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culture shock

Traducido del italiano por Rupexpat

Claudiaexpat nos habla de lo que es comunemente definido shock cultural.
Durante nuestra vida de expatriadas frecuentemente sentimos hablar de “shock cultural”. Nos imaginamos que vamos a sentir una potente sacudida cuando nos encontremos con cosas culturalmente muy distantes a nosotros. En los varios ejercicios que llevé a cabo durante mis seminarios surgió que en el imaginario colectivo de las expatriadas el término shock cultural evoca imágenes extremadamente fuertes y coloridas, a veces violentas, como una persona en el calderón circundada de caníbales, un pitón como animal doméstico, o muchedumbres de hombres en vestimentas extrañas que hacen cosas poco comunes, como girar por el piso en la calle o lanzarse papayas.

En realidad lo que en inglés se define comúnmente como culture shock se refiere a un proceso que puede desarrollarse durante un período que puede también ser bastante largo , y manifestarse de manera clara o también confundirse con actitudes y sentimientos que pueden ser parte del bagaje natural de la persona. Un ejemplo para aclarar este punto: les habrá ocurrido seguramente ver en el país que los recibe un extranjero/a que trata mal a una persona del lugar, en algunos casos incluso sistemáticamente. Lo que uno piensa espontáneamente es que esa persona tiene mal carácter y que se comporta de la misma forma en su casa. Lo cual podría ser verdad, pero podría darse el caso también que esta persona estuviese reaccionando al shock cultural a su modo y en su ambiente.

El shock cultural de hecho es una experiencia íntima y profunda que puede asumir ritmos e intensidades diversas para cada uno de nosotros. Algunos lo viven de forma drástica, otros no. Muchos ni se dan cuenta de estar viviéndolo.

En términos generales podemos definir el shock cultural como el proceso de adaptación inicial a una cultura que no nos es familiar. Deriva de la interacción entre personas y objetos de culturas diferentes, que provoca reacciones cognitivas y/o afectivas negativas o positivas, la sensación de haber perdido todos los puntos de referencia, una disminución de la propia autoestima y la impresión de una falta de aprobación, que pueden conducir al malestar y a la rabia. Sumergirse en un ambiente cultural desconocido significa verse despojado de los propios puntos de referencia, de los códigos familiares, de los modos de comunicación acertados y establecidos, y de la seguridad que deriva de nuestra estructura cultural que nos protege y nos define. Es un poco como ir desnudos a encontrar una muchedumbre de personas elegantemente vestidas.

Cuáles son las cosas que en lo concreto provocan shock cultural? Las causas más típicas son estas:

  • La barrera lingüística, que nos lleva a recurrir a gestos infantiles, a ser más dependientes de los otros en nuestras tareas cotidianas, y limita nuestra posibilidad de comunicar.
  • La falta de varios sistemas de soporte (por ejemplo: médicos, ayuda doméstica, instituciones sociales), o la poca confianza e intimidad con los nuevos sistemas.
  • Conflicto de valores, cuando los valores de nuestra cultura no son reconocidos en el nuevo contexto, o son incluso desestimados.
  • Ambigüedad e incertidumbre en varias situaciones, por ejemplo el no saber cómo comportarse, lo que es justo, lo que no lo es, qué es oportuno hacer o no hacer en lo cotidiano.
  • Desorientación comunicativa, o sea la imposibilidad de recurrir a una miríada de indicios y alusiones tanto en el expresarse como en el comprender lo que nos viene comunicado.
  • Diferencias de hábitos, procedimientos, rutinas, en la arquitectura, la comida, etc. que pueden volverse pesadas y aumentar nuestra sensación de aislamiento.

No debemos necesariamente transferirnos a otro país para experimentar un shock cultural. También una mudanza a otra ciudad, a una nueva escuela, o a un nuevo contexto laboral suscitan en nosotros las típicas emociones que acompañan las fases que lo conforman. Estas fases que estoy por describirles no son iguales para todos, sobre todo en su duración. Hay variables muy importantes para tener en cuenta como las experiencias pasadas, la personalidad de cada uno, y las características principales de la cultura o situación que nos acoge. Es importante entender que todas las conceptualizaciones sobre los sentimientos que acompañan a la adaptación a culturas diferentes deben ser consideradas de manera flexible, y ser conscientes del hecho que el objetivo de base de ellas es ofrecer cuadros generales dentro de los cuales cada uno de nosotros, en base a la propia experiencia personal y a los sentimientos más íntimos, pueda encontrar su lugar o ideas que nos ayuden durante el camino.

