| El sonido de los tambores |
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El sonido de los tambores es un canto del corazón. Nos acerca a la Madre Tierra, nos hermana y nos sana. Tuve la suerte de compartir la ceremonia de tambores en Lima, Perú. Fue una experiencia única que me acercó a la Madre Tierra y a mis hermanos.
El 21 de marzo del año pasado en Lima, Perú, participé en la ceremonia de los Tambores por la Paz, experiencia única y revitalizadora.
Allí conocí a Carmen Javier, una peruana encantadora. Carmen se formó en Trabajo Social en la Pontificia Universidad Católica de Lima y estudió Terapias Psico-Corporales en EASA. En Brasil se especializó en Arte-terapia en la Universidade São Marcos y Tambores Chamánicos, en un centro de estudios chamánicos en São Paulo. Actualmente, se dedica con mayor énfasis a la Arte-terapia, al arte “espontáneo” para la salud, realizando talleres que motiven al grupo a no juzgarse por no ser músicos y tocar improvisadamente tambores diversos. Nacen así sonidos propios, grupales y otros de tiempos ancestrales, como también nacen toques básicos de limpieza energética para conectarnos con nosotros mismos y el corazón de la Madre Tierra. Esta propuesta se complementa con rituales y ejercicios de autoexploración y relajación.
Está dirigido a profesionales de la salud, la educación, empresas así como al público en general, jóvenes y adultos, que deseen relajarse y crear.
![]() Estos talleres los ha realizado en Perú y en Brasil. En un futuro, tiene el proyecto de llevarlos a Argentina, Chile y a aquellos lugares que tengan interés por esta experiencia. Trabajó como Trabajadora Social por varios años en Ongs, dedicadas a la promoción del desarrollo con Mujeres Populares, en los barrios más empobrecidos de Lima y en la Selva de Perú. Siempre admiró la energía luchadora y alegre de ellas. Carmen tuvo la oportunidad de trabajar con grupos de mujeres en Chile. Sin embargo, en su búsqueda personal, decidió explorar nuevos caminos de trabajo y espiritualidad, ya que su carrera no le satisfacía completamente. Carmen tenía 20 años, el contexto político peruano estaba complicado y recuerda que quería estudiar en Brasil, no sabía por qué le atraía ese país, por diversos motivos tuvo que cancelar el viaje. Dirigiendo talleres de trabajo corporal, durante varios años, se contactó con su mundo interior, y percibió que debía sanar muchas cosas en ella. Comenzó entonces, una transformación muy bonita e intensa que todas las personas tienen cuando se va creciendo poco a poco. En ese proceso de búsqueda, despertó su fascinación por el Arte, especialmente por los sonidos y su relación con el bienestar, la creatividad. Recuerda que alguien le regaló un tambor que quedó sin ser tocado durante mucho tiempo, y un día que estaba muy deprimida y cansada de estar así, lo tomó en sus manos y empezó a tocar sin parar. En ese momento surgieron muchas imágenes mentales, venían recuerdos, sensaciones físicas, después solo ella tocando, su alma, Carmen no sabe muy bien como describir lo que sucedió. Se sentió tan “leve”. Entonces empezó a inventar sonidos muy graciosos, afinados y desafinados. La verdad es que no le interesó si eran agradables o no. Todo sucedió “como jugando”, de una manera lúdica. Quedó tan relajada y al mismo tiempo, tan despierta, con deseos de realizar muchas actividades. En ese momento se permitió que saliera su gusto por el arte, sin pensar mucho que haría con él, recordando que ese interés creativo estaba desde niña. ![]() ![]() Por años había escuchado la “historia” de los adultos: “con el arte no se logra nada en la vida”. Sin embargo, siendo adulta se permitió revivir en ella un arte diferente. Un arte autodidacta, espontáneo, no técnico, ancestral, que la desafió de diversas formas.
Entonces nace una propuesta dedicada a personas que no son artistas pero que está en ellas el deseo de tocar. El deseo de aprender a crear sin temor o prejuicio, de descubrir algo, de aliviar el stress, de conectarse con su espiritualidad, o simplemente, de divertirse y de sentirse acompañado. Después de un taller exploratorio “El tambor y el canto del corazón” inspirado en el cuento de Clarissa Pinkola, nació la idea de un círculo de tambores mensual llamado “Sonido de tambores” donde participaban todo tipo de público. Observó que con los tambores los participantes podían descubrir una “genialidad propia” al crear sin compararse con otros. Cuando tocaban los tambores “brillaban” y sonreían, recobrando el brillo interior. Ese, es un indicador que algo se va despertando, se va sanando. Ella imagina, que para un músico, no deben ser muy musicales los sonidos que van saliendo en los talleres, pero tiene la certeza, que ese sonido “desafinado” y que se va armonizando con el grupo. Es una creación sagrada que les ilumina el rostro, y cuando surge esa creación sin pensar, se conectan con su corazón y el de la Madre Tierra; eso es lo que rescata con este taller. Los participantes le enseñan mucho y van guiando el proceso del trabajo. Ellos saben que no asisten a las clases para aprender música sino a despertar algo mágico y sanador. Algunos van con la intención de aprender algo específico y los tambores les muestra otros aprendizajes. Puede decir, con certeza, que los participantes son sus maestros. Tiene la convicción, que ella sólo acompaña a los tambores, porque son ellos los grandes sanadores, solamente su presencia está comunicando mensajes a las personas y sus sonidos iluminando memorias perdidas, capacidades adormecidas. ![]() ![]() Con el pasar del tiempo, esta propuesta va integrando elementos chamánicos complementarios a su trabajo. Carmen no es Chamán, pues no tiene el privilegio de esa preparación, pero por alguna razón, imagina que por recuerdos ancestrales, van apareciendo señales que