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Mariangela Balsamà, mamá de James – vive y escribe en su casa de Lancashire. ¡Gracias Mariangela!

Lo llamo destete emotivo, y con el destete emotivo también la idea de hacer pasar los primeros años de vida de mi hijo James con sus abuelos (maternos, aún jóvenes y retirados), felices de ayudarme con la “gestión” de la semana y de mi trabajo. Vivíamos en Inglaterra, frente al mar, lugar de vida serena, no lejos de Londres, a donde me había mudado en cuerpo y alma en 1997. Desde entonces he vivido y experimentado “Inglés” aunque soy muy italiana en Londres y muy inglesa en Milán. Con la llegada de James, mi marido y yo pensamos que quizás vivir un poco más cerca a mis padres les haría bien a James y a su crecimiento emotivo. Así, junto al bebé llegó la mudanza. ¿Y qué mudanza? Milano no es Sussex, pero Sussex no tenía a los abuelos. La elección también ha estado dictada de alguna manera por los costos de los nidos, pero principalmente por la idea mía y de mi marido de no querer inscribir a James en ninguna guardería hasta los dos años y medio/tres años y un poco por mi trabajo freelance (un día eres rica un día eres pobre), un trabajo poco seguro que requiere dedicación y también tiempo.

Chiamarsi nonniPor algunos meses, todavía con la panza de talla desproporcionada, ponía en blanco y negro una larga lista de pros y contras de venir a Italia. Mis queridos amigos italianos me decían que estaba loca de volver a Italia, que no había nada, mientras que mis queridos amigos ingleses me decían “wow que lindo, vayan a hacer la “dolce vita””. Entre las dos opiniones estaba la nuestra y nuestro objetivo de hacer que nuestro hijo viviera lo más posible en familia. Y así ha sido.

James tenía tres semanas cuando mi marido y yo empaquetamos y nos lo llevamos de la vida de mar. Normalmente todos quieren vivir cerca al mar, si pueden. Nosotros vivíamos frente al mar, desde hacía varios años, desde el tiempo que conocí a mi marido, nos hicimos novios, luego convivientes, luego esposos, el tiempo de concebir, los nueves meses de panza en crecimiento y luego nos fuimos para dar a luz.

¿Pero y después? ¿Un niño te cambia la vida? Si, emocionalmente, logísticamente pero también, como dicen tanto los periódicos, ¡económicamente! Las emociones van y crecen junto al niño, el dinero y va y viene y lo que quieres más sobre todo es estabilidad interna. Dejamos la verde Inglaterra para acercarnos a los abuelos, ellos que de manera absoluta me han ayudado a criar a James y lo hacen todavía sin hacer muchas preguntas (lo llaman ‘unconditional love’).

Ahora James tiene diecisiete meses (al momento de escribir este artículo) y pasa tres días a la semana con los abuelos. Lunes, martes y miércoles nos trepamos en el metro milanés, ida y vuelta, en veinte minutos James desaparece de nuestra casa y aparece en la casa de mis papás: juega infinitamente con el abuelo, descubre el mundo, mira un poco de dibujos animados, fastidia a la abuela y luego come sus deliciosos platos pero, sobre todo, respira amor. Respira el amor que es el ingrediente básico para crecer. Recibe amor y restituye caprichos y sonrisas. Esto basta para hacernos saber que hemos tomado la decisión correcta.

Chiamarsi nonni2Pero sabemos también que dentro de poco James necesitará de amigos y de estímulos diversos y, por lo tanto, buscaremos un nuevo camino. Quizás retomaremos la ruta que hemos interrumpido y regresaremos a la verde Inglaterra donde los niños tienen más espacio, todos los productos para la infancia cuestan menos y donde las mamás, todas, de todos los colores, niveles y estilos de vida, se encuentra en un club público, un children centre y una tienda chic.

Pensamos regresar a Inglaterra porque quizás hay cosas que nos gustan más, allá (perdonen que lo diga) el mundo de los niños está un poco más avanzado. Pero el amor de los abuelos no se puede encontrar en los estantes de los supermercados y ningún Tesco del mundo te lo ofrece en promoción…

Por ahora estamos aquí… tantos sacrificios pero estamos convencidos…como estamos convencidos de que no se vive sólo de abuelos….pero que al inicio hacen la diferencia.

 

(Notas sobre el artículo original publicado sobre MammaFit).

Hemos ya regresado a Inglaterra desde hace un año. Y estamos contentos sobre cómo lo estamos manejando. No ha sido fácil, pero lo hemos logrado. James felizmente habla las dos lenguas y es, seguramente, más bilingüe que su madre. Juega mucho con su mamá, con el daddy en la tarde y los fines de semana y luego pasa tiempo en el nido con sus compañeros de descubrimientos. Le encanta el nido y sus profesores. Tomamos las decisiones correctas cuando debimos tomarlas. Y tratamos de buscar el equilibro entre vida y trabajo, un equilibrio que vaya de acuerdo con un niño de 30 meses.

Yo definitivamente debo trabajar más para pagar el costo del nido y al mismo tiempo asegurarme que pueda ver suficiente a sus abuelos maternos (ahora distantes) y, sobretodo, asegurarme junto a mi esposo, que sea un niño feliz. “Mamma I am happy”, me dice James todos los días. El resto vendrá solo…. “Lucky boy”, añado yo.

 

 

Mariangela
Lancashire, Reino Unido
Abril 2012

 

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