Aunque, muchas veces, nos parezca que afrontamos nuevas experiencias culturales con soltura y optimismo, de alguna forma siempre atravesamos las fases típicas del shock cultural antes de llegar a una completa adaptación. Estas fases, que como ya vimos pueden ser más o menos sufridas, más o menos agudas, más o menos prolongadas, generalmente se subdividen del siguiente modo:

 

Primera fase: Luna de miel
Recién llegamos a nuestro nuevo país y nos sentimos invadidas de curiosidad, excitación por la nueva aventura, buena voluntad para adaptarnos al nuevo contexto. Esta fase puede compararse a lo que vive un turista cuando va a un nuevo país por un periodo determinado y quiere descubrir la mayor cantidad posible de cosas sobre el lugar, con fervor y participación. Nos sentimos fascinadas por todo lo que es nuevo, aunque los contactos con las personas y con la realidad local sean aun limitados. En esta fase nuestra identidad está todavía bien radicada en nuestra cultura de origen o en aquella del país que apenas hemos dejado.

Segunda fase: Desorientación
En esta fase comenzamos a sentir la pérdida de todo aquello que nos es familiar, y nos sentimos sobre exigidas por los requerimientos de la nueva cultura, y constantemente bombardeadas por nuevos estímulos. La desorientación que sobreviene nos lleva a una sensación de inadecuación generalizada. Puede ocurrir que en esta fase se desarrolle una actitud hostil y agresiva hacia la cultura que nos recibe, a la cual le atribuimos todas las dificultades que experimentamos al aprender vivir en el nuevo contexto. Típico de este momento es el buscar la compañía de los connacionales.

Tercera fase: Transición
Comenzamos a adentrarnos en el nuevo ambiente cultural. Reconocemos algunos códigos, ponemos en acto pequeñas estrategias de funcionamiento, y comenzamos a encontrar un equilibrio en nuestro juicio sobre lo positivo y lo negativo de la nueva cultura. Típico de esta fase es comenzar a ejercitar un poco de humorismo sobre nuestras propias dificultades.

Cuarta fase: adaptación
En esta fase ya aceptamos los usos de la nueva cultura y aprendimos a convivir con ellos sin aquel constante sentimiento de ansia que probábamos antes, aunque todavía pueden existir momentos de dificultad. El sentimiento que prevalece es el de sentirse cómodo en las interacciones cotidianas.

 

Como ya lo expliqué, no todas las fases son iguales para todos, sobre todo en cuanto a la duración. Pueden tal vez reconocerse en algunas fases, y para nada en otras. Hay algunos síntomas que se manifiestan durante el shock cultural y que son indicios ciertos del hecho que estamos encaminándonos hacia la adaptación al nuevo contexto. Estos incluyen: frustración, malestar, frecuentes quejas, stress, insomnio, desorientación, sensación de fatiga, sensación de impotencia y dependencia, ataques de rabia, rechazo de aprender la nueva lengua, excesivo temor a ser robados, asaltados, sentimiento de superioridad en relación al país que nos está hospedando, rechazo emotivo e intelectual, distorsión de la realidad, cansancio, tensión, irritabilidad extrema, depresión, disminución de la inventiva, de la espontaneidad y de la flexibilidad, dificultad de comunicación, auto conmiseración, nostalgia de nuestra casa, glorificar irracionalmente el propio país, agresividad, hostilidad hacia el nuevo país, criticas excesivas al nuevo país, hipocondría, sensación de inferioridad, interpretación errada de los gestos, de las expresiones faciales y del lenguaje corporal de los otros, apatía, sensación de pérdida, aislamiento, soledad, rigidez , reacciones histéricas, incertidumbre, deseo de interactuar solo con los connacionales, sensación de sentirse rechazado o burlado, atribución de los problemas personales a la cultura que nos recibe, nerviosismo, desintegración de la personalidad.

Les he propuesto esta larga y aterradora lista porque les puede ser útil para identificar sus emociones en el momento en el cual llegan a un nuevo país y se sienten desorientadas. Reconocer los propios sentimientos dentro del proceso que definimos como shock cultural puede ayudarlas a reducir la preocupación por el futuro y la sensación de inadecuación que puede ser muy pesada, sobre todo durante los primeros tiempos en los cuales se les pide que estén en forma y sean productivas para organizar nuestra nueva vida y la de nuestras familias.

No está dicho que todas estas sensaciones tengan que experimentarse al mismo tiempo o de manera frecuente, aguda y manifiesta. Estos son síntomas típicos del shock cultural, a los cuales hay que prestar atención no solo en nosotros mismos sino también en los miembros de nuestra familia.

