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Tradicionalmente, cuando dejo un país, le dedico un saludo. Este adiós a Yakarta me ha llevado algo de tiempo y, ciertamente, es menos intenso que las despedidas de mis otros países (por ejemplo Jerusalén), pero me complace poder ofrecérselo y ofrecérselos 🙂 como último adiós a una ciudad en la que, para bien o para mal, pasé cuatro años de mi vida. Buena lectura.

 

Adiós, Yakarta, pensé mucho en este momento, a veces lo deseé intensamente, y también, como con todos los momentos de adiós, lo he temido. Pero no puedo decir que me voy con el corazón roto. Ya he explicado varias veces que esta es una despedida diferente, y en muchas otras ocasiones he compartido el hecho de que me pusiste mucho a prueba. Estoy segura de que, si mi estadía no hubiera estado marcada por tantos problemas de salud, nuestra relación hubiera sido diferente. Estos años han tenido un gran efecto en mí, me han puesto frente a una nueva condición de vulnerabilidad, que probablemente tendré que enfrentar para siempre. Pero esto no es tu culpa.

yakartaPor otro lado, ¿qué culpa tienes tú? Eres una ciudad maltratada por un desarrollo loco, que alimenta las contradicciones y contrastes, que ve cubrir con cemento a su población en constante aumento, que intenta mantenerse el ritmo de una modernidad impuesta, y sigue funcionando sin comprender, como un hámster que corre en la rueda.

Es por ellos, por tus habitantes, que me siento un poco triste de dejarte. Porque si no me gustaba lo que veía cuando miraba por la ventana (y nunca te perdonaré no haberme permitido caminar por tus calles y respirar tu atmósfera desde dentro), me encantaba ponerme en contacto con ellos o simplemente verlos vivir, reírse. Eso sí, extrañaré mucho esto: la atmósfera de relax y calma que, a pesar de todo, se respira en ti.

yakarta

Me enseñaste mucho en este sentido. Cuando pienso en mi estresado Milán, donde todos corren y miran constantemente hacia abajo, me digo a mí misma que eres grandiosa en esto: en vivir tu vida día a día de una manera serena. No es una vida fácil para muchos de tus habitantes. Las disparidades son muchísimas, estás congestionada por un tráfico que te deshumaniza, sumergida por la basura y los gérmenes, sin embargo, no se respira frustración en ti, la gente está calmada, relajada. Te lo dije cuando llegué y lo repito hoy: vivir entre tus habitantes calienta el corazón y abre la mente, porque ayuda a redimensionar nuestros reclamos.

Ciertamente me has dado mucho desde un punto de vista personal: un par de preciosas amistades, que permanecerán para siempre, y un éxito inesperado en mi trabajo. Sin embargo, si pienso en todo el período que pasé contigo, veo ante todo dificultades. Lo siento mucho, pero la dificultad es la sensación que ha marcado mi estadía. Debido a que tu aire está contaminado, a que no tiene aceras o áreas donde poder caminar, porque hablas muy poco inglés y aprender a vivir en Bahasa me hubiese llevado toda la duración de mi estadía, porque ir de un lado a otro tarda horas y horas del automóvil. De nuevo, no es culpa tuya que sean estos los aspectos que han pesado más en mi corazón.

yakartaMe alegra recuperar mi independencia e ir a un lugar donde puedo caminar y vivir la vida de las calles, pero me llevo conmigo la sonrisa de tus habitantes, la risa compartida, su generosidad, la disposición a ayudar y el recuerdo de una casa maravillosa (¡y un propietario maravilloso!), que durante años me hizo sentir protegida e inspirada, y que compartí con mi maravillosa Ani, una colaboradora en el más estricto y precioso sentido. Intenta no doblegarte demasiado Yakarta, no pierdas este maravilloso espíritu, no vendas tu alma a las locuras religiosas. Te recordaré como un gran caldero infernal del que preferí escapar, pero aún así como un caldero lleno de luz y humanidad.

Adiós, Jakarta.

 

Claudia Landini (Claudiaexpat)
Maio 2018
Toscana, Italia
Fotos ©Claudiaexpat
Traducido del italiano por Mociexpat

 

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