Home > Familia y Expatrio > Familia en el país de origen > Cuando la distancia se vuelve un peso – el luto en el expatrio

Traducido del italiano por Rupexpat

Las intervenciones citadas fueron extraídas del tópico “Cuando la distancia se vuelve un peso”, Fórum de Psicología Expat

Tomo como inspiración el tópico del cual sale el titulo de este articulo para hablarles de como se viven en la expatriación los momentos graves de la vida, tales como la enfermedad y la muerte de una persona querida. Qué ocurre si un familiar o un amigo se enferma o debe someterse a una cirugía a kilómetros de distancia de nosotros? El estar lejos se percibe siempre, en estos casos, como un obstáculo. El no estar físicamente presente y el no poder evaluar las verdaderas condiciones de la persona enferma desencadena angustia, derivada también de la sensación de que los otros nunca nos dicen como están verdaderamente las cosas.

Mi abuela fue operada hace 15 días, por suerte había logrado ir a Italia a principios de septiembre cuando todavía no sabia nada, y por lo menos pude verla. Pero esperar la llamada telefónica, estar todo el día en pena para saber que la operación al menos había ido bien…es siempre una angustia continua.” (Selena)

Dos años atrás por ejemplo mi hermano cayó del caballo, aterrizando de cabeza sobre una piedra; esto fue el primero de diciembre. Mi madre me contó lo que pasó recién 15 días después, cuando mi hermano ya había vuelto a casa del hospital…, a mi me hubiese gustado saberlo, no para preocuparme, pero para estar lista para partir en el caso que la operación no hubiese salido bien” (Cricchellina)

   …aunque estemos lejos y no siempre al corriente de lo que está pasando hay siempre un sexto sentido que nos hace enderezar las antenas…” (Giulietta).

El ocultarnos como van realmente las cosas tiene como objetivo protegernos y no alarmarnos inútilmente, pero también tiene que ver con mecanismos de defensa que nos llevan siempre a minimizar y negar lo peor. Pero como dice Claudia está bien insistir y explicar que para nosotros saber la verdad es de fundamental importancia: “…y de cualquier manera finalmente creo que es importante, en el momento en el cual expatriamos, decir muy claramente y en profundidad que vivir lejos no es un paseo cuando ocurren situaciones de este tipo, y que si lo pedimos tenemos todo el derecho de ser informadas de la misma manera que si estuviésemos presentes allí… (Claudia)
Quien vive indirectamente estas experiencias, por teléfono o conectado a la red, paradojalmente experimenta altos niveles de stress y no siente, aunque sea mínimo, el alivio que brinda el compartir la angustia y el dolor con el grupo familiar o de amigos. Subyacen también los sentimientos de culpa que derivan del no estar presente para ayudar y consolar.

En lo concerniente al tema de la muerte el discurso es todavía más complejo. Lo que quisiera analizar aquí es como el vivir lejos influye en la elaboración del luto. Para hacer esto presentaré a continuación las diversas fases de este proceso.

La primera fase es la negación acompañada del shock, aquí también entra inmediatamente el dolor, muchas veces junto con la rabia, los sentimientos de culpa por no haber hecho todo lo que se podía por la persona que murió, por haber tal vez experimentado sentimientos negativos en relación a ella….

A esta fase sigue una de reparación, caracterizada por la idealización de la persona desaparecida: solo recordamos los aspectos positivos, episodios de felicidad…

La superación del dolor acompaña la última fase, de interiorización: la persona se vuelve parte de nuestro mundo interno, aceptamos la idea de no verla más. El periodo de tiempo necesario para la elaboración del luto es variable y participan en este mecanismo infinitas variables.

Veamos que pasa cuando se vive lejos:

… yo no me había despedido de él de ningún modo (en mi interior) aun sabiendo que estaba enfermo, porque tuvo una recaída imprevista que fue más veloz que todas nuestras reflexiones y elaboraciones…recuerdo que a un cierto punto tuve una necesidad casi física de ir al cementerio para ver donde descansaba porque sentía dentro de mi algo muy loco, como un no haber podido verdaderamente hacer mía esta cosa…” (Claudia)

Si no se puede participar en el funeral es como si la fase de negación quedase congelada. No se acepta la idea de la muerte. Volver al ritual cumplido, que atribuye a la muerte un significado y un reconocimiento colectivo, nos pone frente a la ausencia desnuda y cruda, con una relativa sensación de consternación.

“Encontré muy difícil elaborar los lutos en el expatrio.. Necesité tiempo entre el accidente y el día en el cual tomé el avión para poder participar al funeral. Un tiempo extraño en el cual a la angustia de creer que todo eso fuese posible, se sumaba siempre la esperanza que una vez aterrizada me dijesen “…era todo una broma!!!!” (Alessandra)

…cuando estos “rituales” no se viven…es como si dentro de mi hubiese puertas que deberían ser cerradas, cosas en suspenso” ( Alessandra)

Queda algo de no resuelto, está la incapacidad de despedirse.

…pero la cosa “linda” de estas muertes es que, no viviéndolas “ en vivo” me hacen pensar en las personas desaparecidas como si aun continuasen viviendo allí, en mi pueblo, como si cada día ella continuase. Justamente porque yo no puedo probar la falta de esta persona es que no logro sentir la separación completa. Y tal vez, desde un cierto punto de vista, sea algo bueno” (Selena)

La superación del luto en su fase final parece dilatada en el tiempo si se vive en expatrio. Concretamente, de hecho, para quien vive lejos no hay grandes diferencias en la cotidianidad, entre el antes de la muerte y el después, por lo tanto es mas fácil negar y rechazar la idea de una ausencia. Por otra parte esto puede amplificar el dolor, mantenerlo actual, impidiéndonos transformarlo en algo aceptable para nuestro sistema.

Experimentar un luto en expatrio podría también hacernos advertir el deseo de acercarnos a nuestra familia, a nuestras personas queridas, tal vez por un periodo. No es un impulso equivocado, no nos debe preocupar, ni hacer rever nuestro proyecto de vida, incluso, seria bueno actuarlo. La elaboración del luto, sobre todo si se trata de un familiar muy próximo, podría de verdad traer una devastación de todo nuestro mundo interno y, como reflejo, de todo el sistema de relaciones que nos rodea. Podría llevar a una relaboración de nuestras creencias y de nuestros puntos de referencia.

Volver a “casa” puede significar recortarse un espacio protegido donde lamerse las heridas, volver a partir de una “base segura” para continuar con nuestro peregrinar. Con este propósito termino el artículo aconsejándoles una lectura, no especializada, sobre el luto:

Chaterine DunneEl jardín vallado

 

Lisaexpat
Khartoum, Sudan
Noviembre 2009

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