Home > África > Kenia > Prisionera en el Centro Comercial Westgate de Nairobi
westgate mall

Annalisa vive y trabaja en Nairobi desde hace varios años. Se mudó con su marido y dos hijas de nuevo y once años, pero sobre la espalda lleva una larguísima historia de expatriaciones en África y América Latina. Ha trabajado en Eritrea, Gambia, Congo, Ruanda, Guatemala, intercalando sus misiones en el extranjero con algunos periodos en Italia. Cuando fue el ataque al Centro Comercial Westgate de Nairobi Annalisa estaba ahí con sus dos hijas. O que sigue es su recuento de la terrible experiencia.

 

Partamos del punto que tuve muchísima suerte logré de salir viva del infierno con mis dos niñas y logrando que ellas no vean ni una sola gota de sangre. Cuando comenzó todo, estaba saliendo del supermercado y estaba a punto de subir a los pisos superiores para hacer algunas compras. De manera improvisa se han escuchado dos explosiones muy fuertes, seguidas de humo de y de disparos de armas de fuego. Inmediatamente me di cuenta que se trataba de un ataque terrorista. Corrí hacia la salida de emergencia, que felizmente encontré rápidamente y me encerré con las niñas en el espacio detrás de la puerta. Nos siguieron otras personas, muchas con niños, incluso con recién nacidos. Nos agachamos y tratamos de calmar a los niños que estaban aterrorizados. Mis dos hijas estaban petrificadas del miedo. Me preguntaban qué era lo que estaba pasando, y lo único que lograba decirles era que estuvieran tranquilas, que se quedaran en silencio y que no preocuparse, que saldríamos todos sanos y salvos. De nuestro “refugio” se sentían gritos, disparo,s el tiempo se había cristalizado. A un cierto punto llegaron las personas de seguridad y nos dijeron que estemos tranquilos, que regresarían a decirnos cuándo salir. Así lo hicimos, y luego de una hora, que se sintió infinitamente larga, logramos salir.

No se puede estar jamás preparado para un evento de este tipo. Durante el periodo pre electoral hubo mucha preparación, todos los extranjeros estuvimos muy en contacto con nuestras respectivas embajadas, y eran ya dos años que nos venían alertando sobre los centros comerciales, que nos advertían que no fuéramos. Luego de las elecciones, como no había pasado nada, estábamos relativamente tranquilos, la vida había retomado su ritmo normal. Nos tomó verdaderamente de sorpresa. Cuando sentí la explosión fue como ver una pesadilla hacerse realidad, y pensé que había estado loca en ir al centro comercial. Pero la distancia entre el riesgo objetivo y el riesgo subjetivo es una línea muy delgada y si se quiere normalidad no se puede vivir siempre con el miedo de que estas cosas pasen. Cosas que, además, podrían pasar en cualquier otro lugar del mundo

Yo he vivido durante años en países en conflicto y con altos niveles de criminalidad. Lo que quería compartir frente a mi experiencia en Nairobi es que entre todos los riesgos posibles, ser “target” de terroristas es quizás el peor, por le imprevisibilidad intrínseca de estos actos y a la vez porque en esto tipo de situaciones inevitablemente uno se convierte en objetivo que hay que eliminar.

 

Annalisa
Nairobi, Kenya
Enero 2014

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