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marley

Lia es la sobrina de Claudiaexpat, y ha vivido algunos meses en Jérusalen. En este divertido artículo nos cuenta su aventura en salir de Israel con su perro Marley. ¡Gracias Lia!

 

Digamos que un perro no se siente menos cuando sale del aeropuerto de Tel Aviv. Es más, lo tratan con los mismos honores con los que tratan a sus dueños.

Marley ha recibido un temidísimo 6.1 (código de clasificación de la “peligrosidad” del sujeto que va de 1 a…justamente 6) como yo y mientras un señora muy gentil e inflexible se dedicaba a desarmar mis maletas pedazo por pedazo, su colega le daba el mismo trato a las cosas de Marley, desde su jaula y su plato hasta su colcha. Al mismo tiempo mientras una, otra vez, gentil e inflexible señorita se dedicaba a inspeccionarme en un cuartito, una colega suya palpaba y tocaba a Marley. Mientras mis maletas eran pasadas por los rayos X, la jaula, plato, colcha, correa, collar, collar antipulgas y hasta los huesos de Marley sufrían la misma suerte.

A la entrada me sorprendió el que no me hubieran pedido ver todo el millón de papeles que había debido conseguir para hacerlo entrar al país (pasaporte, tarjeta sanitaria, declaración de buena salud, y fax con un módulo pre impreso que tuve que retirar de la veterinaria ASL y enviar máximo 10 días antes del viaje al aeropuerto), a la salida no me habían ahorrado ni un centímetro de papel, me han pedido que muestre diligentemente todo. Me pidieron también el certificado de registro de Marley en el veterinario local sin el cual está el riesgo que el animal deba pasar por cuarentena antes de partir, por lo tanto, para quien viaja, es importantísimo conseguir este certificado (lo hace cualquier veterinario a un costo de 20 euros) mientras se resida en Israel.

Por último pero no menos importante, al momento de transportar la jaula (20 kg.) a la parte de equipaje de gran tamaño, esperándonos estaba un señor mayor que nos concedió el honor a mi pareja y a mí de cargar la jaula y colocarla en la cinta transportadora.

La escala a Paris CDG no fue menos ya que por una extraña ley del aeropuerto tuve que pasar todas las 6 horas y media de conexión en el área que está antes del check in, ya que con el perro no podían hacernos pasar al área duty free a menos que mandase la jaula al depósito de equipaje con varias horas de anticipación.

Estos párrafos los estoy escribiendo sentada en el aeropuerto, en un sillón, al lado de una persona sin hogar de mediana edad que duerme, con un carrito sobre el cual he logrado milagrosamente apilar la jaula, mi maleta de 20 kgs., mi maletín de mano de 12 kgs., la computadora y el bolso. Y, obviamente, Marley está echado a mis pies seguramente preguntándose si he decidido seguir el estilo de vida de mi vecina de asiento.

Luego de un reparador te que, además de haberme costado 2.70 euros, me ha tenido haciendo cola por 10 minutos con una mano ocupada con la correa de Marley, la otra tratando de mantener las maletas en su sitio, el codo empujando el carrito para hacerlo avanzar y un pie parando a Marley que trataba de oler y lamer a todos los vecinos de la fila, es casi hora de mi vuelo. ¡De Milano les escribo el próximo capítulo!

Vale la pena mencionar un procedimiento de seguridad seguido en el aeropuerto de Tel Aviv de cuya legalidad tengo ciertas dudas y que prevé que la jaula del perro sea sellada con clips de plástico que no se pueden abrir sino es con una tijera que, obviamente, yo no tenía y que ha requerido en Paris unos veinte minutos de esfuerzo de parte de los empleados en la zona de equipaje que no estaban preparados para abrir la jaula inmediatamente. Por otro lado, siendo una escala, en Paris han debido sellar otra vez la jaula (parece que debe repartir exactamente como ha llegado) y, por lo tanto, todo el problema de la apertura se ha repetido al llegar a Malpensa.

 

Lia
Tel Aviv/Paris/Milan
Deciemire 2011

Artículo traducido por Mociexpat

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