Home > Vida en el extranjero > Salud > Accidentes: la importancia de tener un protocolo de urgencia
Jean and Pilar

19 de marzo de 2007, en la oficina habían terminado la celebración del Día del Padre y yo me marché a casa a almorzar. Mientras conducía me llamaron al teléfono, era Eva, la persona que se ocupa del aseo en casa. Su voz estaba agitada y no entendía bien lo que quería decirme porque el nerviosismo le impedía ser clara. Me hablaba de Jean, mi marido, de un accidente en la casa, de que perdía mucha sangre. Colgué sabiendo que lo que ocurría era gravísimo, si bien no tenía una idea clara de lo que pasaba exactamente. Pensé que lo mejor era asegurarme de que una ambulancia estaba en camino y ponerme inmediatamente en contacto con el jefe de seguridad de mi trabajo, la Embajada de España. Intuía que él sabría cómo activar el dispositivo para una urgencia.

Mientras me acercaba a la casa iba pensando que tenía que estar tranquila, que debía de tener el mismo aplomo que otras veces en las que me había enfrentado a urgencias por mi trabajo en tareas consulares. Sin embargo, esta vez era diferente, se trataba de mi marido.

En el portón de la casa había al menos cuatro coches de la seguridad del barrio, gente con caras desencajadas que deambulaban de un lado para otro o hablaban por radio. El tiempo parecía ir mucho más lento.

Al aproximarme a la casa vi a Jean tumbado en el suelo, muy pálido, cubierto por muchas mantas. Una mujer madura sostenía su cabeza y un guardia de seguridad le aplicaba un torniquete con gesto nervioso. Me agaché para estar más cerca de Jean. La mujer me dijo «se ha hecho un corte profundo, ha perdido mucha sangre, necesita ya una ambulancia… tienes que ser fuerte».

Estaba claro, Jean se moría desangrado y yo tenía que actuar para atar a la desesperada los cabos sueltos que habían desembocado en esta tragedia. Tenía muy presente, por anteriores experiencias con accidentados, que son los detalles que se olvidan, la falta de coordinación de los auxilios que no se detecta a tiempo, lo que determina un desenlace fatal que en algún momento pudo revertirse.

Llamé desesperada a la seguridad de mi Embajada, decían que la ambulancia estaba en camino pero no llegaba. Alrededor el personal de seguridad ciudadana me decía que lo llevara en coche al hospital…¡¡Si yo hasta había olvidado que a 10 minutos había una clínica!!. ¿Y si lo movía y se ponía peor de lo que ya estaba? En realidad yo aún no entendía cuántos cortes tenía, cuánta sangre había perdido, hasta qué punto estaba al límite.

Al fin llegó la ambulancia. Viajamos a velocidad alucinada hasta la Clínica Alemana gracias al pasillo que habían abierto entre el tráfico los servicios de Carabineros de Chile. Lo único que oí en la ambulancia fueron los avisos de los paramédicos diciendo por radio que tenían un varón, de 38 años, en riesgo vital. Todo ocurría en una combinación de pesadilla de imágenes de urgencias que se creen congeladas en las series americanas o que no le van a pasar a uno. Ahora me tocaba a mí.

Jean with Terelù, our neighbour that assisted him

Jean con Terelu, nuestra vecina heroína que le asistió

Después de estabilizarlo en urgencias yo esperaba rodeada de gente maravillosa de mi trabajo y amigos que se habían enterado de lo sucedido y que me ayudaban a anclarme a tierra en esos momentos tan extraños. Intenté llegar al pabellón en el que tenían a Jean, hacía pocos minutos todo parecía tranquilo, pero ya no. Noté el nerviosismo en la cara del jefe de seguridad, que me empujo suavemente a la salida diciéndome que teníamos que dejarles trabajar. Al segundo vi pasar la camilla, los pies de Jean ensangrentados. Ocho batas blancas lo llevaban a galope a la sala de operaciones, una enfermera nos gritaba que necesitaban donantes 0-. El grupo sanguíneo de Jean que no es precisamente de los más comunes. Mi marido había perdido casi cuatro litros de sangre de un total de siete. Si bien le habían estabilizado al llegar a urgencias, la enorme pérdida de sangre le produjo una repentina recaída. Tenía la arteria braquial y el nervio radial seccionados en el brazo derecho, había que operar. Los médicos se preguntaban cómo podía seguir viviendo aún.

