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Mociexpat vivió en Panamá hace un tiempo, y este año se fue de visita en su antigua país de acogida. En este artículo nos cuenta como se ha sentido volviendo a Panamá.

 

Hace unas semanas volví a Panamá después de exactamente 8 años (bueno, exactamente 8 años y 7 días). Viví ahí por dos años exactos (esta vez sí exactos, llegué y me fui el mismo día), entre el 2008 y el 2010.

Fue mi primer destino como esposa expatriada. Un destino especial porque fue en Panamá que conocí a mi esposo, dos años antes de mudarme ahí; fue donde en verdad empecé mi vida de casada (cuando nos casamos, me quedé en Lima unos meses más hasta que le renovaran el contrato de trabajo a mi esposo), y fue donde oficialmente empecé mi vida expat que tanto disfruto (si quieren saber un poco más de mis inicios lean aquí).

La experiencia en Panamá fue super positiva. Yo la disfruté. El clima me gustaba. Tenía la playa cerca. Hice buenas amigas. Fui feliz.

Ver cómo han cambiado las cosas, imaginarme cómo sería vivir ahí nuevamente, ahora con dos hijas.

Creo que fue una entrada suave al mundo expat: pude continuar trabajando, había un grupo de amigos de mi esposo que me recibió y acogió mientras me daba el tiempo de hacer mi propia red; estaba cerca de Lima lo que me permitía viajar y recibir visitas con frecuencia.

Me fui con una sensación buena. Fue un buen par de años.

Panamá tiene además una particularidad: siempre es un destino posible para nosotros porque ahí está una de las oficinas regionales del trabajo de mi marido.

Así que, aunque nuestro viaje era para visitar a mi esposo que está ahí hace dos meses, también tenía un objetivo de “observación”. Ver cómo han cambiado las cosas, imaginarme cómo sería vivir ahí nuevamente, ahora con dos hijas.

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¿Qué sentí al volver? Primero una gran emoción mientras íbamos del aeropuerto a la ciudad. El panorama panameño es muy lindo. Ver los edificios altísimos mientras vas en la vía rápida que te lleva a la ciudad por encima del mar es realmente lindo, y si, encima, tienes la puesta del sol en ese momento el espectáculo es aún mejor.

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Además, ir con mis hijas en el carro, solo los cuatro, se sintió como (creo) se sentiría llegar a un nuevo destino, no sé, con la ilusión de un nuevo comienzo. Me gustó la sensación, me dieron ganas de empezar de nuevo, esta vez con mis hijas.

Por otro lado, una vez instalada, las sensaciones fueron distintas.

Para este viaje nos alojamos fuera de la ciudad, en una de las antiguas bases americanas, en Clayton. Es una zona linda, llena de naturaleza (en serio, se ven cocodrilos y osos perezosos con cierta frecuencia), con casas grandes, muy cerca de la oficina de mi esposo y de muchos colegios.

panamáCuando viví ahí, nuestra casa, que en verdad era un departamento, estaba en la ciudad y, de hecho, eso de estar en las afueras siempre me pareció medio aburrido. Es más, las casas de Clayton nunca me gustaron mucho.

Estar lejos de la ciudad, lejos de “mi Panamá” me generaba cierta ansiedad, esa Panamá, la de Clayton no era MI Panamá y sentía cierta urgencia por ir por mi antigua zona, pasear por mis calles, ver la parte que yo conocía, un poco recorrer mis pasos.

Mi esposo me preguntaba qué me parecían los cambios de Clayton y claro, a pesar de que los notaba (al punto que ahora vivir ahí no me parecería una mala idea), no es que resonaran conmigo, porque esa no era mi zona, no eran cambios que me emocionaran o me dieran nostalgia, es más, yo no me sentía muy ubicada ahí.

También sentí unas ganas locas de ver a mis amigas de esa época. En realidad, de las más cercanas solo queda una y la verdad es que no “queda” sino que acaba de volver después de años de estar en Lima (donde ahora vivo yo) sin que nos hayamos casi visto.

