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Cuando se vive en el exterior el concepto de “vacaciones” se transforma y a veces se vuelve “no-vacaciones”. Es más, se convierte de verdad en el verdadero dilema de la expatriada. 

“En serio, de verdad te vas? Qué afortunada! Bueno, buenas vacaciones.”

Aun viviendo en el exterior desde hace solo dos años, esta frase la escuché repetidamente, dirigida hacia mi o hacia otras. Cuando anuncias que vuelves por alguna semana a tu país te miran con envidia y de verdad también yo no veo la hora.

Pero después de la última vez que volví a Italia, comienzo a estar preocupada por el dilema de la expatriada: ¿es mejor pasar las vacaciones anuales volviendo a casa o yendo a otra parte?

Por un lado, después de un año en un país extranjero, uno tiene muchas ganas de retornar a casa y de tener contactos humanos familiares, de volver a ver personas y lugares. Pero por otro lado sentimos la tentación de escapar del marasmo de las mil cosas que tenemos que hacer cuando volvemos al país de origen y de optar por dos semanas en algún otro país, haciendo turismo o solamente dedicando nuestro tiempo a consolidar los vínculos familiares.

Esta última opción sin embargo tiene consecuencias, fundamentalmente económicas, pero también sociales: será necesario afrontar los silenciosos reproches de amigos y parientes (“Pero cómo?, tienen pocas semanas al año de vacaciones y prefieren ir a las Mauritius en vez de volver a casa?”… casi como si vivir en el exterior fuese de por sí una vacación exótica!)

En cambio las vacaciones en el país de origen tienen muy poco que ver con el concepto “vacaciones”.

Llegas y transcurres los primeros dos días a reponerte del viaje en avión, con los niños detrás. Reabres una casa que está cerrada hace un año, afrontas el polvo y la suciedad acumulados y corres a hacer las compras, cocinas algo y después deshaces las valijas.

Por semanas soñaste con el momento en que estarías relajada sobre el diván de tu casa y ahora que estas allí no puedes no mirar con un poco de tristeza las plantas secas que están en el balcón: qué hago? Las dejo así por tres semanas? … y al final terminas limpiando la terraza.

Luego inicia la espiral de las cuestiones domésticas abandonadas desde hace meses: archivar la correspondencia, controlar las boletas, descubrir que desconectaron el teléfono porque el banco no pagó la boleta o tal vez que tu licencia de conducir expiró, y ahora? Cuándo la renuevo si tengo que partir dentro de poco?

Si además vives en un país cálido y llegas en la estación fría debes correr a hacer shopping porque tus hijos no entran más en la ropa del año pasado y, caramba, hace frio!

Luego toca el turno de los controles médicos, aquellos que no puedes hacer en África, o en países difíciles: llamadas telefónicas, consultas y saltos mortales para lograr ver al especialista antes que terminen las tres semanas. Todo rigurosamente cobrado: “Pero cómo señora, no sabe que los residentes en el exterior pierden automáticamente el derecho a la asistencia sanitaria en Italia?”… la obligación de pagar todos los impuestos, sin embargo, esa permanece!

Suena el teléfono.

Holaaaaa!!!! Finalmente llegaron: creía que habían llegado la semana pasada…

Cómo le digo a mi amiga del alma que es verdad, que llegamos la semana pasada, pero que entre el teléfono que no anda y las mil y una cosas para resolver no logré todavía llamarla?

…tenemos que vernos absolutamente… todavía no conoces la recién llegada a la familia….

Es verdad, necesitamos vernos: organizas un encuentro, encastrándolo en la lista de las invitaciones a cenar, una lista demasiado larga para lograr ver a todos, y por lo tanto hay que usar toda nuestra diplomacia para que nadie se sienta “relegado” a un segundo plano respecto a los demás.

Vuelve a sonar el teléfono: esta vez es tu madre.

Entonces los esperamos. Se quedan con nosotros al menos una semana, verdad?

A este punto gran parte de los días de vacaciones ya pasó, tu marido ya se fue al exterior (“A propósito ya que tú te quedas y no tienes nada para hacer , por qué no llamas al carpintero y al plomero y no arreglas esas dos cositas?” como si fuese fácil encontrar un plomero y un carpintero en Milán dispuestos a venir a casa y hacer el trabajo en el lapso de una semana !) y tú te resignas a dejar a tus hijos al cuidado de abuelos y tíos y concentras todo tu deseo de vacaciones y evasión en un paseo solitario por las calles del centro, pasando una tarde entre librerías y confiterías.

Llegan los últimos días (caramba como vuelan!) y siempre hay algo que has olvidado o no has hecho o una persona que a este punto prefieres que no sepa que estuviste porque te avergüenzas de no haber encontrado tiempo para ella, re prometiéndote ponerla en primer lugar en la lista de las próximas “vacaciones”.

En la víspera de la partida (casa para cerrar, últimas prendas para lavar, niños excitados por el viaje o con la cara triste, etc….) tu cerebro empieza a pensar que después de todo no está nada mal vivir en Nigeria, con la guardia armada, la comida vencida, y una vida sí bastante monótona, pero en el fondo tan… descansada!

Si estas son vacaciones…

Buen expatrio a todas.

Cristinaexpat
Port Harcourt (Nigeria)

Traducido del italiano por Rupexpat