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Traducido del italiano por Maria Eugenia Carmona

Claudiaexpat recuerda su periodo en Honduras, y nos cuenta sus estrategias para «sobrevivir» ūüôā

He vivido en varios países africanos desde 1989 a 1997 y me adapté muy bién (aparte Angola, donde fué un poco más problemático). Cuando, en 1999, nos trasladamos a Honduras, sufrí un verdadero choque cultural. Lo he explicado ya varias veces en los foros y en otros artículos que he escrito, y no me extenderé en el porqué el impacto con la cultura latinoamericana fue así de fuerte para mí. Lo que me interesa es hacerles comprender que el primer período en mi nuevo país lo viví de manera particularmente intensa por este motivo, pero tal vez sobretodo porqué Honduras es un país muy particular, incluso en el contexto de la América Central.

En aquella √©poca (m√°s de diez a√Īos atr√°s, aunque no creo que las cosas hayan cambiado de modo dr√°stico) en Tegucigalpa no hab√≠a nada atrayente, ni en el aspecto cultural, ni laboral. Naturalmente las primeras cosas que se tratan de entender en el nuevo pa√≠s est√°n ligadas a la calidad de vida: seguridad, cultura, posibilidad de realizar actividades con la familia, con la pareja, individualmente, variedad de ofertas en diversos niveles. Debo decir que mientras en Africa no me esperaba un amplio margen de opciones en cuanto a libros y cine se refiere, aterrizar en Tegucigalpa me hab√≠a creado la ilusi√≥n de poder relajarme desde este punto de vista: me desped√≠ de mi amada Africa, pensando que al menos llegar√≠a a un pa√≠s que a primera vista me parec√≠a m√°s desarrollado. Me equivoqu√©. Descubr√≠ muy pronto que las librer√≠as en Tegucigalpa eran solo dos (una en el centro donde se aconsejaba calurosamente no ir debido a los asaltos que sufr√≠an las personas) con una selecci√≥n limitada a la industria editorial latinoamericana, y otra, que adem√°s alquilaba videos, ten√≠a seis t√≠tulos en ingl√©s y basta. Los cines no faltaban (aunque algunos abrieron despu√©s de mi llegada): los cl√°sicos multisalas olorosos a «pop corn» con opciones de pel√≠culas que iban desde Rambo a Exterminator y raramente algo m√°s. Centros culturales, ni la sombra. Ah si, exist√≠a la Alianza Francesa, que a mi llegada organizaba un evento al a√Īo. Un teatro simp√°tico a donde habr√© ido no m√°s de seis veces en cuatro a√Īos (y les aseguro que no me perd√≠a jam√°s un espect√°culo) , y el √ļnico sitio verdaderamente amable donde llevar a los ni√Īos a hacer algo de creativo, P√≠ntame, que ofrec√≠a la posibilidad de pintar una pieza de cer√°mica para despu√©s cocerla al horno y llevarla finalmente a casa toda brillante, cerr√≥ sus puertas luego de mi llegada. En lo que respecta al deporte, exist√≠a (al inicio) un complejo deportivo sobre el cual no tengo nada que objetar porque adem√°s de contar con una piscina respetable, organizaba cursos de diversos tipos y todos muy interesantes. Paseos dominicales? Valle de Angeles o Santa Luc√≠a,los √ļnicos sitios en los que se pod√≠a llegar en una jornada, y menos mal que ten√≠an buenos restaurantes porque en el panorama desolador de la cocina hondure√Īa, se com√≠a verdaderamente bien, pero ya al tercer domingo se conoc√≠an de memoria hasta las piedras del camino, y el entusiasmo se apagaba.

Mitch

Mitch

Si debo ser profundamente sincera, admito que todo esto no fu√© un peso en mi coraz√≥n : una vez superado el choque cultural, me encontr√© feliz en Honduras, como me ha sucedido en todos los otros pa√≠ses en los cuales he vivido. Pero esta felicidad de todas maneras me la tuve que organizar, busqu√© cosas que me llenaran los d√≠as, que dieran un sentido a levantarme y salir de casa. En esa √©poca no hab√≠a fundado a√ļn Expactlic, y Tam tam femme mi primera red de mujeres, resent√≠a mi alejamiento de Africa, sin contar adem√°s, con un sitio web presentable, que pudiera permitirme estar en contacto con gente de todo el planeta, como ocurre ahora con Expatclic. No trabajaba, porque el contrato de mi esposo no me lo permit√≠a, las √ļnicas cosas «en negro» que hab√≠a encontrado eran pagadas muy poco, lo cual me hizo desistir inmediatamente, y los ni√Īos estaban en la escuela la mayor parte de la jornada. C√≥mo entonces «sobreviv√≠» a esta situaci√≥n y a este pa√≠s?