Mi esposo no entendía por qué esa urgencia de ver tanto a esta amiga si, viviendo en la misma ciudad, no nos habíamos visto casi nunca… Para mí era obvio, Vanessa era parte de mi vida en Panamá y verla ahí tiene más sentido que en Lima donde, siendo ambas limeñas, tenemos círculos distintos y vidas diferentes.

Verla a ella era un poco revivir mi vida ahí. Era como estar en casa (así como lo era comer un “Ladopsomo” en el restaurante Athens, un plato en particular que me ha siempre quedado grabado en la mente -¡y en la panza!). Era como volver al pasado por un ratito.

…estar en una zona distinta de la ciudad también fue una forma de verla con otros ojos. De poder imaginar una vida distinta a pesar de repetir el lugar.

Me quedaron muchos sitios de Mi Panamá por ver, me quedé con las ganas de caminar un poco, de pasar por la calle donde estaban las oficinas en las que trabajé, de pasar con calma por mi calle, por algunas avenidas importantes. Ver como había cambiado para bien mi antigua zona. Ir al Casco Viejo y recorrer la nueva Cinta Costera.

Pero una idea me la di un par de mañanas que manejé por la ciudad (¡qué sensación de tranquilidad me dio el poder manejar por la ciudad, como antes!). Y el ver a mis amigas dos veces (y comerme el ladopsomo) me dejó con paz en el alma.

Por otro lado, estar en una zona distinta de la ciudad también fue una forma de verla con otros ojos. De poder imaginar una vida distinta a pesar de repetir el lugar.

Nunca he sido (y sigo sin ser) muy fan de volver a ciudades en las que ya has vivido. Por varias razones:
Una, porque hay menos emoción, menos descubrimiento que es una de las cosas que me gusta más de esta vida nómade.
Dos, porque si la experiencia previa fue buena, entonces queda la sensación de que hay que, al menos, igualar o, mejor aún, superar la experiencia anterior.
Tres, porque hay muchos lugares por conocer en el mundo como para andar repitiendo destinos.
Cuatro, porque la experiencia vivida en cada expatrio es única e irrepetible y lo es porque se compone de muchos factores de los cuales la ciudad es sólo uno de ellos y, creo yo, ni siquiera el más importante.

…me hizo recordar la emoción que se siente cuando se reinicia y la ilusión que me genera un nuevo comienzo de a cuatro.

La experiencia en un destino depende de las circunstancias particulares que te tocaron, del momento específico de tu vida en el que te tocó ir, de la gente con la que te encontraste, entre otros y quiera uno o no, repetir lugar te lleva a comparar o a tener ciertas expectativas a raíz de la estancia anterior.

Dicho todo esto, estar en otro punto de la ciudad e imaginarnos viviendo ahí, en un sitio tan distinto a la ciudad misma, a MI antigua Panamá, me dio la sensación que un segundo capítulo ahí sí que podría tener un poco de la emoción de lo nuevo, y que sí habría mucho que descubrir, sobre todo porque mis circunstancias personales son tan distintas que miraría todo con ojos nuevos, ahora con ojos de mamá (y ya sabemos que esos ojos miran distinto).

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En general fue una muy buena visita que no solo me hizo recordar la emoción que se siente cuando se reinicia y la ilusión que me genera un nuevo comienzo de a cuatro (que aunque no tiene que ser ahora mismos, se dará indefectiblemente en un futuro no muy lejano) sino que también me hizo valorar lo que tengo (y perdería) ahora que estoy en Lima, cerca de mi familia (la compañía cuando mi esposo viaja, el cariño ilimitado e incondicional de los míos, la libertad de dejar a mis hijas con mi mamá para poder salir sin preocupaciones, entre otras tantas cosas).

Así que, por ahora a aprovechar lo que tenemos. Ya veremos que nos depara el destino…

Moraima Ferradas Reyes (Mociexpat)
Lima, Perú
Septiembre 2018
Fotos ©Mociexpat

 

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