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bas les mains

Este artículo ha sido escrito por Claudiaexpat y Silviaexpat, unidas por una experiencia muy similar en el extranjero.

Claudiaexpat

Si hay una cosa con la que soy muy estricta es con mi control anual a los senos. No sólo porque perdí una hermana a causa del cáncer de mama, sino porque creo que si hay una cosa positiva en el hecho de ser mujer es que al menos en el área de prevención en lo que a “enfermedades femeninas” se refiere, se han dado grandes pasos y es inteligente aprovecharlos.

Siempre he hecho mamografía + ecografía en los varios países en los que me he encontrado, y Perú no fue la excepción. Al cuarto año de estadía me acerqué al control de rutina a la clínica donde trabajaba una ginecóloga que había conocido hace poco tiempo, el Instituto de Ginecología y Reproducción de Surco (un distrito de Lima). La doctora que me hizo la ecografía decía que veía “una sombra, sobre la cual el cursor no pasaba” en el seno derecho. Yo me alarmé inmediatamente, y ella me dijo que en esos casos o sólo cuando había una mínima duda en la lectura, era recomendable hacer una resonancia magnética. Dijo además, que si en la mamografía salía todo bien, podía esperar unos meses y “ver qué cosa pasaba”. En ese momento no sabía si estaba más asustada de la sombra en mi seno derecha o de la idea de tener que meterme en el tubo para hacer la resonancia magnética. La actitud de la doctora era bastante relajada, mientras me decía serenamente que podía esperar todavía un poco, que si fuese algo grave se hubiera visto claramente, etc. (el etcétera significa: a ese punto yo ya no escuchaba más).

Controlada por la duda que se me había metido en la cabeza, y la confusión en la que me había dejado la doctora, al final decidí meterme en el tubo y dejar mi alma en paz. El examen en sí no fue traumático –el personal fue muy amable y disponible, en el tubo entré sólo hasta la mitad y la única cosa que realmente me fastidió fue la vía de líquido de contraste que me dio un frío terrible.

Diez días después fui a retirar los resultados. Estaba segura que sería negativo pero, en cambio, mi esposo empezó a empalidecer mientas lo leía. Decía, como si fuese lo más normal del mundo, que del examen resultaba una alteración en el ritmo del registro del examen que hacía pensar en la presencia de algo maligno. Les ahorro mis sentimientos al momento de escuchar la noticia.

Contactamos inmediatamente a la ginecóloga para pedirle su opinión y un par de nombres de especialistas en senos. Nos dio dos, ambos trabajaban en el mismo centro donde me habían hecho la ecografía que había iniciado todo (que además tiene la fama de ser uno de los mejores centros de ginecología de Lima – y probablemente lo sea).

El primer especialista me revisó detalladamente y llegó a la conclusión que la única opción para ver más claramente era de tratar de llegar al punto indicado por la resonancia como “maligno” y hacer una biopsia. En este momento no recuerdo qué tipo de procedimiento sugería (he eliminado buena parte de esos momentos horribles) pero de seguro quería meterme una aguja en el seno y con eso transferirme a otro centro donde estaba el equipo para llegar al supuesto nódulo.

Cada vez más asustada, fui al segundo especialista, que de inmediato me pareció la persona más sensata y seria de toda la banda. Me revisó y moviendo la cabeza me informó que había ya visto tres pacientes pasar por la pesadilla de la resonancia magnética en la búsqueda de tumores al seno. Método que, según él, no estaba comprobado en ese ámbito de la medicina pero que se había hecho popular en Perú –probablemente por una combinación de razones culturales, financieras y quién sabe cuáles más. Su consejo fue el de dirigirse al Istituto de Tumores de Milano (donde además él había trabajado en el pasado) y de pasarle todo el expediente a ellos.

Un poco más serena tomé contacto con el Instituto Europeo de Tumores (https://www.ieo.it), explicando mi problema. Descubrí con gran alegría que no era necesario, al menos en un inicio, que fuera a Milán en persona: podía enviar mis exámenes a una persona de confianza quien se los llevaría y enseñaría a un médico del Instituto. El DHL para la mamografía más la ecografía ha costado un décimo de lo que hubiera costado un vuelo ida y vuelta a Italia. Mi amiga Fabrizia recibió todo y fue al Instituto donde habló directamente con Paolo Veronesi, hijo del famoso Umberto, el cual, luego de ver atentamente mis exámenes, explicó que es bastante normal que una resonancia pesque algo de anómalo y que además era todavía un medio no reconocido por ellos para un diagnóstico de tumores al seno. Dijo que subsistía una pequeña duda pero que él recomendaba que me hiciera mi análisis de rutina ahí, con ellos, cuando fuera a Italia en vacaciones. Debo decir que a pesar de la fama y –asumo- sus obligaciones cotidianas, encontré en Veronesi un médico disponible y práctico. Le dio su dirección de correo electrónico a mi amiga y ha siempre respondido a mis preguntas, dándome la confianza que se confirmó cuando, al ir por vacaciones, me hice chequear por él y me volví a hacer los exámenes en el IEO.

