Home > Testimonios > Maria, un corazón que hablas muchas lenguas

Traducción del italiano por Rupexpat

Para esta puesta al día especial sobre Expatrios Extraordinarios, quiero honrar la memoria de una mujer excepcional, que encontré en Perú mientras vivía allí y que lamentablemente nos dejó el pasado agosto. Maria me había sido presentada por amigos comunes, y nos habíamos gustado inmediatamente. El poco tiempo que compartimos juntas estuvo lleno de afecto y respeto. Como leerán en el artículo María se sintió profundamente comprometida con el destino de los Ashaninka, por los cuales y con los cuales luchó hasta el fin de su vida. Les ruego que me ayuden a recordar a esta increíble mujer tomándose  un tiempo para descubrir lo que está sucediendo con este grupo en Perú.
Descansa en paz, María.

Claudiaexpat
Maio 2013

También las invito a leer un conmovedor saludo a Maria de Wilfredo Ardito Vega.

 

Entre todas las bellas cosas que estos últimos meses en Perú me están regalando, está seguramente el encuentro con María, una mujer excepcional que me contó su increíble experiencia de vida y de expatrio. Estoy orgullosa de ofrecerles este espléndido testimonio como mi personal regalo de Navidad…

María es una mujer fuera de lo común, no solo por su historia que, como verán, es muy singular, sino también porque ya pasados los ochenta años tiene una mente fresca y abierta, curiosa y lucida. Fueron su lucidez y su presencia de espíritu lo primero que me sorprendió en ella. Cuando, después de nuestro primer encuentro, la llamé para preguntarle si podía entrevistarla, se acordó enseguida de mí ( y yo, que tengo un poco más de la mitad de sus años, me olvido de todo y de todos!!!!) y con extrema gentileza me concedió su tiempo para contarme su interesantísima historia.

María nace en Parma en enero de 1927. Hija de un oficial del ejército, ya desde pequeña se muda de ciudad en ciudad, hasta que la guerra la catapulta a una pesadilla: el padre negándose a combatir para Mussolini y Hitler es enviado a un campo de concentración en Polonia, y pierden también los rastros de su hermano, joven oficial. En la casa de campo, cerca de Parma, María y el resto de la familia están ya convencidos que no volverán a ver a sus familiares queridos. María cuenta largamente como el padre escapó de la muerte en muchas ocasiones y como hizo para volver a su casa reducido a piel y huesos pero vivo. Un epílogo feliz porque su hermano también vuelve, y la vida retoma lentamente su curso normal.

María se inscribe en la facultad de Lenguas y Literatura Extranjera en la Bocconi, y cuando llega el momento de escribir la tesis, en inglés, decide ir a Cambridge para buscar material. Allí se hace amiga de una muchacha austríaca, y es justamente cuando va a visitarla algún tiempo después, en Innsbruck, que conoce a su futuro marido, un joven alemán. “Imagínate como podía reaccionar mi padre, después de todo lo que había pasado durante la guerra, frente a la idea que su hija se case con un alemán!“, me dice Maria, riendo. “Por un período nos frecuentamos a escondidas. Yo trabajaba en Milán en una empresa de import- export y él vivía en Mónaco. Un día mi madre se decidió a afrontar el tema con mi padre, que consintió nuestro matrimonio”.