Antes que nada la casa: viv√≠amos en un sitio bellisimo (en medio de una selva) que me hac√≠a sentir bien cada vez que miraba fuera de la ventana, era un lugar tranquilo, hermoso de observar, con tanto verde y serenidad entorno. Considero que la elecci√≥n de la casa es particularmente importante en la expatriaci√≥n, sobretodo cuando el pa√≠s en el cual nos encontramos viviendo no es el m√°s «efervescente» del planeta.

Segundo: mi perro. Fu√© en Honduras que encontramos a Mitch, un espl√©ndido lobezno que entr√≥ a formar parte de nuestra familia a la edad de dos meses. Aunque si no me ocupaba de √©l, obviamente, de manera predominate, su presencia de afectuoso cachorro daba un tono de calor y alegr√≠a a mis d√≠as, sobre todo al principio. Un animal no es solo importante en la aventura familiar de la expatriaci√≥n a nivel global, puede ser una gran fuente de compa√Ī√≠a y dicha al inicio (y hasta el final) .

Tercero: mis lecciones de espa√Īol. No pronunciaba una palabra a mi llegada, y me expresaba en un mixto de italiano, portugu√©s y «vamos a la playa» lo cual significaba una tristeza para m√≠ al tratar de comunicar y me hac√≠a sentir a√ļn m√°s aislada.Lo primero sobre lo cual me inform√© fu√© si exist√≠an profesores que dieran lecciones de espa√Īol privadas. Encontr√© una excepcional, pero que daba las lecciones de la otra parte de la ciudad, lo que me ocupaba toda la ma√Īana, para ir, hacer el curso y regresar. El contacto con Liliana, aunque si era ocasional, me daba una gran carga de energ√≠a, porque mientras aprend√≠a el espa√Īol poco a poco, hablaba con una mujer local que me explicaba una serie de cosas importantes para mi cotidianidad.

Con las amigas de CODOI

Con las amigas de CODOI

 

Una vez organizadas estas cosas de base, comenc√© a buscar personas que enriquecieran mi c√≠rculo de amistades. Naturalmente como todas las madres de ni√Īos peque√Īos, inic√©√® por la escuela de mis hijos. Identifiqu√© de modo bastante r√°pido un par de padres hondure√Īos particularmente simp√°ticos, con los cuales se deb√≠a esperar un poco de tiempo antes de iniciar a frecuentarlos fuera de la escuela. El c√≠rculo de los expatriados no era grande, pero encontr√© a alguien, este alguien (una espl√©ndida mujer nigerina, en realidad, con la cual no he perdido jam√°s el contacto) me introdujo en el m√≠tico CODOI, Comit√© de Damas de Organismos Internacionales. Tambi√®n de esta peque√Īa pero gran asociaci√≥n he hablado en muchos de mis art√≠culos, sin embargo es para m√≠ significativo subrayar cuanto me salv√≥ en un momento que andaba a tientas en b√ļsqueda de cualquier cosa que para m√≠ tuviese sentido en relaci√≥n al pa√≠s que me alojaba. Debo decir que la primera vez que fu√≠ a una reuni√≥n en realidad no estababa convencida de quererme integrar: me parec√≠a el cl√°sico comit√© deancianas (en aquel momento era todav√≠a joven) con el l√°piz labial y la cartera abultada, que se dedican a preparar la fiesta de Navidad a los hu√©rfanos (y esta, es una cosa a la cual soy un poco al√©rgica) pero tuve rapidamente que pensarlo de nuevo, detr√°s de estas se√Īoras decididas, altamente motivadas y muy din√°micas, exist√≠an proyectos verdaderamente interesantes seguidos con muchisimo amor y participaci√≥n.

