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Loreto es chilena y vive en Jerusalén. En este artículo lleno de colores nos cuenta como ha empezado su vida de expatriada, y comparte las más grandes lecciones que ha aprendido en su camino en tantos países diferentes. ¡Gracias Loreto!

 

Creo podría decir que nací una expatriada. Siendo un bebe mi padre fue trasladado a Estados Unidos. Luego en plena adolescencia, nuevamente traslado, ahora a Argentina. Nada de fácil debido a mi edad, donde tus amigos pasan a ser lo mas importante en tu vida. Me tomó un tiempo darme cuenta que tenia que poner de mi parte y hacerme de amigos. Anos después, conocí a mi marido y ahí es donde comenzó mi real aventura por el mundo.

Siete anos después y teniendo una relación a través de la valija diplomática, nos casamos por poder en Chile. Fue el momento donde conocí a su familia, ya que no había tenido la oportunidad. Mis padres organizaron una fiesta para celebrar el matrimonio legal con familia y amigos y él hacía lo mismo con sus amigos, miles de kilómetros a la distancia. 48 horas me tomó llegar a Islamabad, donde estaba destinado.

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Loreto (en el medio) en el día de su matrimonio

No nos habíamos visto hacia un año y medio, así que estaba bastante nerviosa, al igual que toda mi familia. Días después de mi llegada, tuvimos nuestra ceremonia religiosa, lejos de mi familia y en un país totalmente nuevo para mi. Afortunadamente, la mujer del Embajador de Argentina, me apoyó y guió, como si fuera su propia hija. Era la primera vez que un diplomático se casaba en la Nunciatura Apostólica, así que fue “él” evento del año, inauguramos la capilla.

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Photo by Izzah on Unsplash

La vida en Pakistán era totalmente desconocida para mi. Comida picante, sabores diferentes (me tomó 6 meses más o menos distinguir lo que comía, ya que en un comienzo era igual que tragar fuego), explosión de colores y un clima al que no estaba para nada acostumbrada. La piscina para refugiarse del calor, con 30 grados centígrados la cerraban porque ya era considerado frío. Las señoras usaban sus abrigos de pieles con 25 grados. ¿Estaban todos locos? Tal vez, pero era diferente y me dio la oportunidad para empezar a conocer otras culturas.

Esa ha sido mi inspiración durante mi vida, tomando lo mejor de donde estaba y tratar de crecer con cada experiencia. Buenas y malas, ya que no siempre ha sido fácil y fascinante. Podría decir que muchas veces me refugié en la cocina. Momentos de felicidad, tristeza o desespero los pasé probando nuevas recetas. Sentía paz y tenia un lugar donde podía meditar los problemas que venían con cada cambio. No siempre la solución estaba ahí, pero al menos, al final del día, casi siempre teníamos una cena decente. Sentándonos todas las noches a la mesa y compartiendo nuestra comida nos unía como familia. No siempre hablábamos nuestros problemas, pero al menos estábamos juntos.

Criar mis 3 hijos en 8 países diferentes ha sido un gran reto. Sé que para ellos no fue fácil, comenzar una y otra vez, aprendiendo los diferentes códigos de cada lugar, pero nos ha enseñado a todos a tener una mente abierta y a ser respetuosos de otras culturas.  Tal vez no siempre estemos de acuerdo, pero es ahí donde está la belleza, el ser diferente.  Hablamos español en casa y nos trasladamos con nuestros muebles y sus juguetes para que al menos ellos sintieran algún tipo de continuidad, sin importar donde estuviéramos. Otro país, otra casa, pero dentro estaba nuestro hogar. Siempre estuvimos abiertos a recibir familia y amigos y disfrutábamos plenamente esos momentos. Era una manera de no sentirnos solos y de poder compartir nuestra vida y nuevas experiencias.

coloresPodría decir que soy un poco británica, con respecto a mi puntualidad. Adoro como los brasileños no saben el significado de la palabra stress, siempre contentos y relajados, todavía no logro ser así, pero al menos lo intento. Dinamarca y Noruega me enseñaron a no dar por sentado un día soleado y tibio. También aprendí a apreciar el silencio de una nevazón y la belleza de la naturaleza que te deja sin aliento. Estados Unidos, aunque no volví a la misma ciudad de mi infancia, me hizo sentir en casa, la gente es muy acogedora.   México fue una explosión de colores, olores, sabores. Es impresionante lo orgullosos que son los mejicanos de su cultura.

Es imposible vivir sin aprender y sin apreciar las oportunidades que he tenido al vivir en tantos países diferentes.

Jerusalén ha sido el primer destino como la esposa de un Embajador y ha sido una fantástica experiencia. He tenido la oportunidad de conocer a mucha gente y de hacer grandes amigas, de esas que estarán contigo durante toda tu vida. También me ha dado la oportunidad de ayudar a distintas organizaciones de caridad, dedicada a los niños. Aquí he aprendido que no importan las circunstancias, siempre puedes dar más de ti y pelear por un mundo más justo y mejor.

Siempre he tratado de tener mi corazón abierto para ayudar, dar algún consejo o solo estar ahí escuchando a alguien que lo necesite. A pesar de la vida intensa y diferente que uno lleva, hay momentos de soledad y es justo en esos momentos en que uno necesita a alguien para abrirse y conversar. Tal como lo hizo conmigo la mujer del Embajador argentino, alguien que te acoja y sepas que no estas solo.

Agradezco siempre y guardo profundamente los grandes momentos que he tenido, las diferentes culturas y vivencias durante mi vida. Eso es lo que me ha hecho ser la mujer que soy hoy.

Loreto
Jerusalén
Febrero 2018

 

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