ashaninkaMaría se muda a Berlín con el marido, que tiene un puesto como asistente universitario. Es el fin de los años cincuenta, y su soledad es semejante a aquella que prueban todavía hoy tantas mujeres valientes que acompañan a sus maridos por el mundo. María estudió inglés y francés, pero el alemán le era ajeno. No lograr hacerse entender por las personas que la circundan la hace sentir poco considerada, aislada. Durante diversos meses oscila entre el deseo de volver a Italia y el deseo de quedarse con su marido. Después llegan los hijos, una nena primero, seguida por un varoncito. María se dedica a ellos a tiempo pleno, y cuando llegan a la edad escolar, decide activarse para volver a trabajar. Como tiene una licenciatura en lenguas extranjeras y ya ha enseñado inglés en un liceo de Parma, decide intentar la vía de la enseñanza. “Cuando pregunté si podía usar mi título para enseñar en Alemania me respondieron que mi pedazo de papel ahí no tenía ningún valor, a menos que quisiera usarlo para prender el fuego. Tanta rudeza me había herido, humillado y llenado de rabia. Comenzó un período de frustración, hasta que un día fui con mis hijos a París, a encontrar a mi única amiga alemana que vivía allí. También ella vivía mal el hecho de ser una mujer siguiendo a su marido y de no encontrar trabajo. Juntas logramos pensar algunas ideas. Su marido, muy colaborativo, me hizo comprender que el único camino para mí era continuar mis estudios. Me sugirió la Facultad de Antropología Social, y a mí la idea me gustó! La antropología es la ciencia que estudia las minorías desfavorecidas, y en ese momento yo me sentía exactamente parte de una minoría desfavorecida!”.

Es 1968 cuando María se inscribe en la universidad de Berlín. El marido, dirigente de una empresa, se opone, está asustado. Teme que María, mujer de un personaje que en aquel momento encarna los males contra los cuales estudiantes y obreros combaten, sea hostilizada, ridiculizada, o tal vez algo peor. Pero ella no renuncia. Vuelve a estudiar, y se apasiona con el tema. Tampoco tiene problemas con los otros estudiantes, por el contrario. María es vital y curiosa, estudia a Marx con diligencia, organiza encuentros de estudio y de reflexión en su casa con otros estudiantes, logrando al fin vencer el escepticismo del marido e involucrándolo. Entre los cursos que María frecuenta hay uno sobre el Perú. Tal es el interés por este curso que logra obtener una beca para ir al lugar a estudiar algún tema de su elección. María está muy interesada en la educación bilingüe. Va entonces a Perú, a Huanta, cerca de Ayacucho. Es 1973 y los años del terrorismo no han aún comenzado, aunque Abimael Guzmán, el fundador de Sendero Luminoso, está ya activo en la universidad de Ayacucho preparando los años de lucha que se transformarán en años de sangre, violencia y miseria para los peruanos más aislados. En ese momento, cuando María llega a Perú, se está en plena reforma agraria. Ella se hospeda en casa de un propietario de tierras, tío de la futura mujer de Abimael Guzmán, que intenta convencer a María de ir a Ayacucho a conocer al líder carismático. Por una serie de circunstancias Maria deja Perú sin haberlo conocido, y hoy se alegra.

ashaninka2Cuando María vuelve a Berlín su matrimonio se resquebraja. Sigue un período muy duro, María está deprimida, no logra recomponerse. Necesita algo que la ayude a superar este período y le dé un nuevo sentido a su vida. Cuando la GTZ (cooperación alemana) le ofrece retornar al Perú para poner en marcha un proyecto de enseñanza bilingüe, María acepta sin dudarlo, aunque esto implique perder la nacionalidad italiana para obtener la alemana. En aquel momento no era posible conservar las dos nacionalidades, y la GTZ podía emplear solo personal alemán. “Hasta ese momento había resistido con mi pasaporte italiano. Y te hablo de la época en que en Berlín estaba el muro, entrar y salir no era muy simple sin un pasaporte alemán. El pasaporte italiano me hacía sentir mancomunada a la masa de emigrados que venían en aquel momento del sur de Italia y trabajaban en condiciones verdaderamente duras, para mí era importante conservarlo. Pero era tanta mi necesidad de partir en aquel momento que acepté tomar la nacionalidad alemana. Recuerdo todavía, cuando me llamaron de Lima, una vez que ya estaba en Perú. El encargado de los pasaportes de la embajada alemana sacudía mi nuevo pasaporte alemán, y me pedía que le mostrase el italiano. Se lo di con una cierta reticencia, y así fue, apenas lo tuvo entre sus manos me dio el alemán y retuvo mi querido pasaporte italiano”.

