Home > Vida en el extranjero > Traslados > La importancia de los valores en las relaciones interculturales

Claudiaexpat trabaja como formadora intercultural desde 2007. En 2013 se certificó como coach intercultural, y en 2019 obtuvo la certificación Coaching por Valores. En este artículo nos muestra cómo la cultura, los valores y la diversidad están estrechamente vinculados. En particular, nos habla de la importancia de los valores en las relaciones interculturales.

 

Septiembre suele ser el mes en el que las familias expatriadas se enfrentan a la aventura de un nuevo destino. En el torbellino organizacional – escuela, hogar, automóvil, idioma, equipaje y compras – es fácil subestimar el impacto de la nueva cultura en el equilibrio personal y familiar. En particular, no estamos acostumbrados a pensar en términos de valores en las relaciones interculturales, y cuán importantes son estos para determinar el éxito de nuestras relaciones con las nuevas personas que encontramos en nuestro camino móvil.

En este artículo me gustaría compartir algunas consideraciones simples que, me di cuenta con el tiempo, no son del todo obvias para muchas personas que se sumergen en la aventura de irse a vivir al extranjero. Si comenzara, por ejemplo, preguntándoles: “¿Cuáles son sus valores?”, Estoy seguro de que muchos de ustedes dudarían.

De hecho, no estamos acostumbrados a analizar periódicamente los motivos que nos mueven en la vida. Tuvimos un cierto tipo de educación y crecimos en un cierto contexto cultural, y esto es suficiente para justificar nuestras elecciones y acciones. A menudo, quizás casi siempre, ya ni siquiera nos preguntamos qué nos impulsa a ir en una dirección y no en otra. Es así. Y al fin y al cabo, ¿qué importancia puede tener?

Sin embargo, es de (mucha) importancia

Y como veremos, sobre todo cuando tenemos que medirnos con personas que nacieron y crecieron en un contexto cultural profundamente lejano al nuestro, o con experiencias personales distintas a las que han marcado nuestra vida.

valori nelle relazioni interculturaliLos que comúnmente se definen como valores son, de hecho, el resultado de cómo nos colocamos ante la vida y lo que nos ofrece. Y me refiero en un sentido amplio. Me refiero a educación, cultura escolar, cultura mediática, moda, familia, contextos nacionales y microculturales en los que crecemos y nos formamos.

Cuando nos educamos, por ejemplo, en un determinado tipo de religión, tenemos la facultad de decidir si unirnos a ella, rechazarla o aceptarla con algunos ajustes de nuestra parte. Este es, de hecho, el proceso que forja nuestra identidad: la aceptación, el rechazo o la negociación nos ayudan a formar una identidad que se hace más sólida con el paso del tiempo. Nuestros valores se forjan en este proceso y serán cuestionados más adelante, ya que la vida nos presenta nuevos desafíos y nos ofrece oportunidades de enriquecimiento sin precedentes.

Valores en las relaciones interculturales

Los valores, que me gusta definir como “pequeños timones internos”, nos guían en nuestras elecciones, desde las más banales hasta las más importantes. Son mis valores los que me hacen dejar en la estantería una pasta dental elaborada en un país cuya visión o acción política no comparto, y son siempre ellos los que me orientan a aceptar un trabajo o a decidir si me voy o me quedo.

Si pudiéramos darnos cuenta de cuánto influyen nuestros valores en cada elección y cada comportamiento o acción que expresamos, comprenderíamos de inmediato cómo se forma el accidente intercultural, ese malentendido, sutil o macroscópico, que surge al tratar con personas que actúan, reaccionan y eligen de una manera claramente diferente a la nuestra.

En realidad, en la base de cada comportamiento y acción, hay un valor rector que se expresa.

Lo que sucede es que cuando nos enfrentamos a un comportamiento que consideramos extraño, inapropiado o quizás profundamente injusto, a menudo reaccionamos deteniéndonos en la acción que vemos con nuestros ojos, pero olvidando que esa acción es el resultado de un valor que no podemos ver o imaginar, especialmente cuando acabamos de llegar a un nuevo contexto cultural y nuestro conocimiento de los códigos y mecanismos que son los cimientos de esa sociedad es aún muy limitado.

En realidad, en la base de cada comportamiento y acción, hay un valor rector que se expresa. Si tuviéramos la oportunidad de conocer ese valor, nuestra reacción cambiaría de inmediato. Siempre doy este ejemplo cuando capacito a la gente sobre estos temas: cuando vivía en Jerusalén, solía ir a una tienda que vendía periódicos, tickets para el estacionamiento, artículos de papelería y recargas de teléfonos móviles. La tienda estaba a cargo de un padre de la escuela a la que iba mi hijo, una persona que nos ayudó mucho a nuestra llegada a entender cómo funcionan esas cosas básicas como el estacionamiento, los contratos telefónicos y la empresa.

¿Qué pasaba?

Cuando entraba, digamos que había dos personas antes que yo, y después de mí entraban otras dos. Al terminar de atender a los dos que llegaron antes que yo, el señor me saltaba olímpicamente, y servía a los que habían entrado después de que yo aunque yo hubiese estado ya esperando un rato.

Esta actitud, como se pueden imaginar si también son personas profundamente monocrónicas como yo, me sorprendió profundamente. Me sentí tratada de manera muy injusta y despojada indebidamente de mi tiempo.

Entonces un día, de repente lo entendí: la persona quería atenderme cuando la tienda estaba vacía para tener todo el tiempo necesario para escucharme, preguntarme cómo iba, si necesitaba algo, en fin, para atenderme de la manera más adecuada según sus valores, que, entre otras cosas, fueron forjados por una cultura que tiene como pilar principal la acogida de los demás.

Estuve a punto de arruinar mi relación con esta persona y siempre me comía el hígado cuando tenía que ir a su tienda, por un puro y simple malentendido. Porque cuando me di cuenta de que sus intenciones, es decir, sus valores, se basaban todas en hacerme sentir mejor, es decir, estaban movidas por un cariño genuino y un sentido de hospitalidad, mi reacción ante la situación cambió drásticamente. Es decir, me sentí agradecida, paciente, feliz por el cariño y la calidez, y atendida con abnegación y compromiso.

Quienes viven en el exterior, y en particular en culturas muy lejanas a la suya, han vivido decenas de anécdotas de este tipo, pero muchas veces todavía no se detienen a reflexionar sobre el mecanismo oculto. Y de hecho, el mundo está lleno de personas que siguen siendo altivas y etnocéntricas con quienes, entre otras cosas, suelen recibirlos con amabilidad y paciencia.

Por lo general, son personas que no obtienen nada del contacto con la diversidad. De hecho, lo usan para fortalecer sus creencias de tener la razón, siempre. Pero no es con ellos con los que quiero terminar este artículo. Lo que me interesa es llevarte a reflexionar sobre la importancia de los valores en las relaciones interculturales, e invitarte a integrar la reflexión que acabo de presentar en tu vida diaria. Si todos detuviéramos nuestras reacciones y tratáramos de comprender las razones detrás de los comportamientos, ¿no sería el mundo un lugar mejor?

 

Claudia Landini (Claudiaexpat)
Toscana, Italia
Septiembre de 2020
Foto principal: Jeremy Thomas on Unsplash
Todos los demás: Pixabay
Traducido del italiano por Mociexpat
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