A continuación algunas de las situaciones típicas en las cuales se manifiestan los síntomas arriba mencionados:

  • Declinación de la cualidad del trabajo
  • Fracaso en las pequeñas tareas cotidianas
  • Distracciones, mirada perdida.
  • Uso de alcohol, y de drogas
  • Pequeños problemas de naturaleza psicosomática
  • Excesivos lavados de manos.
  • Miedo al contacto físico con personas del país de acogida.
  • Exasperación por el cuidado hacia la propia salud y hacia la higiene.
  • Preocupación exagerada por la limpieza de la casa, de los platos, de las camas, y de la comida
  • Preocupación exagerada ante los dolores físicos banales o erupciones cutáneas.
  • Recurrencia a términos vulgares en el propio vocabulario
  • Avidez por la comida de casa

No hay recetas para evitar el shock cultural, pero podemos reflexionar sobre algunas estrategias para transitarlo de una manera más consciente, serena y limitando los daños que nuestros comportamientos, provocados por el shock, podrían causar (por ejemplo: si reaccionan de forma violenta, asustada o inadecuada a una situación relacionada con la cultura local, podrían crear un antecedente que podría pesar en un futuro en la relación con las personas involucradas. O aún más, podrían inculcar inseguridad o rechazo en sus hijos/hijas, que en la primera fase de adaptación al nuevo país ven en ustedes la brújula y un sólido modelo en el cual inspirarse).

Sobre todo es bueno saber sobre el shock cultural, comprenderlo y reconocer sus síntomas. Decirse: “siento esto porque estoy bajo los efectos del shock cultural” no nos pondrá en condiciones de eliminarlo, pero sí de convivir con él de forma más tranquila. Quien ya sabe que es particularmente sensible a los cambios y está, tal vez, atravesando su primera experiencia de expatriación, podría tratar de buscar una oportunidad para prepararse, por ejemplo asistiendo a un seminario de un día o dos sobre el impacto cultural (muchas empresas y organizaciones ofrecen estos seminarios a sus dependientes antes de enviarlos al exterior) o hablando con personas que ya han pasado por esta experiencia y que les pueden ofrecer apoyo y consejo en base a sus experiencias. También leer alguna cosa sobre el shock cultural puede ayudarlas a ubicarse en el estado de ánimo correcto para afrontar lo que les espera. Entre mis libros preferidos están (en inglés) The psychology of culture shock de Colleen A. Ward, Stephen Bochner y Adrian Furnham, también es muy útil The art of crossing cultures de Craig Storti y el fascinante Lost in translation, a life in a new language, de Eva Hoffman (este último no se concentra sobre el shock cultural, pero es un maravilloso relato de una mujer polaca que se transfiere a Canadá a los 13 años – trata de manera profunda todos los problemas relacionados al encuentro y adaptación a una cultura profundamente diferente de la propia).

En el nuevo país, si les es posible, busquen el apoyo de una persona local. Uno de los componentes más activos del shock cultural es no lograr entender, y por lo tanto aceptar, los códigos de la nueva cultura y los comportamientos que de ellos se derivan. Es típico en esta fase sentir comentarios como “en nuestro país estas cosas no se hacen” o “de verdad yo no entiendo que pasa por la cabeza de esta gente”.

La incomprensión del tejido cultural que nos rodea aumenta nuestro sentido de aislamiento, tal vez ya exacerbado por el hecho que al inicio no se conoce a nadie y no se tiene ningún punto de referencia afectivo en el cual apoyarse. Una persona del lugar puede ayudarnos a decodificar actitudes y hechos concretos, explicándonos de manera simple cuales son los significados tácitos que están detrás de ciertos comportamientos. En general esforzarse por ser rápidamente un ser social alivia el proceso del shock cultural: traten en todos los modos posibles de romper el aislamiento, haciendo amistades entre los vecinos, tratando de conocer gente a través de la escuela de sus hijos, frecuentando las asociaciones de recibimiento locales.

En esta fase es muy importante ser reactivas y participativas. Tomar la iniciativa puede ser muy fatigoso en un contexto desconocido, y que incluso sentimos hostil, pero es el único modo para evitar sucumbir al sentimiento de fracaso que es el terreno fértil del shock cultural. Como un ciclo que se auto alimenta, nos sentimos impotentes porque no logramos afirmarnos y tomar posesión de nuestra nueva realidad, y como consecuencia experimentamos una fuerte reducción de nuestra auto estima, esto a su vez influye sobre nuestra capacidad de tomar las riendas de nuestra vida y vivirla en primera persona. Romper con este círculo trae beneficios inmediatos. Aprender la lengua del lugar y descubrir como se mueve la comunidad local, cuales son los lugares de reunión, los momentos de encuentro más significativos, e intentar integrarse a estos puede tener un inmediato beneficio. Pero sobre todo recuerden que sentirse fuera de lugar y desorientadas al inicio es absolutamente normal y humano. No se olviden que requiere tiempo sentirse cómodas en un contexto completamente nuevo; que antes o después pasa; y que por esto hemos pasado todas – Expatclic esta justamente aquí para darles una mano también en estas fases, por lo tanto no duden en compartir sus sentimientos en nuestra página Facebook o en escribirnos para contarnos como está yendo todo.

 

Claudiaexpat
Jerusalén
Marzo 2013

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