Han pasado cuatro años y estoy todavía aquí y mi seno está más sano que nunca. Sobre una cosa pueden apostar: ¡hasta el día que me muera todos mis controles me los haré sólo, exclusivamente y regularmente en el Instituto Europeo de Tumores de Milán!

Silviaexpat

A ver, yo estaba en Yerevan, en Armenia, recién convertida en mamá, daba de lactar con placer hacía 10 meses y estaba justo empezando a destetar a mi hija cuando in día, bañándome, sentí una cosa dura y que dolía, no me acuerdo en qué seno. En ese momento no le hice caso. Luego, me volvió a suceder lo mismo seis meses después, en otoño, y en ese momento decidí ir a hacer un chequeo. No me acuerdo cómo, conseguí el número del mejor oncólogo del país y fui directamente donde él, antes de ir incluso donde una ginecóloga o de hacerme una mamografía. El doctor Fulanito (no me acuerdo de su nombre…) tenía un lindo consultorio con muchos diplomas obtenidos en varios centros de estudios americanos en plena vista, enmarcados y colgados en todas las paredes de la habitación en la que nos recibió. Le conté inmediatamente de la rara sensación de dolor que sentía a veces y le pregunté si podría tener que ver con el hecho de haber dejado de dar de lactar hacía poco. Estaba muy asustada y mi marido traducía en ruso todos estos sentimientos de miedo y alarma que condicionaban un poco nuestra vida desde el momento que en que había sentido ese bulto. El doctor entonces, sin muchos preámbulos, con sus lentes bien puestos y luego de apenas una palpada a ambos senos, nos miró seriamente y nos dijo que “si, efectivamente, hay algo ahí y es mejor hacer inmediatamente una ecografía” (en Armenia en el 2000 no había maquinaria para hacer mamografías…).

Obviamente, nos precipitamos a la dirección de una clínica privada donde luego de unos pocos días –pagando una buena cantidad de dinero- me hicieron la ecografía. La ecografía resultó al final un poco una pérdida de tiempo porque no se veía NADA, era tan oscura que no se podía saber si eran mis senos los que eran un bulto de grasa o si era un tema de impresión!! Pero bueno, ¿qué podíamos hacer? Regresamos donde el doctor para que nos diga de qué se trataba… ¿Y qué dijo? Que tenía sin duda un terrible cáncer al seno, un pequeño tumor maligno que me transportaría al cielo si es que no me hacía una operación difícil y riesgosa de la que él se encargaría personalmente… por la módica suma de US$3000.00.

Señoras, asustada si, pero tonta no… regresando en el carro a nuestra casa, empezamos a pensar un poco sobre el tema: ¿me dejaría tocar mis maravillosos senos por un doctor en Armenia? ¿No sería mejor darse un salto a Alemania y ver ahí, qué pasa? Eso hice. Luego de menos de una semana estaba en Berlín con mi mamá que aprovechaba de estar con mi hija mientras yo tenía mi primera visita con mi ginecóloga – ¡que no vio NADA, absolutamente NADA ni de extraño ni de anormal! Y que me mandó a hacerme una ecografía para tranquilizarme, ecografía que resultó bella y clara y sin ningún tumor, quiste o cualquier otra cosa. ¡No tenía nada! Simplemente me había encontrado con un ‘doctor’ canalla que esperaba obtener un beneficio de mi miedo. Desde entonces, he aprendido mi lección. Y cuando un año más tarde, todavía en Armenia, por un dolor en mi tobillo se sugirió una operación costosa en el pie, me reí sin ni siquiera escuchar el diagnóstico. Y desde entonces, como dije, ¡me hago mis controles de mama cada año en Berlín!

 

 

Claudiaexpat desde Jerusalén
Silviaexpat desde Berlin
Enero 2013

Traducido del italiano por Mociexpat

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