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Catherine main

Agradecemos de corazón a Catherine, que vive en los Emiratos Árabes, por su testimonio honesto. En este artículo nos explica por qué está viviendo un doble shock cultural. Si quieren conocer mejor a Catherine, pueden visitar su página de Facebook o leer sus poesías.

 

Un doble shock cultural. Expatriarse para poder vivir con su marido de una cultura diferente

Es la bella y dolorosa experiencia que estoy viviendo en Abu Dabi. Soy expatriada por amor, por seguir a mi marido palestino que trabaja aquí en una empresa que le pagó los estudios (por lo que les debe una cierta cantidad de años de trabajo). Soy originaria de una pequeña ciudad de Alvernia, región francesa y, por lo tanto, estaba contenta con la idea de venir a vivir a esta ciudad, no lejos del mar, con sol todo el año, abierta al mundo, segura y, sobre todo, con el hombre que amo. Dejé mi departamento, mi auto, mi trabajo sin pensarlo mucho. Mi familia y mis amigos me hicieron falta desde el principio. Pero, inmediatamente nos embarazamos y esperábamos un bebe y yo estaba llena de proyectos, certezas y esperanzas.

Catherine2Me imaginaba muchos paseos, la playa con los niños, regresos regulares a Francia, como hacen muchos expatriados. Luego de darme cuenta que el verano dura 7-8 meses al año y con temperaturas que se acercan a los 50 grados, con el costo alto de la vida y el nacimiento de nuestra primera hija, las dificultades comenzaron a sentirse. Surgieron dentro de la pareja los distintos puntos de vista respecto a la distribución de los quehaceres domésticos, del trabajo, la educación, de las prioridades financieras. Las diferencias culturales no están solo limitadas a aquello que vivo fuera de casa cuando me cruzo con la diversidad de nacionalidades y lenguas que ofrece este país; ahora las siento muy presente al interior de mi rutina y resulta que todos los modelos que conocía se vuelven irrealizables en el seno de mi familia. También porque, además, la familia de mi marido está muy presente y pienso que influyen en él muchísimo. Tuvimos una segunda hija, y si bien esto me satisface, por un lado, desde el punto de vista de la madre, del otro es un desafío adicional para nuestra pareja, que se encuentra cansada y sin apoyo externo.

En cuatro años no he sido capaz de construir relaciones de confianza a pesar de algunos intentos (de hecho, limitados), y creo que esto se debe al hecho de que no logro proyectarme aquí. Pero cada momento que paso con las amigas, incluso un día, me parece robado de destino. Mis padres vienen dos semanas al año y aprovechamos para hacer las cosas que este país ofrece, sobre todo a los extranjeros. En cuanto a nosotros, nosotros vamos donde ellos tres semanas al año, momentos intensos y felices. ¡Gracias a Skype por el resto del tiempo!

Catherine4Mi marido sigue el modelo de su padre y ve a sus amigos solo, no los conozco como a los que tiene en Francia. Sé el nombre de algunos pocos. Mi vida se resume en el cuidado de mis hermosas niñas, ir de compras, cuidar de la casa, y una semana de cada dos, el fin de semana, ver a la familia de mi marido, en su casa o en la nuestra. “En invierno”, vamos al parque, pero nuestras excursiones familiares se acaban allí. Estoy completamente aislada, y he buscado refugio en la escritura, lo que me permite dar palabras a mis sentimientos, ya que no puedo expresarlos. También he participado en algunas reuniones virtuales agradables, que me ayudan a aguantar. Tengo la impresión de vivir una vida que no es la mía, esperando el retorno, que espero que sea pronto, pero razonablemente no antes de tres años.

Debería conseguir un trabajo, pero es complicado para mí, no tengo un diploma de escuela superior y me niego a tener una niñera que viva en nuestro apartamento. Trabajar en casa con las dos señoritas… es un poco complicado. Para mi marido, que es palestino, las oportunidades de carrera están limitadas y esto lo frustra, lo que no ayuda al ambiente en general. Sin embargo, cuando somos capaces de dejar de lado todo, el amor es todavía fuerte. Y es por eso que espero mucho (quizás demasiado) del regreso a Francia, que creo que será liberador tanto para él como para mí. Al mismo tiempo, tengo también mucho miedo de una decepción …

No me olvido jamás que los grandes rascacielos, el cielo casi siempre azul, el mar, la playa, los centros comerciales, el desierto, los camellos, las hermosas mezquitas, las diferentes culturas y restaurantes no son nada en comparación con nuestras montañas, nuestros quesos, pan, verduras, el sol, la lluvia, la ciudad, el campo, la variedad de paisajes que nos da Francia.

No me arrepiento de haber dejado todo y haber venido porque cuando lo decidimos era esencial para nosotros; nos permitió convertirnos en padres y vivir juntos, pero ahora es momento que esta experiencia, sin duda enriquecedora especialmente en el nivel de conocimiento de uno mismo, llegue a su fin, necesitamos volver a vivir y no sólo a existir.

 

Catherine
Abu Dabi, Emiratos Árabes
Julio 2016

Traducido al español por Mociexpat
Fotografías de Catherine