme a causa de una placenta baja que ponía en peligro mi embarazo. Elena para seguir su quimioterapia. Esa fue la ultima ocasión que tuvimos de pasar serenamente un poco de tiempo juntas, algo que no probaba hacia mucho tiempo , ya que vivía casi siempre fuera de Italia desde hacia bastantes años.

Mi segundo hijo nació a fines de septiembre del 96 y dos semanas más tarde yo ya estaba lista para volver al Congo. Abracé a mi hermana frente al portón de mi casa en Milán. Ella ya había terminado su ciclo de quimio y tenia puesta una peluca. Teóricamente su cabello tenía que volver a crecer y todos esperaban que ese fuese el fin de la pesadilla.

Adentro mio sin embargo sabia que había fuertes posibilidades que esa fuese la última vez que la abrazaba. Ese momento me quedó impreso de una manera muy clara, porque es emblemático de nuestras vidas de expatrio: cuando vemos a las personas que amamos solo una vez al año, cada vez que nos despedimos de ellas debemos tener presente que esa podría ser la ultima vez porque siempre existe el riesgo que algo suceda durante el periodo en que estamos lejos. Con mi hermana, dada la situación, esa posibilidad era todavía más concreta.

Y así fue, Elena no se recupero más, y en Navidad fue hospitalizada por una tos que no la dejaba respirar. A principios de enero (del 97 entonces), los médicos le comunicaron a mi madre que le quedaban como máximo dos meses de vida. Mi madre me lo dijo por teléfono, obviamente. En aquel tiempo eran los inicios de internet en África y yo no tenía conexión en casa, todas nuestras conexiones eran vía cable.

Cuando se sabe algo así y se está lejos se entra de verdad en pánico. No solo por la terrible noticia, sino sobre todo porque todo aquello que te rodea no está para nada en relación con la dolorosa situación que estamos viviendo- no hay hermanos que vivan la misma tragedia , ninguna amiga que te conozca desde siempre , y que conozca a tu hermana , ningún lugar familiar que sientas “tuyo” …Hay que decir también que los sentimientos durante el expatrio , al menos en relación a mi, son más delicados, más profundos, seguramente a causa de su carácter temporario, y esto es verdad sobre todo en África, donde siempre encontré una gran solidaridad y un enorme apoyo entre los expatriados. Entonces me sentí enseguida apoyada y protegida. Lo más difícil en ese momento era elegir cuando volver a Italia: no podía ausentarme por mucho tiempo, mi marido viajaba muy seguido por trabajo y yo estaba a cargo de la familia , y al mismo tiempo no quería esperar demasiado porque tenia miedo de llegar demasiado tarde y no poder abrazar a Elena una última vez. Esta no es por cierto una elección a la cual uno se enfrenta seguido. La solución llegó sola: el estado de Elena imprevistamente empeoró, y yo tuve que precipitarme a comprar el boleto para llegar lo más rápidamente posible. Llevé conmigo a mi hijo pequeño, que en esa época tenía cuatro meses y que yo amamantaba a tiempo pleno.   .

Lamentablemente Elena se fue mientras yo aterrizaba en Paris para tomar el vuelo a Milán. Tenía 41 años. Cuando llegué a Milán mi hermano vino a buscarme con la triste noticia.

Curiosamente nunca me “enojé”, ni siquiera por un minuto con mi vida de expatriada. Debo decir que mi madre y el resto de mi familia fueron fantásticos en este sentido, y que nunca me han echado culpas, ni siquiera en silencio, por no haber estado con ellos en los momentos difíciles y durante el último día de vida de Elena. Muchas veces me pregunté como hubiese vivido todo aquello si me hubiese quedado a su lado en vez de estar en África. Y francamente me digo que de todos modos cuando alguien que amas se va y no estás a su lado para acompañarlo en los últimos minutos de vida, lo más importante es el modo en el cual se despidieron. Y es por esto que después de la muerte de mi hermana, si mi marido parte no discuto nunca con el antes del viaje y si sucede hago todo lo posible para reconciliarme antes de despedirlo. En este punto me volví verdaderamente rígida. Esta experiencia me enseñó que cada vez que uno deja a otro hay que de verdad pensar que podría ser la ultima vez que lo vemos en vida. Es un poco trágico, lo sé, pero cuando se lo prueba en la propia piel, se aprende a integrar la idea profundamente dentro de uno.

 

Claudiaexpat
Jérusalen
Abril 2012