A partir de aquel momento María tiene nacionalidad alemana, pero el corazón permanece italiano y también la calidez con la cual los peruanos la reciben es aquella típica reservada a nuestros connacionales. El trabajo de María prevé la búsqueda de escuelas en las cuales comenzar el proyecto de enseñanza, en quechua o aymara y español. A nadie le gusta la idea de partir a la búsqueda de escuelas en los lugares más perdidos, pero Maria acepta de buen grado, y de este modo conoce los rincones más recónditos y fascinantes de Perú. Se queda en Puno cuatro años, lo que dura el proyecto, y al terminar éste se da cuenta que no tiene ganas de volver a Europa. Perú entró en su sangre y se siente profundamente comprometida con los problemas de su pueblo. Acepta entonces un trabajo, siempre sobre la enseñanza bilingüe, pero esta vez en la selva, con los Ashaninka (etnia de la Amazonia, de quienes nos ha hablado extensamente Patrice, geólogo francés, en esta entrevista – en italiano).

Su base era una pequeña comunidad a lo largo del rio Tambo, que con el Apurimac, en el cual se origina, y el Ene, en el cual se transforma, constituye uno de los principales cursos de agua de la Amazonia peruana. En aquella comunidad y en aquella cabañita de cañas de bambú, construida exactamente como aquellas en las que viven los Ashanika, María vivirá diez años, dedicándose activamente al proyecto de instrucción bilingüe y conociendo a fondo los Ashanika. “Mi tarea era implementar la enseñanza bilingüe en todo y para todo”, cuenta María. “Desde el contacto con la escuela, a convencer a los padres a mandar a los hijos, hasta la búsqueda de maestros aptos y a la producción de material escolástico simple. No es fácil producir material para una lengua ágrafa. Buscaba simples escenas para representar en dibujos, pero no era tan simple. Yo dibujaba un papagayo con la cola larga, y me protestaban por el hecho que el papagayo que conocen los niños Ashanika tiene la cola corta…hacía falta encontrar los elementos familiares de su vida. Fue un proyecto absolutamente interesante, como interesante y cautivante fue vivir todos estos años con los Ashanika. Ellos me contaban sus historias, me alertaban de los peligros que iba a encontrar en los bosques… tienen una cultura riquísima de mitos y monstruos, algunos de lo más divertidos, y vivir en estrecho contacto con ellos me permitió conocerla a fondo.  Desarrollé una verdadera y propia pasión por la selva, ir a Lima me costaba, cuando me tocaba ir por motivos de trabajo no veía la hora de volver a mi rio Tambo. Todo esto fue así hasta que llego Sendero”.

ashaninka3Sendero Luminoso, el movimiento terrorista que durante los años 90 sembró muerte y terror en el Perú, elegía los lugares más aislados para cumplir sus misiones. En las montañas más escondidas de la selva asesinaba, saqueaba, violentaba, secuestraba, y se iba, dejando a sus espaldas familias enteras y comunidades aterrorizadas y desesperadas. El día que Sendero llega a la comunidad donde vivía María, con ella no había casi nadie. Muchos miembros de la comunidad habían descendido a lo largo del rio para realizar algunas tareas, dejándola sola con el maestro, su mujer y otro par de personas. María está acostada en la cama reposando cuando de improviso ve el caño de un fusil entrando entre las hojas de bambú de su cabaña. Sale y se encuentra frente a siete fusiles que la están apuntando. Sendero la lleva al cuarto donde funcionaba el dispensario médico y la somete a proceso. María, sostenida por una fuerte carga de adrenalina, les explica lo que hace en y para la comunidad.

El único momento en el cual tuve verdaderamente miedo” cuenta, “fue cuando el capitán de Sendero les preguntó a dos Ashanikas presentes si los trataba bien o mal. Se los preguntó en español, lengua que ellos conocían muy poco, por lo tanto no estaba para nada segura si habían comprendido bien la pregunta. Por un instante fui presa del terror. Los Ashanika me miraron a los ojos y dijeron “bien”. Exhalé un suspiro de alivio que hasta hoy recuerdo! Cuando terminó el interrogatorio me sacaron parte del cartón de cigarrillos que tenía conmigo y se fueron.

