Home > Escuelas > A la escuela en barco

Marinella es amiga de Expatclic desde hace mucho tiempo. Se puso en contacto con nosotras en un momento muy especial de su vida, cuando tenia que decidir si trasladarse a Guatemala y mil dudas llenaban su mente, por un lado, el fuerte impulso hacia una vida más verdadera y profunda, en contacto con situaciones humanas importantes y significativas, por el otro todas las preocupaciones relacionadas con el trasladar a los hijos, cambiarles de sistema educativo, idioma, ambiente. En aquel momento yo y Marinella nos hemos escrito mucho, yo me apasioné a su caso de madre joven con la oportunidad de trabajar en un país que yo había visitado en varias ocasiones y cerca de donde viví durante mucho tiempo, y ella se alegraba de poder interactuar con alguien que ya había expuesto sus niños a una vida nómada y podía tranquilizarla con experiencias concretas.

Hasta que pudo, Marinella, fue miembro honorario de Expatclic, contribuyendo así a apoyar el sitio también financieramente, aparte que con su fuerte contribución humana (aquí hay un maravilloso artículo que escribió para nosotros – en italiano). Siempre nos mantuvimos en contacto, y hace unos meses ella me re contactó para hablar de la situación educativa de su hijo – Marinella buscaba un consejo en un momento de decisiones difíciles. Para el tema de este mes, la Escuela y el Expatrio, me acordé de su experiencia, y le pedí que nos la cuente.

Marinella y sus hijos con las familias de los jovenes de su proyecto

Marinella y sus hijos con las familias de los jovenes de su proyecto

Antes de trasladarme a Guatemala, pensaba que de mis dos hijos, Elías, de 11 anos, hubiera tenido más dificultades en su experiencia escolar. En cambio, el se encuentra plenamente integrado en la escuela internacional Caracol, inspirada a Waldorf, y después de las primera dificultades normales con el español, todo fue muy bien. Sin duda, pusimos en cuenta unas malas notas en italiano a nuestro regreso, pero yo me digo que si en unos meses ha aprendido tan bien el español, volver a estudiar en italiano no será un problema“.

Para Giulio, de 7 años, el camino no fue tan lineal. Cuando llegó a Guatemala, durante los primeros seis meses no fue a la escuela, y luego integró una escuela materna local, que pero resultó ser altamente inadecuada. Más allá del hecho de que Giulio era el único rubio en su clase y la profesora lo había apodado “el gringo”, el pobre Giulio sufría de pesadillas después de que la maestra le explicó en detalle que si no se hubiera lavado bien las orejas en la ducha, por la noche vendría el diablo a comerle los pies. Marinella decidio de cambiarle de escuela y lo puso en la misma del hermano, el Caracol. Es mayo, y Giulio asiste a su escuela nueva hasta julio, cuando regresa a Italia para las vacaciones de verano. En septiembre, de vuelta en Guatemala, llega la evaluación de la maestra estadunidense de la escuela: Giulio no está listo para la escuela primaria y puede continuar en el Caracol sólo si se queda otro año en la materna.

Elia y Giulio

Elia y Giulio

Creo que en todas las decisiones relacionadas con la escuela se cristalizan los miedos y las dificultades de una madre al extranjero, en parte debido a que la felicidad en la escuela es fundamental para el bienestar de toda la familia en la expatriación. La evaluación de la maestra me dejó asombrada por varias razones. En primer lugar, no tuvo en absoluto en cuenta todos los cambios que Giulio había pasado hasta llegar al Caracol, y que podían haber tenido un impacto en su rendimiento educativo. Giulio es también un niño que siempre ha mostrado un gran interés en la lectura, y honestamente yo no tenía ganas de encontrarlo a siete años y medio todavía haciendo el pan y trabajando con el sentido, sin saber reconocer la letra M. No pongo en duda el hecho de que esta evaluación pueda ser correcta para algunos niños, pero no para él.

¿Qué haces cuando estás en un país con muy pocas instalaciones escolares adecuadas, un niño que ha pasado por cambios importantes, y una profesora que expresa una evaluación con la cual te encuentras totalmente en desacuerdo? “Cuando estas agitada porque has salido de los caminos convencionales, y te enfrentas a desafíos que involucran a tus hijos en primera persona, es natural usar todos los recursos para buscar apoyo. Y lastimosamente aquí tengo que mencionar la total falta de atención de nuestro Ministerio de Educación. Veo a mis amigas españolas que viven aquí: a través de su embajada reciben libros, consejos, sus hijos pueden hacer algo para mantener el proprio nivel. Para los italianos, nada, el vacío absoluto”.

Marinella se lanza en Internet y comienza a hablar de su historia, buscando asesoramiento, apoyo. Encuentra todo esto en la Maestra Manu, una profesora de Ancona (Italia), que la escucha, tranquiliza y ofrece incondicionalmente su método.

Antes de tomar una decisión, Marinella considera varias opciones: se informa sobre el homeschooling (escuela en casa), que pero descarta porque está convencida de que, con respecto a la escuela, los niños deben tener una figura educativa diferente a la de sus padres; vuelve a abrirse con la maestra del Caracol, explicándole con todo el corazón su punto de vista, comenta con la maestra Manu las diversas posibilidades.

Al final hemos hecho un rompecabezas: tres días a la semana Giulio va a la escuela materna al Caracol, donde habla español e inglés todos los días y se encuentra inmerso en un contexto internacional, lo cual está bien porque la tarde la pasa en la calle a jugar sólo con niños guatemaltecos, dos días a la semana viene una maestra en la casa a enseñarle matemáticas y la escritura, y el resto lo llenamos con lo que envía la maestra Manu – material lúdico y divertido, que para Giulio es una diversión, jugando aprende a escribir y leer en italiano. A pesar de todas las dificultades del caso, hemos encontrado un buen equilibrio y la idea de un futuro regreso a Italia me asusta menos. Al final el indicador para mí es verlo feliz y en paz en este momento”.
Y por qué sigua así, Marinella no ahorra su tiempo y su compromiso personal. Por la mañana todos se levantan muy temprano porque para llegar a San Marcos, donde se encuentra la escuela, hay que tomar el barco y cruzar el lago Atitlan. Se necesitan veinte minutos para llegar al muelle y otros veinte de barco. Para nada práctico, sobre todo cuando los niños salen en diferentes momentos. “La madre expatriada es un poco como una Barbamamá”, dice Marinella, haciéndome reír un montón, “se transforma según las necesidades y los ritmos de sus hijos. Cuando voy a recojer Giulio que sale al mediodía, y tengo que esperar a Elia que sale a las dos y media, me instalo en un parque y abro mi oficina portátil, una computadora con una conexión móvil con la cual puedo seguir trabajando mientras Giulio juega“.

El proyecto en el cual trabaja Marinella se llama Alma de Colores, y pueden verlo aquí (en italiano). Mil gracias a Marinella para este hermoso testimonio y por su importante labor con el pueblo de Guatemala.

 

 

Entrevista recojida por Claudiaexpat (Claudia Landini)
Jerusalén
Febrero 2013

Gracias a Alessandra, en Jerusalén, por la relectura

Photo credit main picture ©Guia Faglia

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