paulatinamente la van llevando al uso del tambor chamánico. Es en Brasil, que la vida le abre encuentros con personas y maestros que trabajan con tambores sagrados o chamánicos, especialmente, de los nativos norteamericanos. Su suavidad e intensidad la cautivaron. Carmen cree, entonces, que tiene nuevos desafíos para seguir formándose y poder ofrecer nuevos recursos a las personas para que se sientan mejor o vayan re-descubriendo también, sus propios recursos interiores a nivel personal o profesional. Todos somos “hombre o mujer medicina”, y se trata de despertar esa herencia. Al regresar al Perú, decidió unir todas sus experiencias de trabajo con tambores y nació una propuesta más larga donde decidió mantener el nombre de “Sonido de tambores”. ¿Cuáles son los objetivos de esta propuesta? Carmen cree que es un espacio de creación improvisada de los diversos sonidos de tambores a fin de inspirar un espíritu de comunicación, cooperación, creatividad individual-grupal, sin crítica y con aceptación de la diversidad. Así también, motivar el acto de percutir para originar vibraciones sonoras improvisadas que ayuden a transformar la energía bloqueada por depresión o tensión física o emocional. En el camino, la idea es conectarse con el corazón y tocar a la tierra para el bienestar, la paz y la alegría. ¿Por qué el tambor? Dicen que cuando tocamos tambor, estemos conscientes o no, todo nuestro ser está envuelto y despierto, manifestando sentimientos de expresión creativa, cura y conexión. Nuestro espíritu quiere jugar, experimentar sanación, la comunión. El “Sonido del tambor” es como el sonido del corazón. La batida está dentro de nosotros y, traer esa batida para fuera del tambor es exteriorizar nuestra emoción y conexión con la tierra. El tambor está asociado al elemento tierra, a la cualidad de cura. Tocar tambor en grupo brinda unión. Desde los comienzos, el ritmo y la danza fueron elementos que unen las personas, los pueblos y las comunidades; son los principales elementos de ceremonias y reuniones, que por siglos crearon interacciones importantes, inspirando un espíritu comunitario y la producción de la creatividad. ![]() ![]() Muchas comunidades ancestrales con el sonido del tambor, no sólo, abrieron puertas para otras realidades, sino que hicieron de él una estrategia de cura simple y acessíble, de la cual todos pueden beneficiarse. En los últimos años, se están realizando las primeras investigaciones que permiten comprobar que tocar tambor ayuda al fortalecimiento del sistema de inmunidad natural del organismo. Se menciona, inclusive, que el tocar resulta un impulsor útil para el organismo, análogo a la risa, efectivo para aliviar desde el estrés hasta tener una influencia positiva en los pacientes con cáncer. ¿Y como se trabaja? Este Taller no enseña música ni teoría, es vivencial. Tiene dos momentos, de motivación a la improvisación para jugar con los sonidos del tambor, sin juzgarnos por no ser músicos, recordando nuestros sonidos ancestrales, liberando creatividad y aliviando el stress. Y un segundo momento, de vivencia de consagración o despertar el espíritu del tambor según los nativos norteamericanos, la filosofia del tambor chamánico y toques básicos de limpieza para la persona, la casa, entre otros. Sentados en círculo en el piso, en el centro están los instrumentos complementarios de percusión y viento. Cada persona comienza investigando el sonido del tambor, que en la realidad es su propio sonido interior. Lo importante aqui es motivar para tener fé en el caos, donde paulatinamente nace la creación, la armonia, los ritmos individuales y de conjunto. Este trabajo de creación se complementa con rituales, ejercícios de relajación, respiración, e investigación. Los instrumentos usados son: Djembés (tambores africanos), tambor de cerámica, cajón peruano, tinyas, tambores lakota y cherokee, entre otros. También, chacchas, palo de chuva, ocarinas, maracas, flautas indigenas, vasijas sibiladoras (instrumentos andinos y ancestrales peruanos). ¿Cuáles son los beneficios? Con el transcurrir del tiempo, Carmen ha podido percibir distintos beneficios. De carácter corporal-mental, pues, ayuda a soltar las tensiones, principalmente, las que se encuentran en los brazos, hombros, espalda. La vibración permite liberar y transformar la energía bloqueada, se relaja la mente, y la energía se incrementa. Surge relajamiento quedando en un estado de alerta. De carácter relacional, se crea un espíritu comunitario y de cooperación entre todos, en la medida que cada uno crea sonidos individualmente, y poco a poco escucha al otro, acompaña y complementa el sonido con los otros. Se crea un ambiente de tolerancia y aceptación a la diversidad, cada uno toca de diferente manera, esto sucede a través de un proceso natural. De carácter creativo, se restaura en la persona su capacidad de imaginación sin crítica, su capacidad de creación libre, su capacidad de jugar individualmente y en conjunto. Crear arte desbloquea y transforma la energia; el recuperar la imaginación es un signo de recuperación de la salud. Carmen nos cuenta que cada taller es una experiencia única, por el propio proceso del grupo como por encontrar nuevos elementos para compartir con equienes participan. Aplica también terapias individuales haciendo reiki y/o tambor. No quiere dejar de mencionar que en Lima se realiza todos los 21 de Marzo, la actividad mundial de los 8000 tambores por la Paz, reuniéndose muchas personas con sus tambores para tocar en círculo en el parque Maria Reiche, simultaneamente a la misma hora con los diferentes países que se adhieren a esta ceremonia organizada en México. Realmente, es un evento maravilloso donde la energia que se siente sonando decenas y decenas de tambores es muy curadora y impactante para todos y la tierra. Malenaexpat Mayo 2008 |