Home > Vida en el extranjero > Voluntariado > Voluntaria en Colombia

La hermana de nuestra querida amiga Line se encuentra en Colombia como voluntaria de una linda organización. En este testimonio conmovedor comparte sus sentimientos. ¡Mil gracias Frédérike! 

 

Cuando viajas hay lugares que te gustan enseguida porque te sorprenden y te maravillan, otros no te gustan tanto, o a primera vista no te causan ningún impresión particular, otros te dejan casi indiferente, o se parecen a otros muchos que ya viste. Está claro que la razón por la cual visitas un lugar va a influenciar bastante tu manera de verlo, y he de reconocer que entre los lugares que más me han gustado, muchos los descubrí a través de la mirada de otra gente que aceptó compartir conmigo la razón de su cariño por ese lugar, y con quien intercambié mucho más que palabras. Viví momentos que hacen que estos sitios me sigan provocando emociones comparables a las que uno siente al enamorarse. Y creo que en mi caso son las experiencias compartidas las que han hecho que me enamore de un lugar y de su gente. Hace casi dos semanas que llegué a Ibagué, en Colombia, y hace aun más tiempo que voy viajando y me cuesta responder a la pregunta “¿Dónde vives?” ya que hace meses, casi años que no tengo casa – lo que sí tuve casi siempre fue un lugar donde dormir, e incluso a veces logré sentirme como en casa gracias a personas importantísimas que me ayudaron, a veces incluso sin saberlo siquiera, cuando más lo necesitaba. Pero lo que me está pasando aquí es muy raro. En efecto, a pesar de que para mí todo sea nuevo, no me cuesta afirmar que aquí estoy y que aquí vivo, y eso se debe, creo, a algo muy sencillo: la gente me acoge y me integra como si yo realmente fuera de aquí. No voy a decir que por la calle no oí, ni sigo oyendo, que me llaman gringa, pero eso pasa muy de vez en cuando y queda totalmente olvidado ante la magnitud de la experiencia que estoy viviendo al lado de la gente de la Fundación Ángeles De Amor.

Angeles2La Fundación Ángeles De Amor nació hace varios años de la voluntad de una madre, Martha, que quería lo mejor para su hijo, y que, según lo que pude observar, lo consiguió. Esta madre, fuerte, valiente y generosa, no sólo actuó por y para su hijo, sino que también por las numerosas familias que se encontraban en la misma situación que ella, es decir con un familiar que tiene discapacidad cognitiva, física, y/o múltiple y con pocos recursos económicos. Después de varios años actuando al lado de las familias brindándoles apoyo en la integración social, en el mejoramiento de su calidad de vida y en el respeto y cumplimiento de los derechos constitucionales y legales, Martha sigue teniendo la misma energía y la voluntad de extender su campo de acción a otros grupos de la sociedad que quedan marginalizados o bien aislados. Ella entendió muy rápido que lo material no es lo más importante en la vida y que con pocos recursos económicos y mucha voluntad se puede hacer grandes cosas y cumplir sueños y lleva años dedicándose a eso. Si me preguntaran cuál es el trabajo de Martha, contestaría que es socióloga y ofrecedora de ángeles y de sonrisas, sonrisas que iluminan tanto su cara como la de los niños y las familias que acompaña.

A Martha y a mí nos gusta decir que nos conocimos en Marruecos, y de cierta manera así fue. Estaba trabajando de voluntaria en Marruecos cuando conocí a Manuel, un amigo en común que me mostró la película “Quiero un ángel para Navidad”, que realizó en Ibagué con Martha y sus niños. A Manuel le había hablado sobre mis ganas de alejarme por un tiempo de Europa, de la locura en la cual estaba cayendo al vivir allí. Ver la película y oír el relato de Manuel sobre esta gran familia me dio ganas de saber más y de colaborar con ellos. Tras haber charlado por skype y haber intercambiado correos , fue creciendo mi voluntad de llegar a Ibagué para conocerlos.

Un viernes por la tarde fue el mejor día para llegar porque los fines de semana aquí son intensos. Así fue que el sábado asistí al encuentro semanal de los miembros de la asociación. Lo que me sorprendió fue la manera sencilla y natural que tuvo la gente de acogerme, sin más, como si siempre hubiera estado allí. Creo que en menos de 10 minutos me olvidé de la timidez y del malestar que en otros momentos y entre otra gente tiende a paralizarme durante los primeros días. Aquí, en el polideportivo de Macana, todo fue diferente. Éste es un micro mundo donde la igualdad, el apoyo mutuo y el buen humor reinan. La benevolencia de cada uno es algo que impacta. Adultos y niños, con discapacidad o sin, todos acudimos a pasar un buen momento, a tener actividad física, a charlar, a reír y a sonreír. Cuando me pongo a observar la situación desde un punto de vista exterior, veo como una burbuja, llena de oxígeno, o a veces de óxido nitroso… para ser bien claro.

AngelesSi me hubieran dicho hace tiempo que recibiría una clase de natación por parte de Angie, en una piscina de Ibagué en Colombia, no voy a decir que no me lo habría creído, pero habría tenido mucha curiosidad y ganas de descubrir cómo es que eso iba a ocurrir. Pues así pasó: como ya lo mencioné, conocí a la gran familia de la fundación y me sentí parte de ella tan rápido que me involucré en las diferentes actividades de forma natural. Me tocó formar un dúo con Angie en la piscina. …Después que ella expresara sus miedos al agua y yo los míos, que eran bien mayores a los suyos, Angie no tuvo más remedio que ser fuerte para cuidarme. Y lo fue, mucho más de lo que ella misma pensaba, muchísimo más. También fue una maestra dura y firme, pero eficaz. A fuerza de “¡Mueve los pies!”, “No tengas miedo, aquí estoy y no te va a pasar nada!”, “¡Mueve los pies!”, “Y cierra la boca que vas a tragar agua de piscina”, “¡Y no dejes de mover los pies!”, me hizo olvidar mi respeto al agua, lo que quedaba de timidez, de complejos y de otras tonterías, que no tienen lugar en el polideportivo de Maracaná. Angie también se olvidó de sus miedos y puede enorgullecerse de haberme ayudado a nadar.

Describir con precisión lo que hago me resulta complicado. Aquí cada uno hace lo que le parece bien, lo que sabe hacer, ya sea participar en sesiones de hidroterapia, rumba terapia, acompañar a un grupo a un evento, montar un jardín para ancianos, intercambiar recetas con las familias o contribuir a la escritura de la página web de la fundación. Hago lo que sé hacer, y aprendo a hacer lo que no sé… Creo que aprendo tanto como enseño y comparto (para no decir más). Colaboro, intercambio, conozco personas que siempre quedarán en mi corazón y que espero volver a ver en esta vida y bueno, ofrezco sonrisas.

La página FB de la fundación: https://www.facebook.com/fundacion.angelesdeamor
El blog de la fundación: http://fangelesdeamoribague.blogspot.it/

Frédérike
Ibagué, Colombia
Marzo 2015