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Traducido por Rupexpat

Las amistades de mis hijos durante la expatriación siempre fueron para mí un tema un poco doloroso.  Sobre todo en lo que se refiere a mi primer hijo que, se sabe, hace siempre de pionero en muchas situaciones y que, como muchas veces les sucede a los primeros hijos, demostró enseguida una gran sensibilidad en sus relaciones humanas. Mientras los chicos son pequeños es naturalmente  más fácil hacerlos socializar- en esa fase no hablamos de verdaderas amistades, sino de momentos en que comparten juegos,  tiempo, actividades. Y en general las mamás (expatriadas o no) durante el primer periodo de vida de sus criaturas están más estresadas y buscan la compañía de otras madres y de otros niños/as  con los cuales los propios hijos/as puedan interactuar.

cumple matEl problema comienza cuando los chicos crecen y desarrollan su propia personalidad, sus propios gustos, sus propias preferencias. Cuando se permanece en un lugar es posible ofrecerles un entorno regular y seguro hecho de rutinas y de puntos y lenguas fijas, pero al expatriarlos se los somete continuamente a la necesidad de tener que recomenzar el (a veces arduo) proceso de rehacer sus amistades. Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a hacerse y mantener los amigos/as en nuestros nuevos países?  Naturalmente hablo de mi experiencia personal, de mamá expatriada en África, América Latina y ahora en Medio Oriente, que puede ser diferente de aquella de una mamá expatriada en Estados Unidos o en Asia. Porque naturalmente detrás de los niños/as  y  los muchachos/as están los padres, y estos padres encarnan los valores y las usanzas culturales  que nos son desconocidos en el momento en que llegamos al nuevo país, y a veces muy diferentes a los nuestros.  Por ejemplo, cuando llegamos a Honduras y en la ocasión del cumpleaños de Alessandro (8 años en aquella época), seguí el mismo procedimiento para organizar la fiesta que había aplicado en Italia y en África: hice distribuir a la maestra las invitaciones a todos los chicos de la clase, después conseguí la lista de los teléfonos de todos los padres y los llamé uno por uno para haber si habían recibido la invitación y si podía contar con la presencia de ellos. Todos me confirmaron con un entusiasmo que habría debido en su momento reconocer como sospechoso, y después no vino nadie, o casi nadie.

 

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Experiencia traumática aparte, enseguida me di cuenta de que si quería que mis hijos tuviesen una vida social interesante iba a tener que sacrificar mi tiempo y actuar sobre varios frentes, o sea:

– estar siempre disponible para ir a la escuela a buscar una marea de diablitos ruidosos, llevarlos a casa y eventualmente también acompañarlos a sus casas de vuelta o a algún lugar pre-establecido de la ciudad al final de la tarde (esto porque tanto en Tegucigalpa como en Lima vivíamos en  barrios un poco alejados de la escuela, alrededor de la cual giraba la mayor parte de los amigos de los chicos)

– Darme a conocer a los padres de los amigos e inspirarles confianza, porque no basta la curiosidad que despertamos por el hecho de ser extranjeros, también tenemos que hacerles comprender que vigilamos a sus hijos durante las actividades, que les damos de comer cuando tienen hambre,  y que estamos atentos a lo que ven cuando miran la tv.

– Hacer que la estadía de los amigos en casa fuese lo más divertida y  atractiva posible  para que siempre tuviesen ganas de volver. En esta tarea nuestros hijos no deben ser dejados solos: preparar ricas meriendas, comprar pequeños juegos, darles a los chicos materiales para que puedan jugar de forma creativa, y dejarlos libres para que puedan usar la casa como espacio de juegos y no de restricciones, son algunas de las tácticas que use con bastante éxito en nuestros vagabundajes

– tratar de relacionarme con los otros padres: crear amistades entre adultos es el mejor modo de brindarles a nuestros hijos ocasiones de encuentro con sus coetáneos, en una atmosfera de alegría compartida.