En la comunidad no saben cómo comportarse. Sendero dejó señales a su paso, ensució de rojo las cabañas e izó banderas. Sacarlas significaría atraer su ira en el caso que volviesen, dejarlas podría en cambio crear sospechas en la patrulla de Sinchi (cuerpo especial de la policía instituido por Fujimori para combatir el terrorismo, también ellos responsables de la muerte y el horror en las zonas más remotas) instalada un poco más abajo sobre el río. María y algunos miembros de la comunidad deciden retirarse a Lima por un período, al menos hasta cuando las cosas sean más claras. Una decisión que le salva la vida. Tres días después de su partida, efectivamente, llega a su comunidad una segunda columna de Sendero Luminoso, esta vez con intenciones de todo tipo menos amigables, buscan a la gringa” para matarla.

María se queda entonces en Lima, desde donde sigue angustiada, como puede, lo que va sucediendo en la selva en aquel período tan doloroso y difícil. Los relatos que llegan de los sobrevivientes son espeluznantes: las ejecuciones sumarias de Sendero son de las más crueles y cruentas, muchos jóvenes son secuestrados para combatir, la sevicia y las torturas a las cuales se somete a quien se les opone son demasiado violentas hasta para ser contadas. Los Ashanika resisten como pueden, hasta el día que deciden resistir con las armas. María recuerda la visita de Emilio, jefe de todos los Ashanika de la zona, que, no se sabe cómo, consiguió llegar a Lima. Tal vez en búsqueda de una especie de bendición por parte de María, Emilio va a encontrarla para informarle que la comunidad de los Ashanika decidió armarse y echar a Sendero Luminoso. Y lo logran. Es la única comunidad que logra resistirse y echar a Sendero de su propio territorio. Parte de esta lucha está documentada en el magistral relato de Fray Mariano Gagnon,  Los guerreros en el paraíso, disponible en francés, inglés y español. Un libro que les ruego de todo corazón que lean.

María desarrolló con los Ashaninka una empatía extraordinaria. Continúa la lucha de ellos, testimoniando su resistencia, su valor y la riqueza de su cultura como puede, desde Lima. Los acompaña a la mesa de la reconciliación, años después, cuando el terrorismo ya fue vencido y se intenta encontrar una vía para salir del horror de aquella época. A la pregunta: “qué significa para ustedes reconciliación?” los representantes de los Ashanika sentados en esa mesa responden: “poder nuevamente mirarse a los ojos”. Se necesitaran años para que esto suceda. Mientras tanto los Ashanika combaten contra otros enemigos. María me cuenta que actualmente en el pongo de Paquitza Pango (el “pongo” es un punto en el cual el río se abre camino entre dos montañas) se está construyendo una inmensa represa para la producción de energía eléctrica, represa que inundará al menos cinco comunidades de Ashanika que viven en paz y armonía con la naturaleza. Siempre en la misma zona fue encontrado petróleo, que despertó enseguida intereses sin escrúpulos, se están por abrir cinco pozos para extracción. Y como si todo eso no bastase, las empresas madereras llegan siempre más profundamente para cortar los preciosos árboles y enriquecer así un lucrativo business, que no tiene nada que ver con la filosofía y los hábitos de vida de los Ashanika, que desde siempre viven en total respeto por la naturaleza , y en armonía con ella.

Todas estas noticias llenan a María de angustia. Al final de la entrevista me pide efectivamente de hablar lo máximo posible de los Ashanika y de la lenta destrucción que les espera ante la indiferencia más absoluta. Me regala un libro de cuentos Ashanika, ilustrado por aquel que fue su chofer durante su estadía en la selva. Con María decidimos usar estos dibujos para ilustrar su entrevista. Para regalar a esta maravillosa comunidad un poquito de espacio más en la web, y, dentro de nuestras posibilidades, llamar la atención sobre las dificilísimas condiciones en las cuales viven, constantemente amenazados, estos seres libres como pájaros, que lejos del progreso y de la modernidad custodian uno de los pocos tesoros que todavía nos quedan: una naturaleza y una cultura incontaminadas.

Claudiaexpat
Lima, Perú
Diciembre 2008