Home > América Latina > Argentina > Camila, made in China, nace en Buenos Aires
camila

Rupexpat nos cuenta la maravillosa aventura de su embarazo en China…

Hace tantos años! Cami tiene 14 espléndidos años y la historia de su gestación, versión libre y adaptada, era uno de los relatos que más le gustaba escuchar cuando era chica.

Por aquel entonces vivíamos en un pueblo del litoral argentino en la frontera con Paraguay y corría el año 91 ( el siglo pasado! ) , cuando nos llegó la propuesta de un nuevo traslado… a la China ! a un pueblito a orillas del río Yalong, perdido entre las montañas, en la provincia de Sichuan.

China…! cómo decir que no? Con mucho entusiasmo, un poco de temor y muchas dudas nos preparamos emocionados para la gran aventura… Mi marido partió unos meses antes y yo con Pablo, que tenía en esa época 2 años, unos meses después. Recuerdo aquel primer viaje interminable, entre aeropuertos, esperas y hoteles, hasta quenuestro tren finalmente llegó a la estación tan esperada: Pan Zhi Hua, la ciudad más cercana a nuestro destino final. Y desde allí en auto hasta el lugar donde se estaba levantando el campo donde íbamos a vivir. Era el mes de julio,plena estación de lluvias, lo que quería decir lluvias continuas hasta el mes de septiembre, y barro hasta la pantorrilla. Recuerdo que cuando bajé del auto y me enfrenté a la fuerza y majestuosidadde aquel paisaje enseguida penséque ese lugardonde la naturaleza aparecía como una fuerza generadora tan continua y obstinada era el lugar ideal para concebir mi segundo hijo.

El último año antes de viajar había perdido dos embarazos, el primero al segundo mes y el segundo,al quinto mes, a causa de una infección durante el segundo trimestre. Los médicos me habían recomendado esperar dos años antes de intentar un nuevo embarazo para reponerme y para que ya no quedasen rastros del virus. Cuando llegué a mi nuevo destino supe que aquel era el mejor lugar para volver a intentarlo pese a que las condiciones sanitariasno eran las mejores. El lugar era de una belleza conmovedora, casi mágica, donde todo crecía y todo era verde. Nuestra casa estaba construida sobre una terraza en la ladera de la montaña desde donde se veía todo el valle, las huertas de los campesinos y el río corriendo allá abajo. Recuerdo cada despertar y cada mañana en contemplación casi mística deaquellas montañas envueltas en la niebla.

En la casa de al lado vivía un medico francés muy amable con su familia. Él era el encargado junto con una enfermera de atender a todos los expatriados en una sala de primeros auxilios montada río abajo y fue élquien me dio el resultado de mi test de embarazo exactamente 1 año y mediodespués de mi llegada. Estaba feliz, estábamos felices! Y al mejor estilo animistaese día agradecí a los espíritus de las montañas y a los dioses de la naturaleza haberme dado otra oportunidad!

Pero así como mi primer embarazolo había transitado con absoluta serenidad, optimista y confiada en mi buena estrella, el embarazo de Camila me encontró angustiada y llena de temores. Ya había experimentado que la buena estrella va y viene y tenía miedo que la mía nunca mas volviese. Las perdidas anteriores habían dejado sus huellas ya medida que pasaban las semanas comencé a vivir la angustia y la impotencia de que todo se volviese a repetir, con el agravante que esta vez en aquel lugarno teníamos medios adecuados para enfrentar situaciones difíciles. Decidimos entonces que al inicio del séptimo mes partiría hacia Buenos Aires.

En aquellos primeros mesestrataba de estar en contacto telefónico con mis médicos argentinos (no teníamos Internet, las comunicaciones eran difíciles y había 12horas de diferencia entre los dos países) para tenerlos al tanto de los resultados de los controles que me iba haciendo. Todo estaba en orden, pero lamentablemente el médico francés en el cual confiaba volvió a su país y su reemplazante, un medico italiano, ya de edad avanzada, no logro inspirarme la confianza suficiente como para ponerme en sus manos, así que decidí recurrir al hospital local de la ciudad mas próxima, por supuesto con interprete. El hospital había estrenado hacía poco tiempo su primer ecógrafo (el primero en la zona,) y decidimos probarlo.

