Home > Familia y niños > Familia en el país de origen > Cuando el hasta luego es un adios – el luto en la expatriación

Con este artículo empieza la colaboración de Magdalena con Expatclic. Magdalena, nacida en Francia de madre chilena y padre boliviano, es Life Coah especializada en el apoyo a la comunidad expatriada francofona en la Bay Area, Estados Unidos, donde vive con su esposo y sus dos hijos. Su sito web es: www.open-the-box.com

Traducido del francés por Mociexpat

En un primer momento es sólo un hasta luego…

La decisión de mudarse el extranjero suele ir acompañada de emociones complejas. Salimos de un espacio íntimo y personal (una familia y un lugar) para explorar un lugar desconocido (los recursos internos y un nuevo ambiente de vida). Se trata de una forma de renuncia y que es, desde ya, un tipo de duelo. La partida nace de una ruptura. Partir es interrumpir una forma de continuidad tranquilizadora de la vida cotidiana y de las relaciones con los demás. Por otra parte, el término expatriados viene del latín “ex pater”, que significa “fuera de la patria” y “fuera del padre.” Según Marie-Frédérique Bacqué[1] “el trabajo de la separación no es un trabajo de duelo, pero se acerca mucho. Cualquier pérdida de un objeto amado o de una satisfacción o de un ideal un trabajo de luto“.
La familia que se déjà puede sentirse abandonada. En un ambiente fusional, es la herida del primer abandono del nido familiar que es revivida. Bajo la apariencia de incomprensión, culpa, celos o, incluso, ira, ansiedad de abandono puede surgir. Es el miedo a quedarse solos, de no participar en la historia familiar generacional, der ser excluidos de la vida de los nietos que se expresa. Los padre de edad avanzada temen el aislamiento emocional y relacional difícil de soportar, quien los lleva a una idea de muerte.

Según un estudio realizado en febrero de 2011, Panorama de la expatriación femenina, llevado a cabo por Expat Communication, el 41% de los expatriados están preocupados por dejar a sus familias. En la mayoría de los casos son los hijos adultos que parten al extranjero, dejando a los padres y otros familiares. La preocupación se amplifica cuando los padres empiezan a mostrar signos de envejecimiento más evidentes. Luego los papeles tienden a invertirse: el hijo adulto se convierte en “padre de los padres.” Cuando el expatriado no tiene hermanos, o cuando sólo hay uno de los padres, el sentimiento de responsabilidad hacia los ascendentes se intensifica. La expatriación puede ir acompañada de un profundo sentimiento de culpa para el que se va.
El trabajo de duelo

Expatriación es, por tanto, una separación. Se trata de trabajo psicológico en el cual asistimos al alejamiento de un ser querido, con la eventualidad de un reacercamiento futuro. En el caso de la muerte de un miembro de la familia, la ausencia se convierte en definitiva. Se trata de una pérdida irreparable de un ser querido con la aniquilación de toda esperanza de un próximo reencuentro.

Con la muerte comienza el proceso de duelo. A menudo hay un doble sentimiento, impotencia y desesperanza, que puede ir acompañado por un sentido ilusorio de responsabilidad. La idea de que “yo podría haber hecho algo” conduce a una disminución de la autoestima y a sentimientos de desvalorización. En la expatriación, experimentar la culpa debido a la ausencia hace esta experiencia aún más compleja. Con los elementos de ausencia, distancia, ruptura y separación propios de la expatriación en si misma, es para el expatriado aún más fuerte el luto por lo que no fue y podría haber sido. El proceso de duelo también incluye recuerdos de mentalización, reales o imaginarias, pero también la renuncia a algunos proyectos, como un retorno a la familia tal cual uno la ha dejado, y a un reencuentro que sucederá ya.

En un registro psicoanalítico, se dice que un duelo normal se realiza en tres fases: estrés por el anuncio de la muerte, una depresión transitoria relacionada con la pérdida, a continuación, una adaptación con la internalización de “el objeto desaparecido.” En un duelo complicado, hay un bloqueo de este trabajo con una instalación de la fase depresiva.  Otra vez según Marie-Frédérique Bacqué [1] “Al final del duelo, quien ha sufrido la pérdida todavía ama a la persona perdida, pero este amor está atado al pasado. Por lo tanto, ya no presente las características del amor del presente (…) Sólo el reconocimiento de este “amor en el pasado” permite a la persona a aceptar la pérdida al final del proceso de desprendimiento.” El expatriado podrá solicitar asistencia en la red de amigos que ha creado en su espacio vital. En ellos encontrará apoyo, escucha y compasión. La posibilidad de expresar emociones en pensamientos y en palabras es una señal de que el duelo se está desarrollando. Si no es posible asistir al funeral, ¿por qué no organizar un día simbólico de recogimiento? Algunos eligen una fecha dedicada al familiar ausente, otros recuerdan el ser querido en silencio y soledad. Para la familia expatriada, preservar las tradiciones y rituales familiares, incluso cuando los mayores han partido, mantiene fuerte la identidad de la familia.