El presidente Maduro y su esposa inauguran la marcha en contra del SIDA

El presidente Maduro y su esposa inauguran la marcha en contra del SIDA

En particular – y esto coincidi√≥ con el per√≠odo en el cual fu√≠ presidente del comit√©- segu√≠an la unidad pedi√°trica de quemados en el hospital p√ļblico m√°s grande de la ciudad. Us√°bamos los fondos que recolectabamos en diversos modos (entre los cuales estaba un financiamiento del gobierno canadiense) para taponar lo que las desvencijadas cajas p√ļblicas no alcanzaban a hacer. No era un simple tranvase de fondos, sino un involucrarse (al menos para m√≠, y ciertamente para un gran n√ļmero de se√Īoras del comit√©) a un nivel muy √≠ntimo con los ni√Īos quemados, sus familias y el personal m√©dico -excepcional- a trav√©s del cual nos acercabamos a situaciones y necesidades sobre las que no ten√≠amos la m√≠nima pr√°ctica. Durante aquel per√≠odo asistimos a decenas de familias v√≠ctimas de los accidentes por quemaduras, reorganizamos un bellisimo espacio al interno de la unidad, que los ni√Īos pod√≠an usar para jugar, hacer ejercicios saliendo de la tristeza de su cama de hospital, y colaboramos con la unidad pedi√°trica de enfermos de HIV, impuls√°ndonos hasta organizar una enorme marcha para sensibilizar al p√ļblico en general, sobre el problema del virus, marcha en la cual logramos tener la presencia del presidente para el momento y su primera dama!!!! Un trabajo que me rindi√≥ verdaderamente orgullosa, me hizo sentir cercana al pueblo hondure√Īo, ense√Ī√°ndome tanto de la realidad local.

Despu√©s naturalmente estuvo el baile!!! Una revelaci√≥n para m√≠, una sacudida violenta, una actividad que me conquist√≥ como jam√°s me lo habr√≠a esperado, que fu√© m√°s all√° del simple ejercicio f√¨sico. Honestamente no recuerdo ni siquiera como me acerqu√©, no hab√≠a sentido nunca pasi√≥n por el baile en general, y tampoco soy muy deportista. Tal vez algui√©n me hab√≠a hablado?…De hecho est√° que el d√≠a que fu√≠ (siempre con la famosa amiga nigerina) en esta escuelita coducida por un cubano casado con una hondure√Īa, me pareci√≤ todo extremadamente complicado, pero me gust√≥ la atm√≤sfera √≠ntima y familiar del lugar. Me lanc√©, no obstante al inicio no lograba mover un pie, ni imaginar dos (lo he hablado antes aqu√≠) luego de un par de meses inici√© a ver alg√ļn resultado y sobretodo a divertirme como loca. Iba todos los d√≠as, me mov√≠a al ritmo de la m√ļsica, me relajaba y permanec√≠a alegre toda la jornada. A trav√©s del baile hice muchas amigas, y estrech√© lazos muy fuertes tambi√©n con los profesores de baile: Osmel y su esposa, los propietarios de la escuela, ten√≠an adem√°s un restaurante de comida cubana, que se convirti√≥ en un punto de encuentro muy s√≠mp√°tico entre nosotras, bailarinas apasionadas, depu√©s estaba Jos√©, nuestro profesor garifuna, un muchacho inteligent√≠simo y un incre√≠ble bailar√≠n, y Miguel, un joven muy sensible con el cual naci√≥ una amistad extraordinaria que mantengo a√ļn ahora. Con los profesores y las amigas bailarinas sal√≠amos frecuentemente, nos bat√≠amos en los locales salseros en voga de la ciudad, y nos divert√≠amos sinceramente tanto. No puedo pensar a mi per√≠odo en Honduras sin recordar la espl√©ndida aventura con el baile latino, y todo el capital humano que se construy√≥ en torno.

Con Miguel, mi estupendo profesor de baile

Con Miguel, mi estupendo profesor de baile

 

A este punto pueden imaginar cuanto fuese plena mi vida en Tegucigalpa: entre el baile, el CODOI, la escuela de mis hijos(era delegada de curso por lo que participaba activamente en reuniones, etc) los ni√Īos crec√≠an estupendos, el c√≠rculo de amistades que me hab√≠a creado, no solo sobreviv√≠ en Honduras sino que me traje una cantidad de bellas amistades y recuerdos que incluso hoy, a distancia de a√Īos, continuan a dar calor a mi coraz√≥n.

 

Claudiaexpat
Jerusalén
Marzo 2013

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