Estas tácticas funcionaron muy bien para nosotros, tanto en Honduras como, aunque con un poco más e fatiga al comienzo, en Perú.   Imposible contar las hordas de chicos/adolescentes hambrientos que he nutrido a fuerza de pasta y pizzas, o los colchones que desinflaba a las mañanas, o  las sabanas que retiraba. No sé cuántos quilómetros hice con el auto lleno ( a veces ilegalmente!!!) de chicos de todas las edades, gritando excitados por el hecho de encontrarse apretados en un espacio pequeño y con la perspectiva de ir a jugar y a relajarse después de una jornada de escuela. No sé más cuantas llamadas por teléfono y en cuantas lenguas diferentes hice para hablar de cuestiones varias con una marea de padres.

Una de las cosas para mí más importante para ayudar a los hijos e hijas en la escuela es participar  lo más que puedan en la vida escolástica. Una madre que es delegada de clase tendrá un canal privilegiado para entrar en contacto con los padres de los compañeros de clase, conocerá cosas y situaciones que pueden indirectamente fomentar su relación con los compañeros de su hijo, y como consecuencia influir positivamente sobre sus amistades. Ganará la confianza  de los padres de la clase, y descubrirá mucho más rápidamente cuales son las convenciones sociales que regulan las relaciones entre jóvenes y adultos.

 

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En Tegucigalpa…

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…y en Lima

 

 

 

 

 

 

 

Cambiando de tema, les doy otro consejo, y sé que muchos padres no lo apreciaran, pero se los digo lo mismo: si tienen aunque sea un poco de jardín, compren un trampolín elástico. El trampolín ha sido para nuestra familia una parte intrínseca  de nuestra historia de expatriación y de las amistades de mis hijos. El primero lo compramos en Honduras, cuando Mattia tenía 3 años y Alessandro 8. Sobre aquel trampolín  hicieron de todo: saltado (obviamente), comido, jugado, hecho deberes, hablado, mirado las estrellas, recitado…,el trampolín por un periodo se transformó en el emblema de la diversión de nuestra casa, del relax, de las relaciones libres y despreocupadas. Cuando dejamos Honduras, para mis hijos separarse del trampolín fue casi tan arduo como dejar a sus amigos. Y fue por esto que en la primera Navidad en Perú les hicimos encontrar debajo del árbol un trampolín nuevo, de las mismas dimensiones de aquel que tenían en Honduras. Y también en la casa de Lima marcó el ritmo de las amistades y de las diversiones, comenzando con inocentes saltos a nuestra llegada, cuando eran todavía chiquitos, y terminando hacia el final de nuestra estadía con grandes  reuniones con guitarra y cerveza y gritos de chicas enloquecidas ( de esto saben algo mis vecinos de Lima, que una vez incluso nos hicieron prender una linda multa, y bastante salada, por alborotar!) .

Sé que el trampolín puede ser muy peligroso, y nos hemos siempre ocupado de explicar hasta la náusea a todos que debían saltar con un cierto control y no hacer cosas extrañas. En diez años de trampolín hemos acumulado dos accidentes: una vez cuando Alessandro se rompió la muñeca izquierda (había saltado encima sin darse cuenta que había llovido y que por lo tanto la superficie era resbaladiza), y otra vez cuando un amigo de Mattia se fracturó el cuello del humero. Al final si hago el balance todavía me da positivo

