reinventarsi

En este intenso artículo, Giuliettaexpat recorre con nosotras las etapas que fueron marcando sus variados proyectos profesionales en expatrio. Una energía contagiosa y un optimismo formidable!

Qué podré hacer? Cómo podré retomar una actividad profesional? Cómo lograré sentirme activa aun habiendo elegido seguir a mi compañero en la enésima aventura en el exterior? Cómo podré estar satisfecha conmigo misma, haciendo solo de mamá y de mujer los 365 días del año? Por qué tantos años de estudio y tantos de fatiga profesional para después abandonarlo todo y rencontrarme a 5-8-10000 kilómetros a mirar el techo y a secundar la brillante carrera profesional de mi marido?

Giulietta con sus hijas en California

Giulietta con sus hijas en California

Estas son las preguntas que, al menos una vez en la vida, nosotras, mujeres expatriadas nos hemos hecho a nosotras mismas. Estos son los pensamientos que, cada tanto, y sobre todo en los primeros meses del expatrio, han aparecido en nuestras mentes, dejándonos a veces con una sensación pequeña pequeña de fracaso, o al menos de algo inconcluso.

Es cierto, cuando se parte hacia un expatrio en familia es bastante normal que uno de los dos adultos ponga entre paréntesis su propia carrera, renuncie a su trabajo, para ocuparse al 100% de la logística y de todo lo demás. Difícil expatriar transfiriéndose con dos carreras, pero muchas mujeres siguen a sus compañeros de vida con entusiasmo; también a veces, siempre más frecuentemente, son los hombres que siguen a sus mujeres. Las mujeres, al principio, están motivadas por la nueva aventura y contentas de dedicarse a sus hijos que crecen. Luego, a menudo, llega el momento del balance, una vez descubierto el nuevo mundo, con cada cosa organizada, una vez instalados y después de haber disfrutado este nuevo rol de mamá a tiempo pleno.

Llegado este punto nos replanteamos las cosas, las preguntas son tantas, los momentos de crisis y desaliento posibles. A muchas mujeres les pesa el hecho de ser económicamente dependientes, a otras la inactividad, a otras un sentimiento de haber dejado algo en suspenso, el sentimiento de no haber concretado una profesión, de no haber realizado aquellos sueños que tal vez un tiempo atrás guiaban nuestras acciones.

Muchas mujeres no logran superar este momento de crisis, incapaces de dejar atrás aquel recorrido profesional conocido que pusieron entre paréntesis, y de ver algo diferente a aquello por lo cual trabajaron durante años.

Un atelier de Mondailleurs

Un atelier de Mondailleurs

Cuantas veces en mi vida de expatriada he visto a mi alrededor mujeres mentalmente sujetas a aquello que habían hecho en el pasado o a aquello que habían estudiado, sin poder ver en el expatrio la posibilidad de inventarse algo nuevo, una especie de renacimiento!

Reinventarse es una palabra que me gusta un montón y que se ajusta muy bien a muchas mujeres expatriadas, a aquellas que supieron dejar mucho a sus espaldas, y que después de haber instalado a sus familias y sostenido al propio compañero en sus primeros difíciles pasos profesionales en el exterior, aprovecharon la nueva aventura para inventarse algo nuevo o para sacar del cajón un tal vez viejo sueño, encerrado durante años.

Reinventarse es la gran oportunidad que el expatrio nos da, por qué no aprovecharla?

Cuando me fui la primera vez, rumbo a Paris, tenía sueños que cultivaba desde hacía años en mi mente. Me bastaron algunos meses en Paris y un bebé por llegar, para darme ganas de inventarme alguna cosa no prevista, sin por eso echar por tierra mi recorrido anterior, sin por eso alterar los sueños iniciales. Simplemente aproveché la ocasión para hacerme preguntas y para comprender que había divertidas vías de escape a la situación de mujer que sigue al marido y de mamá a tiempo pleno.

Me construí un trabajo, juntando un poco de mi background con un poco de mis experiencias laborales de recién graduada, y mezclé todo con el ser neo mamá de un pequeñín que demostraba querer crecer bilingüe sin ningún esfuerzo (luego continuó creciendo trilingüe sin ninguna dificultad, pero esta es otra historia).

Me lancé por entera a un proyecto centrado sobre el bilingüismo, sobre la difusión de las lenguas y las culturas extranjeras, sobre la sensibilización de los niños a partir de los tres años a los sonidos y a las culturas diferentes. Leí, estudié, hice y deshice. Me hice conocer y siempre gracias a la observación de mis poliglotas en familia (que mientras tanto ya eran tres) creé Mondailleurs, mi bebé número cuatro, deseado con fuerza y a quien le brindé atenciones maternas para hacerlo crecer y desarrollar. Me encontré enseñando italiano con pasión a adultos y a niños, algo que algún año antes me hubiera hecho sonreir. Durante los años de universidad si había alguna cosa que realmente descartaba era justamente la enseñanza!

