Home > Familia y Expatrio > Familia en el país de origen > Huérfanas del COVID-19: la muerte de mi mamá en la distancia

Como muchas entre Ustedes saben, hace poco perdí a mi mamá, en Milán. En este artículo voy a tratar de analizar mi experiencia y los puntos en común con la de todas las huérfanas del Covid-19: las expatriadas que no pudieron regresar para este momento tan importante.

 

Huérfanas del Covid-19 es una definición que usó una amiga cuando le dije che mi mamá había sido golpeada por el virus y estaba en coma. Me pareció precisa.

El 21 de febrero se registró el primer caso de COVID-19 en Codogno. Después pasó lo que sabemos. Pero quién no tenga padres en una residencia para ancianos (RSA) en Lombardía, no puede saber que hasta el primero de marzo en las RSA podía entrar cualquier fulano, y sin mascarilla. Naturalmente también el virus entró.

Con fecha primero de marzo se da la comunicación de la residencia en la cual se encontraba mi mamá que afirma “mientras no haya nuevas directivas por parte del Ministerio o la Región Lombardía, queda vigente la prohibición de visita por parte de Familiares y Conocidos en horarios que no correspondan al almuerzo o la cena. En esos espacios de tiempo se permite la entrada a solamente un visitador por paciente”. Sin mención alguna acerca de mascarillas u otros dispositivos de protección.

Mi hermano me hizo llegar la nota añadiendo con ironía: “A la hora del almuerzo el virus descansa!”.

orfane covid-19

Foto de Silvia Tavecchio

Solamente el domingo 8 de marzo, o sea después que pasaron más de dos semanas desde el primer caso en Codogno, las RSA cerraron todas sus puertas a los visitantes. Naturalmente ya era demasiado tarde. El virus había entrado sin encontrar obstáculos y había empezado su lenta masacre entre los más débiles.

Vi a mi mamá por última vez el viernes 20 de marzo por medio de una video llamada. Estaba rodeada por operadoras enfundadas desde la cabeza hasta los pies, y ya no era ella. Por toda la duración de la llamada no abrió la boca. Miraba mi rostro entrecerrando los ojos, como si no tuviera idea de lo que estaba pasando. Estabara pálida y tenía la boca seca. Sólo logró levantar débilmente la mano por insistencia de las operadoras. Su último saludo.

Entonces me preparé para lo peor. Cuando el 24 de marzo desde la Residencia nos llamaron para comunicar que mi mamá había contraído el virus, no me sorprendí.

Pero delante de mis ojos se me presentó con violencia lo que me esperaba: la muerte de mi mamá en la distancia.

En mi vida de expatriada he pasado realmente por todo. Creía de haber probado ya todo el abanico de emociones causado por los eventos generales de mi vida ligados a la vida móvil, pero me equivocaba. Ésta de la muerte de mi mamá en la distancia ha sido la más dura.

La espera ha sido desgarradora, devastadora. No sabría describirla de otra manera. Saber que la persona que te dio la vida va a morir pronto y esperar en la imposibilidad total de hacer cualquier cosa, es de lo más terrible que me tocó vivir hasta ahora.

orfane del covid-19Han sido días tan oscuros y cargados de ansiedad, que cuando el 4 de abril nos avisaron que mamá nos había dejado, probé una fuerte sensación de alivio. Tan fuerte que me parecía no estar sufriendo lo suficiente. Me sentía como bajo anestesia.

Esta sensación de estar bajo una anestesia emotiva sigue, aunque con el pasar de los días empiezo a lograr escribir, a llorar, a dar a lo que ha pasado una dimensión de realidad.

Creo que para todas las huérfanas del Covid-19 el camino sea muy parecido. Se trata de un proceso que no se puede separar de las circunstancias dadas por la expatriación. Porque si es cierto que los demás familiares tampoco han podido tener la mano de nuestras mamás, ni acompañarlas en su último viaje, para quién vive a kilómetros de distancia la irrealidad es aún más violenta.

Nos encontramos en contextos en los cuáles nuestras mamás no tuvieron nada que ver. De repente ni siquiera estuvieron de visita en los países que nos acogieron. Si, como en mi caso, la expatriación es muy reciente, con mucha probabilidad también nos encontramos sin objetos queridos, comunes en la familia, que se puedan acariciar y tener cerca para favorecer el doloroso proceso de la pérdida. O tal vez no tenemos con el nuevo país esa confidencia y ese sentido de pertenencia que en estas situaciones pueden aliviar aunque sea un poco el luto.

También existe el hecho de que nos toca enfrentarnos a uno de los momentos tópicos de nuestra vida cuando ya estamos enfrentando y tratando de elaborar una situación inédita e impactante como la que ha sido generada por este virus. Todos tenemos nuestro propio quehacer con los cambios que este Covid-19 causa a nuestras vidas. Todas manejamos sentimientos de ansiedad, de preocupación. Las huérfanas del Covid-19 deben elaborar algo más, algo enorme. Y lo tienen que hacer lejos de sus seres queridos.

orfane del covid-19En mi caso, esta lejanía lleva una marca profunda: el no poder haber vivido esta experiencia junto con mis hijos. Durante los terribles días de coma de mi mamá, a la ansiedad de la situación se añadía la de saber que ellos estaban por perder la única abuela que les quedaba y al mismo tiempo estaban preocupadísimos por mí.

Vivir estos tipos de eventos a través de las pantallas es una experiencia abrumadora. Porque lo que se necesitaría es algo tangible. Abrazos, lágrimas compartidas, volver a ver los lugares que marcaron nuestras historias con nuestras mamás. El sustituto virtual alivia, pero no cumple la misma función en la elaboración del luto.

Entonces pienso en como era mi vida de expatriada antes que llegara el internet. Pienso al hecho de que en Angola, en el ’90, por siete meses no hablé con mi madre porque era imposible llamar por teléfono. Y me digo que tal vez sea mejor mirar al vaso medio lleno y gozar de como la tecnología nos ayuda cuando llegan estos eventos totalmente inesperados. Y frente a los cuales estamos desnudas, en todo sentido.

La emergencia del Covid-19 para mí estará siempre ligada a la muerte de mi mamá de este modo. Sólo espero que la experiencia pueda ayudar a otras expatriadas a que en un futuro, por una razón o por otra deberán despedirse de sus seres queridos en la lejanía.

Claudia Landini (Claudiaexpat)
Ginebra, Suiza
Abril 2020
Foto principal: Pixabay
Traducido desde el italiano por Manuela Marangoni
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