ale e mat6Pero, cómo se hace al finalizar la estadía en un país? Cómo se los ayuda a decir adiós, a separarse de aquellas personas que por meses o años han ocupado su vida cotidiana, con las cuales crecieron, rieron, jugaron, aprendieron y tal vez sufrido un poco? Cuando nos fuimos de Honduras pensé que el corazón se me destrozaba viendo el sufrimiento de  Alessanddro. Mattia todavía era chico (y es innegable que las amistades tienen un peso diferente en sus vidas de acuerdo a la edad) y sufrió menos.  Estábamos, entre otras cosas, en una fase en la cual Internet no había todavía dado vida a los grandes network , Facebook no existía, las familias ( al menos para  la nuestra era así) compartíamos una sola computadora, y los vínculos pasaban en parte a través de las tarjetas postales!!!  En esa fase nos concentramos más sobre la ambientación limeña  que sobre la elaboración del luto hondureño. Cuando, en cambio, dejamos Perú, fue Mattia (12 años y medio) el que sufrió  la laceración más grande. Mattia, al contrario de Alessandro, siempre funcionó con pocos amigos, pero buenos. Mientras el hermano deambulaba entre gente de todo tipo, edad y nacionalidad, Mattia estaba unido obstinadamente a un puñado de amigos con los cuales el afecto era profundo y visceral. Con estos amigos había incluso formado una banda, en la cual el tocaba la batería, que se llamaba Dilemma, y que les había regalado momentos de  estupenda, intensa creatividad y crecimiento. Cuando dejamos Perú mis dos hijos estaban en dos fases completamente diferentes : Alessandro había terminado el ciclo de estudios superiores, y habría, en todo caso, , partido hacia Francia para el ciclo sucesivo., Mattia, en cambio estaba perfectamente ambientado y feliz en aquel que sentía su verdadero país, y vivió la separación como una fuerte violencia y con mucho dolor.  La incertidumbre sobre el próximo destino, la confusión emotiva del reinstalarse en Italia sin saber por cuanto tiempo, la separación del hermano y los frecuentes viajes del padre completaron el panorama.

Mattia en Italia con tres amigos de Perú

Mattia en Italia con tres amigos de Perú

La cosa positiva es que cuando dejamos Perú el chat y Facebook eran ya realidades consolidadas en nuestras vidas, y esto significó una grandísima  diferencia. Durante  meses mis hijos continuaron a vivir en la franja horaria peruana, y durante la noche chateaban con sus amigos, jugaban en línea con ellos, intercambiaban mensajes en FB y demás. Esto ha seguramente contribuido a calmar en parte el dolor de la separación.

Luego otras cosas les sucedieron a mis dos hijos. Alessandro  se instaló en Francia, en Lyon, y fue con grandísima  alegría que constatamos que muchos de sus compañeros de la escuela de Lima habían elegido Francia para proseguir sus estudios, y una buena parte se era incluso instalada en Lyon!! Esto permitió que Alessandro comenzara la fase de su vida sin nosotros pero con el apoyo de amigos y amigas que, aunque frecuentasen otras escuelas y universidades, constituían un gran punto de referencia en aquel momento de pérdida total de contacto con las realidades afectivas conocidas. Otros amigos se instalaron en Paris, algunos en Montpellier, y en otras ciudades. Esto permitió que ellos organizaran frecuentemente encuentros en varios puntos del país. En Lyon Alessandro encontró también amigos de Honduras!!! Y durante estos dos años transcurridos en Francia nunca faltaron momentos de encuentro, de festejos, de solidaridad y de afecto entre el grupo latino. Esto fue para nosotros un grandísimo alivio, y la constatación del hecho que aun habiendo vivido en cinco  países diferentes en solo diecisiete años Alessandro podía enorgullecerse de tener amistades sólidas y sobre las cuales contar.

 

Nuevos amigos para Mattia en Jerusalem

Nuevos amigos para Mattia en Jerusalem

 