Al efecto de la tragedia recién vivida y de desenlace incierto, se unió la angustia de saber que necesitábamos conseguir rápidamente sangre de su grupo. Las redes de contactos de mis compañeros de embajada y la solidaridad de muchas personas hizo posible que las donaciones se materializaran. Esto que puede parecer un gesto de sentido común en Europa, donde es habitual donar sangre en campañas callejeras, no parecía estar tan extendido en Chile.

Finalmente, tras la transfusión, diez días en la Clínica y dos operaciones, Jean ha vuelto a la normalidad casi completa. Increíble que en tan sólo dos meses la vida pueda ponerte tan a prueba y ofrecerte, desde lo trágico, la vivencia intensa del cariño de los amigos, la solidaridad de los desconocidos, el redescubrimiento de la importancia del día a día…y tantas cosas que sentí de manera muy especial durante los días que siguieron al accidente.

Jean at the hospital

Jean se recupera

No obstante, no quiero limitarme aquí a volcar una serie de hechos más o menos emocionantes. Mi intención es llamar la atención sobre varios aspectos del accidente de Jean que creo que son útiles para los expatriados.

Cuando uno llega a una nueva ciudad, y más aún cuando no se domina el idioma del lugar, el cúmulo de cosas por hacer a veces impide que se tenga en cuenta establecer desde el principio lo que yo llamo un «protocolo de urgencia». En definitiva, tener claro qué hacer ante una emergencia sanitaria. A continuación detallo unos mínimos que pienso hay que considerar imperativamente en cualquier nueva instalación:

– TELÉFONOS DE URGENCIA: Elaborar una lista sencilla con los teléfonos de urgencias de un hospital cercano (este teléfono hay que probarlo, ver cuánto tardan en atender la línea y preguntar el tiempo teórico de envío de una ambulancia a la propia casa), de la policía y en su caso del servicio de vigilancia del barrio. Esta lista debe estar visible, por ejemplo colgada en la puerta del refrigerador y se debe enseñar a usarla a todos los miembros de la familia y al personal de servicio. La rapidez en la reacción puede salvar una vida.

– PRIMEROS AUXILIOS: Hacer un curso de primeros auxilios (muchas clínicas u otras instituciones organizan cursos gratuitos) y tener un pequeño manual al respecto en casa. La persona de la familia que haga el curso debe explicar lo más básico al resto (por ejemplo qué hacer en caso de una hemorragia, o si alguien se atraganta…). No se trata de ser héroes pero si de saber qué hacer mientras llega la ayuda profesional, que en todo caso debe ser activada antes que nada.

– CONOCE TU GRUPO SANGUINEO Y SI TIENES SANGRE POCO COMÚN INFÓRMATE DE DÓNDE HAY UN BUEN BANCO DE SANGRE O CREA TU PROPIA RED DE DONANTES ENTRE TUS CONOCIDOS. Sólo un 1% de la población mundial es 0-, el grupo más escaso y también el más importante porque son donantes universales. También son escasos los B- (2%), AB+ (3%), A- (6%), AB- (7%) y B+ (9%).

– BOTIQUÍN: Tener en casa un botiquín básico actualizado e informar a los miembros de la familia y personal de servicio de cómo usarlo. En las farmacias o en el curso de primeros auxilios pueden asesorar sobre qué tener y cómo organizarlo.

– CONOCE A TUS VECINOS: además de por pura educación puede llegar a ser muy útil conocer a los vecinos; puede que alguno sea médico o enfermero, puede que pasen todo el día en sus casas y sepas que puedes contar con ellos, pueden ser locales que saben mejor que tú misma a quién recurrir.

El estar en contacto con una experiencia tan límite y sentir la importancia de la ayuda de mucha gente para que todo saliera bien, me hizo consciente de la necesidad de ayudar a los otros a prevenir del mejor modo posible un accidente trágico en sus casas. Siempre se piensa que no te van a ocurrir cosas así y el día menos pensado, saliendo del trabajo recibes una llamada y de repente la máquina de lo irreal se pone en marcha. Dedica un poco de tiempo a planear tu propio protocolo de urgencia y el de la organización para la que trabajas, sería terrible tener que arrepentirse de no haberlo hecho.

Pilarexpat
Santiago de Chile
19 de mayo de 2007

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