Cuando la muerte es de los padres …

El adulto que pierde a un padre es ante todo un niño que queda huérfano. Cuando ambos padres se han ido, se convierte en el nuevo “jefe”, representante de la unidad de la familia patriarcal. La reacción al anuncio de la muerte puede tomar la forma de una especie de un pragmatismo de protección. Por ejemplo, es el expatriado que se encuentra ausente durante la enfermedad del padre que va a apoyar a los otros miembros de la familia o va a encargarse de la logística de los funerales. Para compensar la impotencia causada por la distancia él busca encontrar para si mismo un lugar en acciones concretas, como, por ejemplo, tomar el primer avión a apoyar a la familia. Es a menudo en un segundo tiempo, cuando él está de vuelta en su espacio de vida, que una reacción puede ocurrir. Una necesidad de realizar una especie de balance de la vida surge a veces, que también puede poner en duda algunas decisiones. A partir de ahí, algunos se enfrentan a una decisión: continuar con la experiencia de la expatriación, o ir a hacerse cargo del cuidado del otro padre…
Aun cuando las relaciones con los padres son tensas, incluso hostiles, la muerte marca la frustración de no haber dejado las cosas en paz. Los reproches, los malos entendidos, la ira no expresada se arriesgan a ser reprimidas. Un proceso de duelo debe llevarse a cabo para permitir que las emociones, la culpa o incluso la ira, sean exteriorizadas. Es importante evacuar a la tristeza, el remordimiento y el sentimiento de pérdida para que no se cristalice en sufrimiento y tensión.

Más raramente, el expatriado es el padre que deja a sus hijos adultos, y que experimenta la muerte de estos últimos. En este caso se trata de ver invertido lo que se considera el orden natural de las cosas. Para los padres expatriados activos, el hecho de continuar con su proyecto facilita el trabajo de duelo.

La muerte de los hermanos…

La relación entre hermanos es completamente de otro tipo. Se trata de una proximidad de cerca o de recuerdos relacionados con una historia común, compartida. Los hermanos son testigos de una experiencia de infancia que actúa como base de la identidad. Los sentimientos de la percepción de la atención o el reconocimiento recibido por los padres tienen que ver en la calidad de las relaciones futuras. En la edad adulta, las relaciones entre hermanos van evolucionando para abarcar una gama bastante amplia de sentimientos que van desde una intensidad de gran calidad, a una agradable, o incluso sólo leal, hasta una intensidad más bien remota, cuando no claramente hostil. Con el expatrio las relaciones fraternales pueden fácilmente distanciarse o, por el contrario, ganar la calidad por voluntad común.

Cuando se anuncia la muerte de un hermano o hermana es el universo de lo posible que se congela. Los lazos fraternales no son, además, sólo educativos y de comportamiento. Su realidad biológica es revivida cuando la muerte fue el resultado de una enfermedad. La posibilidad de compartir el mismo terreno fisiológico que recuerda las conexiones genéticas fraternas.

Este es también el fin de oportunidades, aquella de continuar una relación de complicidad por ejemplo, o poner fin a las viejas rivalidades, o de compartir otros momentos de proximidad que la expatriación había vuelto más raros. La muerte pone fin a una relación que ya la expatriación había hecho más difícil. La culpa de no poder disfrutar de ella lo suficiente puede surgir, acompañada de arrepentimiento por haber sacrificado oportunidades. En el contexto de las relaciones teñidas de resentimiento, el remordimiento por no haber sido capaz de explicar las frustraciones acumuladas también acentúan la pena.

Experimentar la muerte de un miembro de la familia es una situación dolorosa que la expatriación va a modular. La lejanía amplifica la realidad de la ausencia, pero también permite dar una distancia de protección. Es entre la angustia y el sufrimiento, el revivir de los recuerdos, la nostalgia y el arrepentimiento que, dependiendo de la capacidad para avanzar, para continuar los proyectos, de ser reactivo en un entorno desconocido; que quien ha perdido a un ser querido en el expatrio podrá continuar su camino, a pesar del dolor y la pérdida.

 

Magdalena 
Bay Area, EUA
Avril 2012

[1] Marie-Frédérique Bacqué « Apprivoiser la mort », Odile Jacob