Recuerdo el temor y la ansiedad con la que llegué a esa primera visita al hospital. Había sido a través de las ecografías rutinarias de control que los médicos habían descubierto que mis últimos embarazos ya no daban señales de vida y desde aquel entonces cada vez que me hacía una ecografía me sentía como yendo al cadalso. El hospital era un edificio antiguo, gris y frío, con patios interiores donde los pacientes se iban amontonando esperando ser atendidos o trasladados. La sección de maternidad eran un inmenso pabellón de techos altísimos con hileras interminables de camas donde las neo mamas atendían a sus bebes, y allí en un rincón estaba el consultorio donde iban a revisarme. Valiéndome del interprete explique al doctor todos mis antecedentes y él amable y sonriente pasó a examinarme. Con un metro y un compás de ramas curvas en mano comenzó a medir minuciosamente longitudes, ángulos y distancias entre todos los puntos imaginables de mi cuerpo (a veces pienso que extrañas correlaciones y correspondenciasestaría buscando). Su conclusión fue que todo estaba normal y que me quedase tranquila hasta el próximo control al mes siguiente. De allí pasé a visitar al ecógrafo. Me acostéen la camilla y comenzó el estudio , pero para mi sorpresa de ahí a pocoempezaron a llegar personas y más personas …, todas con delantales blancos, que se iban agolpando delante de la pantalla del ecógrafo y me imagino (porque nunca lo supe)comentabanlo que estaban viendo (o lo que no estaban viendo). Después de un rato de nervios e incertidumbre en el que imaginaba que estaban viendo cosas horribles le pregunté a mi intérprete que por favor me dijera que era lo que estaba pasando y ahí me enteré que el especialista encargado del ecógrafo nuevo todavía no había llegado a la ciudad, y que los médicos estaban tratando de descifrar las imágenes que veían. Después de esto y pese a la gentileza y a la buena disposición de todos decidí adelantar un mes mi partida.

A diferencia del embarazo de Pablo en el que no había sufrido nauseas, ni mareos, en el de Camila me parecía estar todo el día a bordo de un barco durante una tormenta en alta mar. , las mujeres se reían y me decían “es una nena”, y efectivamente , aprovechando mi viaje a Buenos Aires , me detuve unos días en Hong Kongpara hacerme nuevamente una ecografía ! y allí me confirmaron mi casi certeza , que si, era una nena y estaba en perfectas condiciones. Respiré!

Llegué a Buenos Aires comenzando mi sexto mes, feliz de poder hablar en mi idioma, de reencontrarme con mis médicos, de estar en casa donde mi hijo era cuidado y mimado por sus abuelos y tíos ( su abuela paterna también había llegado de Italia para estar con él!) y de poder mandarlopor primera vez a un jardín de infantes! Solo me faltaba Giuseppe, que había quedado en China, para compartir la espera, pero sabía que él iba a llegar para el parto y que esa había sido la solución más sensata para los dos, los tres, los cuatro!

Al octavo mes en una ecografía de rutina me detectaron una disminución en el líquido amnióticoy me ordenaronguardar reposo total y absoluto, con controles cada tres días. Así que los últimos meses los pasé en la casa de mis padres, súper cuidada y en compañía de mi familia y amigos.

Cami no se hizo esperar, llegó por cesárea el día exacto en que estaba prevista. Era muy chiquitita y los médicos no querían arriesgarse a tener ninguna complicación (y yo mucho menos) Y así fue como ella, made in China,nacióen Buenos Aires.

A sus 45 días, apenas el pediatra nos dio permiso, nos embarcamos todos rumbo a Chinaotra vez!Y al llegar a casa con Camila en brazos y Pablo de la mano sentí que aquel valle, más verde y encantado que nunca, nos estaba sonriendo.

Wang, una amiga de aquella época, oriunda de Pan Zhi Hua y con quien sigo en contacto casi permanente me contó que el hospital, aquel viejo y gris que yo conocí, ahora es uno de los mejores de la provincia y cuenta con una sección de maternidady neonatología ultramodernas.Y además desde el 2003 la ciudad tiene aeropuerto!

Rupexpat
Sao Paulo, Brasil
Febrero 2009

 

(Visited 21 times, 1 visits today)

Ya que estás por aquí…

¿podemos pedirte que nos invites un caffe ? ¡Es una broma!, pero solo hasta cierto punto. Quizás has notado que Expatclic no tiene publicidad ni contenidos pagados. Desde hace 16 años trabajamos para proporcionar contenidos y una asistencia de calidad a las mujeres expatriadas en todo el mundo. Pero mantener un sitio tan grande conlleva muchos gastos, que cubrimos en parte con nuestras cuotas de adhesión a la asociación que maneja el sitio, y con donaciones libres de quienes nos aprecian y quieren que sigamos trabajando. Si tu pudieras darnos aunque sea un pequeñísimo aporte para cubrir el resto, estaríamos inmensamente agradecidas. ♥ Puedes ayudarnos con una donación o haciendote socia honoraria. Gracias de todo corazon.

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*