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poder de la música

Claudiaexpat nos presenta la traducción de un artículo que publicó en What Expats Can Do, en el que reflexiona sobre el poder de la música.

“Art is about opening up to possibility. Possibility leads to hope. We all need hope”. (El arte se trata de abrirse a las posibilidades. La posibilidad conduce a la esperanza. Todos necesitamos esperanza).

“There’s no East or West. It’s just a globe”. (No hay este ni oeste. Es solo un globo).

“We don’t speak perfect English or perfect Chinese or perfect Persian. We speak perfect music language”. (No hablamos perfecto inglés o perfecto chino o perfecto persa. Hablamos el idioma de la música perfectamente).

“Everybody is afraid, but when you make a connection with another human being, you can turn fear into joy”. (Todo el mundo tiene miedo, pero cuando te conectas con otro ser humano, el miedo puede convertirse en alegría).

Pensé en What Expats Can Do y me di cuenta de que acercarnos a la música en nuestros países anfitriones, promocionar a sus artistas y fomentar los encuentros musicales, podría ser, para nosotros los expatriados, una cosa que sumar a la lista de acciones positivas que podemos realizar para aumentar la empatía y la esperanza.

También volví a pensar en mi experiencia en el extranjero y me di cuenta que la música ha desempeñado un papel mucho más importante de lo que había pensado.

En Guinea Bissau, mi esposo trabajó en un proyecto para crear conciencia sobre el SIDA. En esto contó con la ayuda de decenas de talentosos artistas que produjeron una gran cantidad de canciones para difundir mensajes de prevención.

En el Congo conocí a los fabulosos Tambours de Brazza, verdaderos embajadores de la música y las tradiciones congoleñas en el mundo.

En Honduras y Perú aprendí a bailar al ritmo de la música latina. El denominador común que veo en todas estas experiencias son las personas y una mayor fluidez en la comunicación con ellas gracias a la música.

Solo cuando llegué a Palestina comprendí el poder de la música en toda su fuerza. Al principio tenía mis dudas. Cuando la gente me dijo que la música puede unir a palestinos e israelíes, les respondí que el problema no es que las dos partes sean incapaces de comunicarse: es un problema político, nacido de decisiones tomadas desde arriba, y que recae sobre la gente de este país, como la hoja de una guillotina.

Sin embargo, después de vivir en Jerusalén durante casi cinco años, me di cuenta de que los efectos de la política inhumana son más trascendentes de lo que parecen y que la desconfianza, el odio y la sospecha alimentados por la acción política han contaminado el país y las relaciones entre los dos pueblos.

En ese momento comencé a ver la música como un medio poderoso para restaurarlas en un terreno neutral, y la música es realmente neutral. Quizás sea por esta misma razón que la música y las iniciativas musicales abundan tanto en Israel como en Palestina. Y que hay tanta gente buena que sigue creyendo en la enseñanza de la música a sus niños y jóvenes, a pesar de que la ocupación obstaculiza constantemente el desarrollo de cualquier tipo de espacio creativo en Palestina.

Me refiero a la mundialmente famosa fundación Barenboim-Said, fundada por dos grandes hombres, el pianista y director argentino Daniel Barenboim y el intelectual y escritor palestino Edward Said. O el proyecto Alkamanjati, creado por Ramzi Aburedwan del campo de refugiados Amari en Ramallah, Cisjordania, que ha hecho todo lo posible para hacer que la música sea más accesible para los niños palestinos, especialmente aquellos que viven en campos de refugiados. O el Teatro El-Hakawati, el Conservatorio Edward Said, la Iglesia de Sainte Anne en la Ciudad Vieja de Jerusalén y todas las demás instituciones que se esfuerzan por mantener viva la música en Palestina.

Todas estas instituciones e iniciativas deben ser apoyadas y alentadas, y no solo en Palestina. Dondequiera que se encuentren en el mundo, los invitamos a pensar en cómo la música puede ayudar a aumentar la empatía en las comunidades y las personas, y qué y cuánto está haciendo en su país anfitrión a este respecto. ¡Haznos saber!

 

 

Claudia Landini (Claudiaexpat)
Setiembre 2016
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