Mattia en cambio ha espléndidamente madurado después de su estadía forzada en Milán, y llegó a Jerusalén con la mejor predisposición de ánimo. También tuvo la fortuna ( cada tanto también se la necesita!) de llegar a una clase muy unida y sobre todo cálida  que lo recibió con gran afecto y curiosidad, y lo ha ayudado a integrarse muy rápidamente.  A un poco más de un año de su llegada a Jerusalén,  con las vacaciones italianas y un viaje a Perú en el medio, Mattia se creó un círculo de amistades sólidas, y mi casa todavía sigue llena de jóvenes que reclaman la “ pasta a la Claudia” y que nos tienen despiertos toda la noche tocando la guitarra ( y también aquí tengo que hacer quilómetros en auto porque, para variar, vivimos en un lugar un poco aislado) Mattia siempre está en contacto con sus amigos de Perú , fue a encontrarlos el año pasado, y estamos tratando que al menos uno de ellos venga a Italia este verano. Se hablan regularmente por Messenger y Skype, siguen las cosas que les pasan a uno y a otro, se cuentan sus respectivas vidas, y sé que estos vínculos, aunque empalidezcan con el pasar del tiempo, en algún lugar constituirán siempre para ellos la estructura de las primeras aventuras afectivas más allá de la familia.

 

Alessandro con el grupo latino en Lyon

Alessandro con el grupo latino en Lyon

 

Alessandro  cada tanto me dice que la única cosa que lamenta de esta vida que le hemos hecho hacer es no poder contar con un amigo de la infancia. Hemos hablado mucho sobre este punto, y creo entenderlo porque es verdad que para mí  es muy lindo tener amigas con las que compartir mis lejanos recuerdos de infancia y adolescencia. Intento sin embargo tratar de hacerle entender que muchas veces las amistades, aquellas verdaderas, que duran para toda la vida, son en la mayor parte de los casos aquellas que se forman cuando uno es ya más grande, y consciente de las propias elecciones. Con sus amigos “peruanos” (los llamo así porque es allí donde los conoció, pero muchos son franceses, o belgas, o franco-peruanos y así) el vínculo es muy fuerte, y algunos de ellos han venido a visitarnos a Toscana y también a Jerusalén. Son todos chicos que, como él, han tenido una vida errante, y que también  como él han debido buscarse sus propias raíces en diferentes contextos, y que comparten las experiencias pasadas en los lugares más remotos del mundo.

Alessandro en Palestina con dos amigos de Perú

Alessandro en Palestina con dos amigos de Perú

Termino con una última cosa: como en todas las cuestiones de la vida, el ejemplo que damos a nuestros hijos es fundamental. Por esto, en mi opinión, es muy importante  que nosotros, padres,  en primer lugar hagamos todo lo posible para mantener vivas nuestras amistades en el mundo, y les hagamos sentir a nuestros hijos que es posible continuar a sentirse cerca aun estando lejos. Desde siempre me ocupo de estar en contacto con la mayor cantidad posible de amigos y amigas, y de hacer partícipes a mis hijos de todo lo que a ellos les pasa- ellos están al corriente de nacimientos, cambios  de país, lutos, matrimonios y divorcios de todos nuestros amigos. Nuestra vida está siempre poblada de nombres de amigos de vieja y reciente data, y  salpicada de los varios acontecimientos que marcan la vida de unos y otros. Un poco por casualidad, pero seguramente no totalmente por casualidad,  en nuestra familia surgió la tradición de la fiesta trienal en nuestra casa de Toscana. Organizamos una en el 2005, una en el 2008, y este ano la organizamos por tercera vez. Es una ocasión fantástica durante la cual nos reunimos con un centenar de amigos que vienen de todo el mundo, con sus hijos e hijas. Una cita que se volvió irrenunciable también para nuestros hijos , que además de invitar a sus amigos, disfrutan de la presencia de los adultos, que son ellos también, en un cierto sentido, sus amigos. Naturalmente no todos tienen la fortuna de tener una casa en Toscana que hace que la gente venga con muchas ganas a encontrarnos porque  combinan el estar  un momento con nosotros con unos días de vacaciones en una de las zonas más bellas del mundo. Hay seguramente muchas otras formas- también ritualizables ,  que se pueden inventar , para que nuestros hijos comprendan que la amistad es fundamental, pero que sobre todo que los verdaderos amigos, aunque estén lejos, son para siempre.

 

Claudiaexpat
Jerusalén
Maio 2011

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