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attacchi con l'acido

Despues de un artículo general sobre la salud en Bangladesh, Paolaexpat vuelve para reflexionar con nosostras sobre una aspecto particular de la salud en su precedente país de acogida.

Este año, Dhaka, la capital de Bangladesh, donde he estado viviendo por casi dos años, ha logrado pasar de ser la segunda ciudad menos vivible a ser ciudad menos vivible en una encuesta de la Unidad de Inteligencia del Economist que estudia 140 capitales cada año. Está bien, ciudades en guerra o lugares excepcionalmente difíciles como Kabul o Islamabad no son tomados en cuenta en la encuesta pero igual, ser la 140 de 140 no es muy alentador para los expatriados que viven acá o para los que están considerando mudarse.

Las encuestas están basadas en 30 factores, reunidos en 5 categorías amplias: estabilidad, salud, cultura y ambiente, educación e infraestructura. En este artículo, le daré una mirada a los aspectos prácticos de la parte de salud, la que, en este caso, está íntimamente ligada a un gran problema de infraestructura en Dhaka: el tráfico.

Dhaka salute2Dhaka tiene dos modernísimos hospitales y el que tiene la mejor reputación es el Apollo, que se encuentra a más o menos 6km al norte de donde la mayoría de expatriados vive.

Según su página web, ‘En Abril de 2008, Apollo Hospitals Dhaka se convirtió en el primer hospital del país en recibir la Acreditación JCI, un sello internacional de excelencia en prácticas clínicas en atención al paciente y seguridad. En Junio de 2011, luego de un proceso de encuesta muy riguroso de una semana, el hospital una vez más obtuvo la completa re acreditación JCI’. Varios de mis amigos han sido pacientes ahí y confirman que efectivamente es excelente.

Los servicios de emergencia, tal y como están descritos en la página web son reconfortantes: ‘En caso de cualquier emergencia, una llamada es suficiente para asegurarse el servicio de recojo de nuestra ambulancia en cualquier momento del día. Nuestra flota de ambulancias está bien equipada y tripulada por técnicos y paramédicos de emergencias entrenados. Tenemos ambulancias con unidades de cuidados intensivos marcas Toyota y Mercedes-Benz, con equipo de reanimación incluyendo respiradores. Asimismo, al estar cerca de los aeropuertos tanto internacional como domestico, podemos trasladar pacientes de emergencia desde y hacia los aeropuertos y el hospital con mucha rapidez en caso de necesidad’.

Bueno, quizás si es reconfortante, si uno lee la página web. Pero no si una vive en la realidad de Dhaka.

Recientemente, tuve una realización. My cuñado, que vive en Houston, Texas, tuvo un ataque al corazón, el segundo. En el momento que lo tuvo estaba manejando su carro. Se dio cuenta de lo que le estaba pasando y simplemente llegó manejando al departamento de Accidentes y Emergencias del hospital más cercano. Le tomó solo unos cuantos minutos, y rápidamente lo atendieron y curaron. Se recuperó rápidamente y ahora está bien.

Cuando pasó esto, empecé a preguntarme qué diablos haría yo si a mi esposo le da un ataque al corazón. Me di cuenta que nunca había ido al hospital; no sabía exactamente donde estaba. Y que en realidad nunca había manejado mi carro: aquí en Dhaka nos aconsejan evitar manejar ya que el tráfico es muy pesado y peligroso. Casi todos los expatriados tienen chofer. Decidí que debía aprender, por si acaso. ¿Qué tal si mi chofer no estaba disponible cuando lo necesitara?

Lo llamé: ‘Willington, vamos a ir al Hospital Apollo, y yo manejo.’

Me miró perplejo, pero se sentó en el asiento del pasajero, a mi lado.

Tráfico pesado, señora.’

Dhaka saluteSiempre es pesado, dejando de lado la mitad de la noche o durante el festival musulmán Eid cuando todo el mundo se va de la ciudad. Y yo no puedo determinar cuándo mi esposo va a tener un ataque al corazón. Así que vamos a ir al hospital y vamos a ir ahora mismo.

Luego de algunas instrucciones de cómo manipular mi carro automático, encendí el motor. Conducir aquí es bastante agresivo: ninguna de las “prioridades” a las que estaba acostumbrada cuando vivía en Bruselas funcionan, esto es simplemente tierra de nadie y cada uno lucha por sus intereses. Así que con Willington muy amablemente apurándome, retrocedí en el embrollo de carretillas, carros y baches que constituye mi calle. Rápidamente había cubierto 100 metros y llegué a la avenida principal, y ahí es cuando empezó la diversión. Un mar de taxis, carros, buses y carretillas estaban paralizados en mi camino.

Avance, Señora,’ me dijo Willington.

No había forma que tratara de meterme. Me bajé del carro, caminé hacia el lado de Willington. “Tu maneja. Tu méteme en la línea de carros,’ le dije.

Y obviamente, de manera milagrosa, lo hizo. Cambiamos de sitio otra vez. Avancé, con el corazón en la boca mientras los carros pasaban como locos alrededor mío, y otros se metían a milímetros de mi vehículo.

Luego de tres cuartos de hora, habíamos cubierto dos de los seis kilómetros de nuestro viaje. Y estábamos atascados. Otra vez. Lo más preocupante era que una sirena de ambulancia del Hospital Apollo estaba sonando ‘whee-aw, whee-aw’, detrás nuestro, igual como hacen en Europa. Sólo que en Europa, el sonido mueve, mientras todos los vehículos en el camino se hacen hacia un lado y la ambulancia de manera impresionante y segura pasa rápidamente por las luces rojas a ciento cincuenta kilómetros por hora. Aquí no había forma. El sonido estaba bloqueado en un solo lugar junto al conjunto de bocinas. La ambulancia tenía que esperar a que el mega nudo que había se deshiciera de alguna manera. Me imagine a mi esposo en esa ambulancia. Y lloré. Luego retomé el autocontrol y me cambié de sitio con Willington otra vez.

Nos vamos a la casa,’ Dije. ‘Tu manejas’.

¿No al hospital?

No. A casa.

Esta expedición no tenía sentido. Tenía que afrontar esta preocupación desde otro ángulo. Prevención. En casa, googleé “¿Cómo prevenir un ataque al corazón?, y me estudié todas las recomendaciones.

Coma una dieta saludable y balanceada, leí. Ese punto ya estaba cubierto: estamos casi obsesionados con ser cuidadosos con lo que comemos.

Sea active físicamente. Eso, también, está bajo control: hacemos bastante ejercicio.

Dejar de fumar. No hay problema; mi esposo dejó de fumar pipa hace 10 años, yo nunca he fumado.

Las dos más difíciles eran Reduzca su consumo de alcohol y Manténganse en un peso saludable. Estamos trabajando en esas, aunque ninguna es un problema grave para ninguno de los dos.

Y luego, cuando estuve en Bélgica por vacaciones, fui a un Curso de Primeros Auxilios de Cruz Roja, durante el cual aprendí cómo hacer RCP (Reanimación Cardiopulmonar). También descubrí qué es un desfibrilador y cómo se usa. Hay dos en la oficina de mi esposo.

Y ahora, lo único que queda, es rezar: rezar para que el ataque al corazón no pase nunca.

 

Paola
Dhaka, Bangladesh

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