Reinventarsi3Cuando dejé Francia para ir a Japón tuve por un instante el sentimiento de haber tirado por la borda años de trabajo, años intensos, en los cuales había trabajado con personas fantásticas, en los cuales me había sentido útil y en los cuales había tenido el sentimiento de estar construyendo algo interesante. Pero bastó que aterrizara en Tokio para entender que al fin de cuentas había tomado la decisión correcta, por mi marido y por nuestra familia. Traté de no pensar demasiado en lo que había dejado atrás, no me gusta regodearme en la nostalgia, no ayuda a avanzar. Al principio no pensé en un posible trabajo, la prioridad era dedicarme a instalar a la familia y a reconstruir para todos sólidos puntos de referencia, sabía que el momento de reinventar algo para mí iba a llegar. Miré a mi alrededor, volví otra vez lentamente a enseñar y después, cuando me sentí bastante segura, pensé en introducir algo nuevo en mi rutina: cursos de cocina. Nacieron como un juego, con cuatro amigas que compartían conmigo la pasión por la cocina, fueron poco a poco transformándose en una actividad divertida y llena de satisfacciones.

Enseñé a adultos y a niños, enseñé a cocineros japoneses de un restaurante italiano, transmití mi amor por mi cocina, por mi cultura, lo suficiente como para estar orgullosa de mí.

Y luego llegó otra vez el momento de mirar hacia adelante, de preparar las valijas y desembarcar más allá. Llegó el momento de volver a los replanteos, sabiendo que en nuestra meta siguiente, ni la enseñanza del italiano, ni de la cocina, podían ser actividades a proponer. En nuestro mapa de expatrio figuraba la India, meta más compleja que las anteriores, no me hacía ilusiones, sería una mujer expat cuyo chofer la llevaría a pasear, habría utilizado mis energías en hacer crecer equilibradamente a mis chicas y a sobrevivir al resto.

Reinventarsi5Me subestimaba a mí misma y a mis ganas de hacer algo diferente a la simple expat.

Una vez más creo que una pequeña dosis de buena fortuna y un bello encuentro me han ayudado, a esto le agregué mi personal pasión por los vestidos, el hecho de ser mamá, y sobre todo el fantástico mundo de telas que se abrió delante de mí.

El juego estaba hecho. Nació Raconte moi une histoire, pequeña fabrica de producción de vestidos para niñas. Lindas telas, lindos colores, modelos simples, la capacidad de un sastre indio, el mundo colorido alrededor nuestro: todo esto estaba presente en la base de nuestros vestidos.

Esta vez estaba convencida de haber encontrado un trabajo transportable, sabía que aun dejando la India, poniendo un poco de energía y alguna ida y venida a Chennai, habría podido desarrollar verdaderamente en cualquier lugar mi nueva bella aventura. Y así fue volviendo a Europa. Por algún año continué llevando adelante mi proyecto y contemporáneamente desarrollé nuevas capacidades. Lo hice convencida que habría podido continuar en cualquier otra parte. No había tenido en cuenta la existencia de una nueva destinación, de nuevas dificultades debidas al reconstruir todo en un país desconocido, y a tener también que reconstruir una red profesional que me ayudase a desarrollar mi pequeña sociedad en América, tan lejos del terreno conocido sobre el cual había dado mis primeros pasos.

Las dificultades fueron muchas, antes que nada la distancia exagerada en kilómetros y el huso horario con la India. Pero la distancia no fue el único obstáculo, había nuevas reglamentaciones aduaneras sobre las telas, a esto se agregaba el escaso interés de los americanos por la moda, sobre todo la infantil. Me rendí, no sin arrepentimientos. Me rendí frente a lo que consideré un muro inexpugnable. Todavía pienso en eso cada tanto.

Reinventarsi6Pero como siempre decidí mirar hacia adelante, proyectos nuevos ya están presentes, avanzan y me llenan de satisfacción, no hablo por no tentar a la suerte, pero en algún momento lo haré. Aun una vez más tuve la capacidad de reinventarme, la fuerza de crear algo. Todo esto gracias a aquel SI que hace ya 18 años le di a mi marido, SI para seguirlo en una primera aventura, SI para las sucesivas que no existían entonces pero que ya estaban tal vez dentro de nosotros. Sin el expatrio tal vez hubiese hecho alguna carrera en algún lugar, estaría seguramente contenta y orgullosa de mi, pero tal vez no hubiese experimentado todas las emociones que derivan del crear proyectos y del continuar creando….Adelante el próximo!

Giuliettaexpat
Los Altos, San Francisco Bay area
Inicio 2015

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